14 al 20 de noviembre de 2016

El lunes me despierto y diez minutos después estoy yendo a la biblioteca del departamento para recolectar material para mi Seminar. Allí me encuentro con Gerry y compartimos nuestro secreto: ambos somos grandes lectores pero ninguno de nosotros suele pisar una biblioteca ya que tenemos esa rara enfermedad que nos impide leer algo que no poseamos. Moriremos pobres pero con una colección de libros envidiable —él más que yo—. Fotografío algunos artículos que necesito y me voy al Studio porque he quedado con Yui. Ella me da las fotos de la última sesión de Michael Twyman y yo le doy mi opinión sobre su tipo —alfabeto latino, no japonés—. Acto seguido vamos a la clase de Michael que hoy trata de diferentes aproximaciones al tratamiento del tiempo en infografías. No está relacionado con el diseño de tipos pero es igualmente interesante. Cuando termina me voy a la biblioteca central del campus y allí encuentro todo lo que necesito. La biblioteca está repleta de gente, pero la silenciosa atmósfera es maravillosa. No suelo frecuentar estos sitios porque prefiero trabajar en casa pero tal vez me venga más de una tarde a sentir el peso del conocimiento en derredor. Me voy a casa con casi cuatrocientas páginas fotografiadas que tengo que ordenar, ¿imprimir? y estudiar. Me pone nervioso no tener estos recursos en mi estantería y tener que tirar de fotocopias. Sé que, al menos, Gerry me comprende. Paso el resto de la tarde leyendo y escribiendo. Hoy he decidido dejar la tipo reposando.

En la web de la biblioteca he encontrado tres libros que pueden ser interesantes, así que el martes me levanto temprano y me voy para allá. Me gusta que la biblioteca esté veinticuatro horas al día abierta. Me gusta que las luces de los pasillos repletos de estanterías se enciendan a tu paso. Me gusta. Eso sí, los tres libros sobre alfabetos africanos a los que les había echado el ojo no contienen la información que andaba buscando, así que aprovecho y trabajo un par de horas en una mesita con vistas a la plaza central del campus. De allí a la clase de Mosley que esta semana versa sobre cancellaresca corsiva, previo aviso de que a partir de ahora nada de fotos en clase. Joana me pega un codazo porque yo me dispongo a hacer una foto de la pantalla justo tras acabar de advertirnos. No había entendido del todo el aviso. ¡Glups! Después de comer toca Seminar de Franziska sobre los punzonistas con la correspondiente abrumadoramente maravillosa clase posterior de Gerry sobre el tema. Vemos punzones originales, vemos en vivo el proceso de fabricar un tipo y acabamos en una monotipia con la firme promesa de que la usaremos más pronto que tarde. Al salir de clase me voy a por Elena, que está de visita en Reading. Nos ponemos al día, reímos, bebemos y se suman para la cena Alessia y Vaibhav. Para las copas de después, también Veronika y José.

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Elena y yo con cara de susto en The Abbot Cook.

El miércoles tenemos sesión con Typetogether. La primera ronda es un typecrit del que salgo con una crisis existencial sobre mi proyecto. Estoy mezclando churras con merinas o, lo que es lo mismo, Africa con Italia. Corro a contárselo a Gerry que me quita el agobio a base de bofetones de lógica. De repente, me siento calmado pero estúpido. Gerry es como un narcótico. José y Veronika también nos dan una clase de diseño de tipos para libros y otra para periódicos. Aplaudo mentalmente con las orejas. Todo lo que cuentan es oro. Sin tiempo para procesarlo, cogemos el tren a Londres. Llegamos con el tiempo justo para ver a Nadine Chahine en el Beatrice Warde Memorial de St. Bride. Una fascinante conferencia sobre tipos árabes. Salimos y todo el mundo se queda a echar una cerveza en Londres pero yo decido volverme a Reading porque con la tontería las horas se pasan volando en esta ciudad. Andrea se viene conmigo y no pasamos todo el trayecto hablando —en español— del Máster y nuestras vidas. Cuando llego a Reading me acuerdo de que Joana ha encadenado su bici a la mía, así que me tengo que ir a patita a casa. Por lo menos tengo una maravillosa compañera para el camino. Me despido de Andrea a medianoche y aprovecho un par de horas de insomnio para trabajar.

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Veronika y José dándome ‘feedback’.

