23 al 29 de enero de 2017

El lunes me levanto temprano, a las ocho ya estoy trabajando y a las once y media con Michael viendo monogramas. Paso la tarde trabajando en la Biblioteca. Necesito cambiar de ambiente porque trabajo de lunes a domingo sin salir de una habitación en la que también duermo, leo, escribo, medito, descanso, bebo cerveza y veo series. Mi vida no se puede reducir a esas cuatro paredes y en esta Biblioteca se está estupendamente. Acabo el día en el gimnasio.

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Sesión de Michael Twyman.

El martes es mi cumpleaños. Treinta y tres. Me levanto, medito, veo las primeras felicitaciones de Cris —los filtros de Snapchat son perfectos para hacer el tonto en estas ocasiones—, bajo a por mi té, Joana me felicita con verdadero cariño y me voy al Studio. Hoy toca Seminar de Andrea sobre modern typography con la posterior clase de Gerry y la entrada de una tarta red velvet sorpresa con sus velas y su happy birthday cantado. No soy muy de celebrar cumpleaños, pero estar lejos de casa, de Cris, de Bunbury, de la tarta de chocolate con galletas que obligo a mi madre a hacer cada año y de mis amigos, hacen que estas cosas se agradezcan de un modo especial. Reparto abrazos a diestro y siniestro. Antes de irnos a clase de Mosley invito a Gerry a que se venga con nosotros a tomar una cerveza después de clase. Acepta encantado —aunque finalmente no pueda venir—. A mediodía, sin tiempo para comer, tengo reunión con Fiona, que en el uno a uno entiendo mucho mejor. Es a la única persona a la que todavía tengo dificultades para entender. Cris me hacía notar el otro día que ya no escribo en el blog sobre el idioma, y es porque ya entiendo a todo el mundo en un 95 % y yo ya puedo ser más o menos yo hablando. De hecho, lo noto en mi relación con Gerry, por ejemplo. Esto quiere decir que tengo que bromear con él cada vez que tengo ocasión. Hablando de Gerry, después de mi reunión con Fiona, tenemos sesión de feedback. Es siempre interesante ver los avances con él. Cómo es la relación entre caracteres, pesos, estilos, scripts… Sí, ya he afinado el espaciado. De acuerdo, seguiré por ahí. Luego, algunos nos vamos al The Three Tuns pero no todos porque hay gente que tiene que trabajar o reuniones o whatever. Y luego, ya sí, nos vamos casi todos a cenar a un coreano llamado Gooi Nara. Es mi primera experiencia coreana y no puedo salir más satisfecho. De ahí a casa, a hablar por fin con Cris. Me canta el cumpleaños feliz más dulce de mi vida. Luego contesto todas las felicitaciones que me han llegado por uno y otro lado, lo que me lleva un buen rato antes de caer rendido en la cama. Sonriendo. Gracias a todos. 🙂

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Con mi tarta.

El miércoles recibo como regalo una de las ilustraciones que tantísimo amo de Joana, lo que se convierte en mi segundo regalo de cumpleaños después del libro que me Kaja me dio ayer —Solaris de Stanisław Lem—. Buen comienzo de día que continuamos trabajando. A mitad de mañana me voy al Departamento. Hoy tenemos sesión matutina con Gerry y vespertina con Jeanne-Louise Moys sobre diferentes aspectos de eso que ellos llaman research methods. El resto del día —saltándome la regla de dejar de trabajar hasta las once— lo paso frente al ordenador.

El jueves tenemos workshop de cirílico con Victor Gaultney. Me encanta este tipo. A mediodía nos vamos al Foodie Thursday y hoy pruebo un pollo nosecómo con patatas nosecuántas maravilloso. Corriendo vamos al Seminar que hoy tiene como invitado a Stuart Bailey del que admiro su trabajo pero cuya charla es de las más aburridas que hemos tenido hasta la fecha. Por la tarde tenemos feedback con Victor que me da algunos buenos consejos sobre mi proyecto. Con la tarea hecha, me voy a casa, descargo, cargo, cojo bici y me voy a la estación. En Kings Cross me encuentro con Elena. Nos vamos a echar unas pintas al Lincoln Lounge para hacer hora. Ella pierde un guante. Yo se lo encuentro. La Dixon se ha dejado el bolso. Ahora vuelve. Cenamos en el Big Chill House una hamburguesa bonsai. Nos vamos a casa y Catherine no tarda en irse a la cama, pero Elena y yo nos quedamos hablando como si nos dieran cuerda. Y me da mi regalo de cumpleaños: un libro de los sesenta sobre tipografía. La amo. Vuelvo al sofá donde dormí con dignidad por primera vez en este país.