El jueves empezamos la mañana con una clase sobre stencil letters a cargo de Eric Kindel de la que no esperaba nada —ni en el buen ni en el mal sentido— y de la que salgo boquiabierto. El resto del día tenemos otra sesión de Arabic con Fiona y Bornā, con un Seminar por medio a cargo de un candidato a Doctor que nos habla de mapas de museos en dos y tres dimensiones. En cuanto al árabe, aprendemos a detectar el esqueleto del script y a moldearlo. Entre otras cosas. Porque el workshop es intensito. Pero tremendamente útil. Cuando acabamos me echo la noche a la espalda y me cruzo Reading para ir a buscar mi bici. Por el camino entro a un Boots en el que no compro nada y a un Sainsbury’s en el que compro de todo. Vuelvo con la bici cargada de bolsas con cosas para la casa pero con una mano libre para ir comiendo patatas fritas picantes. Tantos veranos recorriéndome Ejea haciendo malabares sobre la bici con herramientas de carpintero por fin tienen su recompensa. Pedalear y comer. Maravilloso. Vuelvo a trabajar hasta las dos.

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Bornā explicando anatomía de la escritura árabe bajo las atentas miradas de Yui y Joana.

Hoy es día libre y decido no ir a las clases de inglés. Tengo demasiadas cosas que hacer como para perder el tiempo por culpa de mi complejo. El resultado es diecisiete horas de trabajo. Sí, diecisiete. Porque las cuento. Sólo paro para comer a mediodía y devolver a media tarde unos libros a la biblioteca que encima no son míos. Escaneas y depositas. Rápido. Pero volvamos a lo de las diecisiete horas. Creo que es un récord personal. Sólo he escrito e investigado. No estoy cansado pero se me está empezando a ir la olla con la emoción y con el «total, no tengo otra cosa que hacer». Pero los ojos me pesan. A las dos vuelvo a caer rendido.

Soy uno de esos pesados e intransigentes antidrogas —no me vengáis ahora con lo del tabaco— y por eso no me gusta levantarme con dolor de cabeza y tener que tomarme una Aspirina. Me gusta mantenerme limpio y eso incluye fármacos, pero esta semana ya van unas cuantas pastillas matutinas por mi headache. Decido tomarme el día libre y trabajar solo un poco. Un poco más mamá, por favor. También hago un Skype con Andrés y mis padres. Ráfagas de Whatsapp Audio con Carletes. Escucho y re-escucho el nuevo disco de Metallica. Nota para el Pedro del futuro: ayer salió Hardwired… to Self-Destruct y está sorprendentemente bien. Una pena no haber ganado esas entradas para la presentación en la House of Vans. Limpio y ordeno mi habitación un poco más a fondo de lo que lo hice la semana pasada. Me doy cuenta de que me agarro a una bolsa ardiendo. Me explico: me da cosica incluso tirar las bolsas que han venido con Cris. Sí, bolsas. Blancas. Del chino de debajo de casa. Pero de Cris. Es curioso. Me hago el fuerte y tiro una porque ya tengo muchas. Hago un Facebook Messenger más largo de lo habitual con ella. O varios. Comienza a llover y es de noche. Está claro lo que toca hacer ahora. Escucho jazz y escribo poesía.

El domingo lo único que hago es trabajar con un Skype con los Golokas de por medio. Eso sí, de hora y media. Pero el resto del tiempo lo paso sin levantar el culo de la silla así que decido que algo debería hacer con mi vida antes de volverme idiota. Echo de menos leer. Leer por diversión. Leer algo que no sea sobre letras. Es la primera vez en mi vida que paso más un día —y de una semana— sin leer antes de irme a dormir. Así que tengo una nueva norma: a las once de la noche este que aquí escribe dejará de trabajar cada día. A partir de ahí leer, ver una película o tocarme la nariz. Hoy es la primera vez que lo aplico. Buenas noches.

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31 de octubre al 13 de noviembre de 2016

Me despierto el lunes con un mensaje de LL y JD —mis amigos del countryside— que pasan por Reading antes de irse a construir una central nuclear. Como la tarea no es fácil, almorzamos en The Yolk un English Breakfast como buenos españoles. Nos ponemos al día y nos prometemos intercambiar visitas. Acto seguido me voy a la sesión de hoy con Michael Twyman que versa sobre Jan Tchichold. Al principio me cuesta entender de quién está hablando porque se pronuncia algo así como «chicoll» y tengo que preguntar. Cuando me entero disfruto como un enano con toda la historia de este gigante. Terminamos y Joana se marcha con Igor porque hoy ya se vuelve para Portugal. Las visitas de nuestras parejas nunca van a dejar de parecernos escasas. ¿Una anécdota de Igor? Venga. Me contó que en Portugal el idioma porno oficial es el español porque hubo un tiempo en que un canal televisivo de mala muerte emitía porno argentino y claro, todos bromean con expresiones como «si a ti te gusta, a mí me encanta». Me encanta. El caso es que hoy ha salido el sol y al salir de clase nos quedamos como sorprendidos. Dan ganas de tumbarse en la hierba. En cambio, me voy a Correos para enviarle un libro a Víctor. Aquí Correos no es Correos. Es una post office que también vende artículos de papelería, tabaco y pescado congelado. Por suerte hay post-it a un precio razonable. Compro. Vuelvo a casa y me paso toda la tarde trabajando hasta que deja de ser lunes.