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Mi tríada de regalos.

El motivo de mi visita a Londres es iniciar mi investigación. Por la mañana temprano, zumo de naranja mediante, vamos a la British Library. De camino, Elena me lleva a una librería rojeras llamada Housmans que está cerrada porque es temprano pero que no se me escapará la próxima vez. El caso es que llegamos a la British, vamos directos a registrarme, tienen mi pre-registro pero no les vale ni mi contrato de alquiler ni mi alta en la Seguridad Social como proof of address. Que mira que les gusta a esta gente una proof of address, madre mía. Lo que sí que les vale es un PDF de un movimiento bancario que les enseño en mi móvil. No entiendo la lógica de este procedimiento pero consigo mi carnet. Dejamos todo en las taquillas y nos subimos a la sala de África y Asia donde hace un par de días solicité unos libros. El edificio por dentro es imponente y las salas de lectura, solemnes. Cogemos sitio y me voy a por mis libros. Me encanta este sistema. Llego incluso a hablar con la Curator de África que me dice que le plante un correo para que hablemos. Por allí aparee Santi, el amigo de Elena. Cuando acabo me bajo a la tienda y salgo con otro libro. Elena y yo nos vamos a comer a Honest Burgers y le prometo que no pondré la foto que le hago y que pondré la que ella me hace. Que ella siempre sale con cara de panoli y que eso no puede ser. Pues venga, salgo yo con cara de panoli. Ella se vuelve a la British y yo me voy al SOAS. Me registro, pido unos libros, pierdo dos libras en una fotocopiadora que no sé usar, fotografío con mi móvil ciento y pico páginas, bajo al archivo a decirles que se acuerden de mi nombre y me voy. Como llevo libros en la mochila de otras bibliotecas, salta la alarma. Les digo que ya sé que soy estúpido por entrar con libros a una biblioteca. Coinciden y me dejan ir. Menos de dos horas después ya estoy en Foxhill. Estoy, sí, pero muerto. Física y anímicamente. No sé si me gusta el tema que he escogido para mi dissertation. Me ducho hasta que se me arrugan los dedos. Hablo con Joana un buen rato. Me voy al co-op y me compro chorizo, pan de semillas, patatas fritas picantes y yogurt de fruta de la pasión. Me pongo a los Kings ganando a los Cavaliers, me como todo como un cerdo y me bebo dos cervezas. Duermo como un angelito.

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Yo con cara de panoli.

El sábado me levanto temprano a trabajar porque con Glyphs la vida sí tiene sentido. A mitad de mañana viene Gerry a colgarnos el espejo del baño. Su hijo pequeño es un terremoto. Aprovecho para pedirle —a Gerry— otra estantería para mi cuarto porque ya he llenado la que tengo. Le digo que estoy enfermo pero que no me quiero curar. Me dice que encantado. Estoy tan a gusto trabajando que me vale con comer fruta. Al final del día me voy al gimnasio y pedimos comida en Deliveroo para que nos la sirvan a las diez y cuarto. A las diez y media nos cancelan el pedido. Me voy al Domino’s Pizza como plan de emergencia a que nos vendan cositas. Leo hasta que mis párpados se desploman.

El domingo me levanto más temprano todavía. Las itálicas no se van a hacer solas. Vuelvo a hacer aquello de solo comer fruta sin dejar de currar y, claro, a mitad de tarde me tengo que hacer una tortilla de patatas. Antes de irme a dormir, me ceno otro partido de baloncesto.

P.D.: Oye, Elena, es que sales muy majica en esta foto. Siento romper mi promesa. 🙂

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Elena con cara de panoli.

16 al 22 de enero de 2017

El lunes me levanto, medito con nueva rutina, trabajo y me voy a clase de Twyman bajo el chirimiri tan persistente aquí —y que ellos llaman mizzle—. Hoy toca movable books de principios del XIX para quitar el hipo. De allí me voy a la Biblioteca a mirar unos libros que tengo que mirar y de allí al gimnasio a correr unos kilómetros que tengo que correr. El resto del día es para pasarlo en Glyphs con un appear.in —el descubrimiento del año, ¡gracias, Lole!— con Elena de por medio. A las once me obligo a dejar de trabajar tal y como prometí.