El martes es el primer Seminar. A cada uno de nosotros se nos ha asignado un tema que deberemos investigar, redactar y presentar. Esta semana y para abrir el melón tenemos a Geetika con Lettering and writing que hace un interesante repaso a la historia de la escritura. La sesión termina con Gerry profundizando más todavía en el tema. La visión y el conocimiento que tiene este hombre de las cosas me fascina. Relaciona la pirámide demográfica con el mercado tipográfico, por ejemplo. Yo le miro embobado. Luego tocaría sesión con James Mosley. Tocaría pero esta semana es una semana especial en la UoR y —se supone— no hay clases, así que tenemos dos horas libres que aprovechamos para refinar nuestros bocetos. En la sesión vespertina los vemos. El momento crítico llega cuando Gerry me pregunta algo sobre mi boceto, no le entiendo, me pongo nervioso y a partir de ahí por más que me explica las cosas de tres maneras distintas yo me empeño en no entenderle. Acaba la sesión y me voy a casa. Por el camino me echo a llorar en plan español tontico. No lo puedo evitar y es ya la segunda vez que me pasa. Hablo y escucho en inglés casi con total normalidad, pero hoy me he bloqueado y he sentido una mezcla de estupidez y desazón que no es lógica. Tras hablar con Cris por Whatsapp y Natalia por Slack, me convencen de que soy muy duro conmigo mismo y que esa no es una buena actitud. Me voy al gimnasio a quemar calorías y luego, para recuperarlas, voy al supermercado y me compro patatas fritas picantes y cookies de chocolate. Mi combinación favorita. Puede que la comida no sea la respuesta pero, al menos, hace que olvide las preguntas. Paso el resto del día cocinando una hermosa tortilla de patata para la comida de mañana y trabajando en mi tipografía a fuego lento.

El miércoles me levanto habiendo dormido seis horas. Estoy empezando a recuperar mi ritmo habitual de trabajo. Hoy tenemos diferentes sesiones —con Gerry y Fiona— de cómo mirar objetos, tomar notas, acceder a la base de datos del Departamento, escribir de manera académica o enfocar el proyecto de nuestra dissertation. Empiezo a entender el sistema británico y, en concreto, qué hace a este Máster grande entre los grandes. Aquí dispones del tiempo, los recursos y las personas adecuadas para exprimirte a ti mismo. Como nos dijo Gerry el primer día, no le interesamos las personas que somos ahora sino las que seremos dentro de un año tras pasar por sus manos. O como ha dicho hoy, tenemos la oportunidad de investigar y escribir sobre algo que no ha escrito nadie jamás y que hará avanzar en mayor o menos medida nuestra disciplina. Aquí tienen claro que —a pesar de ser un Máster de altísimo contenido práctico— el buen diseño nace de un buen conocimiento del medio, una precisa disección de necesidades y una apropiada investigación. El caso es que cada vez empiezo a tener menos tiempo para nada porque es como hacer dos másters en uno y eso se traduce en que tengo que pedalear más deprisa de camino a casa engullido por la más oscura y fría de las noches desde que estoy aquí. Pedaleo como si estuviera furioso. Pero es emoción. Y ganas de comerme el mundo. El resto de la tarde lo paso diseñando, investigando y escribiendo —a una velocidad que ya casi la podría equiparar a la española—. Para cenar no tengo tiempo para mucha historia así que chorizo español con pan indio. ¿Por qué no? Vuelvo a quedarme trabajando hasta que nos dieron las dos y con letras desnudas me encontró la luna.

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Gerry al frente de una sesión conjunta con los MA Book Design y MA Information Design.