El martes toca Seminar de Kaja sobre el Roman du roi y clase de Mosley sobre Bodoni y Didot. Sin tiempo para comer porque tengo que preparar unas cosas, llega la sesión de feedback con Gerry. Cuando termina me voy a la Reading Room a buscar algo sobre árabe pero me encuentro con Bornā que es todavía mejor. Me voy a casa y a trabajar. Por la noche llega la compra. Sí, ella sola. Y cenamos una receta vegetariana que ha hecho Franziska medio sopa medio guiso.

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Porque hasta el frío puede ser hermoso en este Campus.

El miércoles tenemos workshop de griego con Gerry. Los anteriores alumnos ya me avisaron de que después de hacerlo todo el mundo querría diseñar griego. Acertaron. Al menos conmigo. La mañana la dedicamos a un recorrido histórico de la evolución del diseño de tipos griegos y del propio lenguaje en sí a través de objetos originales. A mediodía me voy a comprar un sándwich y la cajera me pregunta que si quiero cashback (aquí expliqué lo que era). Pienso que ya estoy preparado así que le digo que sí y que me suelte cuarenta napos, please. Es mi primera vez, así que hazlo suavecito. Se ríe. Al final, no es para tanto. La tarde la dedicamos a caligrafiar y directamente a jugar con Glyphs. Cuando acaba la primera sesión del workshop yo ya estoy enamorado. Me echo una cerveza muy rápida en la Senior Common Room porque es el cumpleaños de Andrea y me voy volando a casa porque tenemos reunión de Fontown. Cuando terminamos, claro, me pongo a diseñar letras griegas. A las once de la noche termino, pero el vecino empieza. Ha decidido que, de todas las horas del santo día, esta es la mejor para estrenar su guitarra. Hoy está también su novia, así que ya sé lo que me espera luego. En el punto álgido de grititos y empujones contra mi pared decido que este es el momento y no otro de bajar a lavarme los dientes. Cuando vuelvo ya están más relajados. Pues tampoco he tardado tanto.

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Selfie rápido con Paul mientras echamos una cerveza rápida en la rápida Senior Common Room.

El frío aquí no es como en Zaragoza. La temperatura es muy similar pero no hace viento. Y eso, amigos no-maños, marca la diferencia. Así que el jueves por la mañana realmente disfruto cuando cruzo el lago helado pero hermosísimo del campus para ir a la segunda jornada del workshop de griego. Hoy es trabajar, trabajar y trabajar. A mediodía vamos a la plaza central del campus donde hay unos veinte puestos de comida. Cada uno es de un país o de una gastronomía diferente. Por supuesto, ahí está el de paella. A esto lo llaman Foodie Thursday y lo hacen cada dichoso jueves, lo que me hace pensar dos cosas. Uno, cómo mola esta universidad, bienvenido al primer mundo. Dos, cómo puede ser que hoy sea la primera vez que venga. Elijo al francés que hace pato confitado con patatas y verdutitas. Está de muerte. Los franceses suelen ser un poco gilipollas, pero cocinar, saben cocinar. Terminamos con nocturnidad y alevosía el workshop y para casa. Allí me están esperando mis nuevos ariculares: unos preciosos Marshall que voy a estrenar viendo un partido de la NBA. Tal vez no sea lo mejor para testearlos pero es lo que apetece hoy.

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Workshop de griego con Gerry.

El viernes no tenemos clases pero me levanto más temprano que ningún día. Tras tres horas de reunión con Fontown me voy al Campus. El día 9 de enero había que pagar la segunda cuota de la matrícula del Máster y yo me he enterado esta semana y gracias a que me lo dijo Yui. Desde entonces, la pobrecica me ha preguntado cada día si había pagado ya. Y yo que no, mujer, que no pasa nada, que ya pagaré el viernes que lo tengo libre, o que igual me espero al final del curso y si quedo satisfecho pues ya pago si eso y si no pues nada. El caso es que intento pagar con mi tarjeta de Santander UK y no me deja como ya ocurrió en septiembre con el primer pago y en los sucesivos meses cuando intenté pagar por adelantado la segunda cuota. La primera y última vez, tuve que recurrir a Paypal que me sopló 180 eurapios de comisión. El caso es que me voy a la sucursal del campus y me dicen que es problema de la plataforma Visa, no del Santander, que llame a un número de teléfono y que allí me lo resolverán. Yo, que todavía tengo telefonofobia, le digo que sí pero me voy a la Biblioteca y pruebo a pagar con mi tarjeta española que Visa también se encarga de rechazar. Paypal es la solución. A quién no le gusta pagar una comisión de 180 euros de vez en cuando. Paso el resto del día trabajando en la Biblioteca —por lo menos vamos a aprovechar el viaje, que por esto no nos cobran— intentando establecer contacto con gente difícil de contactar y registrándome en SCONUL para poder acceder a la Biblioteca del SOAS.