El jueves es mi segundo aniversario de boda. Con Cris, claro. Lo celebraremos el fin de semana en Londres. Cada vez que nos acordamos del viajazo que nos pegamos nos dan ganas de coger el siguiente avión rumbo a América. Hay días que al norte. Hay días que al sur. Hoy, al norte. Con motivo del aniversario me han preparado un taller de itálicas con Victor Gaultney. Un detalle. Es motivador profundizar en la construcción de las itálicas con tanta intensidad como en las redondas y además de la mano de Victor que nos acompaña como si de una visita guiada se tratara —de hecho está haciendo el doctorado en este tema—. Parte del taller es también tutoría sobre nuestros proyectos. Durante mi turno intercambiamos impresiones y saco en claro algunas apreciaciones sobre las primeras itálicas que me van a ser de mucha utilidad. Otras cosas que aprendo hoy es que el horario de los musulmanes para rezar lo dicta la posición del sol y la sombra que proyectamos —me lo cuenta Murad antes de irse a rezar— y un sinfín de datos sobre Japón —que me cuenta Yui— con respecto a su sistema de escritura pero también sobre sus costumbres. Lo más curioso es la manera en qué cuentan los años con base a los reinados. Durante el taller recibo un e-mail diciéndome que mi niño se ha adelantado y que no espera a nadie. Voy a la Apple Store y recojo mi nuevo MacBook. Paso el resto del día configurándolo para dejarlo listo para la batalla. Es tan rápido que me quedo igualmente trabajando hasta las dos, pero trabajando como con prisa.

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Workshop de itálicas por Victor Gaultney.

El viernes continua el workshop con Victor. Si ayer fue más práctico, hoy toca teoría y análisis. Es, sin duda, una de las mejores clases a las que he asistido en toda mi vida. Lo que cuenta y cómo lo cuenta es brillante. Entre las sesiones de la mañana y de la tarde, tenemos clase con Fiona que nos enseña material original de su etapa en Linotype que darían para una exposición —de hecho dio para eso y un libro— que sirven como recorrido para entender parte de la historia de la impresión y del diseño moderno de tipos multi-escritura. Es un lujo tener al alcance de la mano estos objetos y a esta mujer. Mi compañero Murad también lo piensa, pero como tiene que rezar cinco veces al día, y como ya viene siendo costumbre, a mitad de clase se va. Terminada la sesión vespertina de itálicas voy a la biblioteca del departamento y buceo un rato entre tesoros. Antes de irme a casa, Yui me enseña libros y revistas japonesas que me ha traído. No salgo de mi asombro con el diseño de algunas de ellas. Ya en casa, trabajo duro hasta las dos de la noche porque el fin de semana voy a pasármelo tocándome el higo.

Empieza el fin de semana y me voy a Londres. Nada más aterrizar vuelvo a quedarme ojiplático con el estilazo que tiene la gente. En Reading el más moderno soy yo, así que imaginen. Uno de Ejea, chica. Me encuentro con Elena y me lleva a la Small Publishers Fair a ver libritos. Lo gozamos durante un buen rato y a la salida una italiana me dice que si soy italiano, que tengo cara de italiano, que podría ser primo suyo, que más concretamente del sur de Italia, sí, sí, pero seguro vamos. No es la primera vez que me pasa. Será por la nariz. Nos vamos a comer a un Byron y los camareros se piensan que somos franceses. Pues igual no es por la nariz. Lo raro es que uno de los camareros es asturiano y el otro gallego. El caso es que ayer no cené porque estaba muy a tope currando y hoy no he desayunado porque nunca desayuno así que, claro, sin darme cuenta me he zampado una hamburguesa, seis alitas de pollo picantes, mis patatas, las de Elena, una cerveza y un batido de estos que hacen con helado y tal. Al levantarme de la silla no puedo casi ni incorporarme. Vamos a Foyles y nos tiramos allí nuestro par de horas. Elena sí que sabe dónde llevarme. La sección que más me gusta es la de Humor que está repleta de libros con Trump en la portada con cara de «quien ríe el último, ríe mejor». Como siempre que nos vemos, Elena viene con agenda así que nos vamos a la Algerian Coffee Stores a por café en grano para la señorita. Al menos el sitio es bonito y el dependiente, guapo. De allí vamos a Marble Arch a coger el autobús para Stansted, Elena me cuenta la historia de «aquello es como lanzar una salchicha por Oxford Street» y nos despedimos. En Stansted espero a Cris a la que llevo dos meses sin ver porque entre un trabajo y otro no ha podido salir de España en todo este tiempo. Como queremos pasarlo teta, hemos decidido quedarnos en Londres esta vez. Cogemos autobús y metro hasta llegar al barrio de Walworth, hacemos check-in y nos vamos a cenar porque es tarde. Lo único que queda abierto por aquí es un Nando’s así que no nos queda otra que comer pollo y maíz allí. Sorprendentemente, está bueno.

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Cenando en el Nando’s.

El domingo nos vamos al centro y nos pasamos el día recorriendo tiendas con estilo. Una de ellas —más curiosa que estilosa— es el Japan Centre por recomendación de Yui para comprar revistas, libros y galletitas. Por la tarde vamos al tradicional encendido de luces de Oxford Street, este año a cargo de Craig David, que resulta ser una castaña. A esta gente le falta el sentido del espectáculo de los yankis. Cenamos en Inamo Soho, un restaurante Asian fusion algo caro para lo que sirven pero con mesas interactivas para elegir lo que vas a comer y jugar al Pong con tu pareja mientras esperas. Mola. Como los postres parecen flojos pongo Foursquare a funcionar y me dice que cruzando la calle tenemos L’eto Caffe, famoso por sus tartas. Compramos Carrot Cake y otra verde de espinaca y mascarpone. Para morirse. De ricas, digo.

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Eligiendo bebidas en el Inamo.

El lunes es, a efectos prácticos, nuestro segundo y último día juntos. En nuestro afán por ir descubriendo Londres, nos vamos al barrio de Brixton. Nos encanta para quedarnos a vivir aquí. Volveremos un sábado porque pinta divino. Cuando nos hemos empapado de Brixton cogemos el bus para ir al centro. Viajar en bus puede ser un poco más lento pero bastante más nutritivo. Bajamos en Chinatown y nos vamos paseando al British Museum. Por el camino nos encontramos con Forbidden Planet, una tienda en la que podría dejar un lunes a Edu e ir a buscarlo un viernes. Como no es ni nuestra primera ni nuestra segunda vez en el British nos vemos las colecciones que más nos interesan y nos pasamos un buen rato en la librería. Me compro un librito con la historia de la piedra Rosetta. Comemos. No, comemos no que ya es tarde. ¿Merendamos? ¿Cenamos? En fin, lo que sea. Acabamos en un Shake Shack Burger porque en Nueva York me quedé con las ganas y de postre brownie en un garito del Soho. Volvemos a casa en bus, que le hemos cogido gusto.

Es martes, recogemos, check-out, nos despedimos en Paddington con toda la pena del mundo y me marcho a Reading. Me pierdo el Seminar de Paul sobre la evolución de inscriptional lettering a early printing y llego justo para la clase de Mosley sobre los primeros tipos de imprenta romanos. Por los pasillos me encuentro a Gerry que me apunta con un dedo acusador por haberme perdido el principio de la mañana. Pido perdón y le digo que no estaba planeado. Me mira en plan me la pela. Por la tarde tenemos sesión de feedback y le muestro lo que acabé el viernes. Parece que le gusta lo que ve y me hace correcciones interesantes. Me dice que no haga más letras. Voy muy por delante del horario previsto. Asienta lo que tienes, tú que puedes. Así que en casa trabajo un poquico más pero mato la noche viendo el episodio especial de Halloween de Scream.

El miércoles sigue la película de terror pues me levanto con Donald Trump como nuevo Presidente de Estados Unidos. Como el día no puede ir a peor, me voy al Studio. Hoy toca charla de un sociolingüista que se ha traído Gerry para que nuestra mente empiece a ver la tipografía desde diferentes puntos de vista. El señor en cuestión es Tony Capstick que nos cuenta su trabajo en torno a la escritura de los inmigrantes, entre otras cosas. La charla y el posterior debate es alucinante. Me voy al gimnaso y paso el resto de la tarde y de la noche currando con llamadas intermitentes de Cris para contarme su primer día de su segundo año como profesora de la Universidad de Zaragoza.

El jueves comienza el taller de tallado en piedra con Wayne Hart. Pasamos el día dándole que te pego. Es reconfortante trabajar con el cuerpo y sentirte humano. Me lo apunto como posible pasatiempos anti-estrés. Por la tarde terminamos exhaustos pero felices y nos vamos a la Senior Common Room a por una hamburguesa y una cerveza. Nota para mi dietista: cuando no indico lo que como es que tiro de opción vegetariana; que releyendo parece que me pego el día de hamburguesa en hamburguesa y tiro porque me toca.

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Tallando piedra. Enfrente: Natalia.

El viernes estamos todos en el Studio tallando piedra antes incluso de que llegue Wayne. Acabo mi obra magna a media tarde —aunque para obra magna lo de Yui y la perfección japonesa— y aprovecho para irme al gimnasio. Trabajo sólo hasta las once de la noche porque un dolor de cabeza agudo viene a visitarme. Me voy a dormir. Hoy podría haberme ido al cine con algunos de mis compañeros a ver Doctor Strange pero tengo miedo de no enterarme de la película si no viene con subtítulos. Me reservo la sorpresa para la semana que viene y las Fantastic Beasts.

El sábado toca trabajar. Y gimnasio.

Y el domingo copia y pega del sábado pero cambiando gimnasio por burritos.