El sábado me levanto temprano y como estoy de buen humor decido tomarme la mañana libre. Y qué mayor libertad que irme de librerías de segunda mano. Me voy a la de Oxfam en Woodley —un encantador barrio/pueblo a veinte minutos de Reading en bici—, luego a la de Oxfam del centro y a la de la British Heart Foundation. El resultado son nueve libros y muy pocas libras gastadas. Por cierto, estoy empezando a comprar libros sobre la Guerra Civil española que en España es difícil de encontrar. Vuelvo a casa, sigo leyendo la interesantísima dissertation de Juan Luis, me topo con un tema que le vendría de perlas a Joana, me registro en la British Library y me chuto Glyphs en vena. A las siete de la tarde me voy a cenar —quién me ha visto y quién me ve— al The Back of Beyond con Joana, Kaja, Yui y Nate. Como el asunto iba a ser insanamente temprano, hoy solo he comido fruta. El resultado es que me zampo dos mil y pico calorías entre hamburguesa, mis patatas, las de Yui, mis aros de cebolla, los de Yui y dos Guinness de palmo y medio. A las once ya estamos en casa. En realidad, este sistema es más inteligente. No es tarde, me lo he pasado teta y mañana tengo todo el día por delante.

El domingo madrugo y a trabajar. Solo interrumpo mi sesión continua de Glyphs para comer con Joana y reunirme con el Lole. El resto del día, en la silla.

30 de diciembre de 2016 al 15 de enero de 2017

He pasado dos semanas largas en España. He leído mucho Southall, sí; pero también me he estado rascando los cascarones. No me he separado de Cris más que lo justo y necesario, he tenido a Bunbury durmiendo sobre mí día sí y día también, he molestado a mis padres y hermano todo lo que he podido y más, he ido a ver a algunos buenos amigos que querían verme y he comido. Sí, he comido. Sin parar. Y no sé muy bien el porqué. Pero ha pasado. Y vaya que si ha pasado. En el cómputo global de las vacaciones —tres semanas y pico— he ganado entre cuatro y cinco hermosos kilos. Todos míos.

El caso es que el 30 de diciembre, viernes, Cris y yo volamos a Inglaterra. Eso sí, antes de volar nos comemos un retraso de tres horas, la última de las cuales la pasamos dentro del avión oyendo cómo una señora grita «esto es un secuestro». Sea lo que fuere, llegamos a Reading casi a medianoche y nos encontramos con que mi casa parece Vietnam. El albañil que estaba reformando el baño no ha terminado. No hay ducha, no se puede utilizar la cocina y en el salón parece que ha caído una bomba. Aviso a Gerry para que lo sepa, porque él está en Holanda y confiaba en el buen hacer del señor constructor.

El sábado bien temprano viene el albañil a recoger y ordenar todo. Supongo que Gerry le ha llamado. El señor me dice que volverá el martes a terminar. O algo así. No entiendo ni su nombre porque no entiendo el 90 % de lo que me dice. Tiene el acento más extraño que he oído y que probablemente oiré. Nos vamos de casa para dejarle trabajar tranquilo. Recorremos la ciudad y comemos en un restaurante cubano. Malamente, todo hay que decirlo. Volvemos a casa y, aunque no tenemos ducha, ya se puede vivir más o menos decentemente. Limpiamos la cocina y hacemos una hermosa tortilla de patata y preparamos todo para el pan con tomate y jamón —importado de extraperlo desde España—. Nos vamos a casa de Andrea ya que haremos allí la cena de Nochevieja. El plan original era hacerlo en Foxhill. Cenamos Andrea, Yui, New, Nathan, Cris y yo. Cada uno lleva comida típica de su país y yo me pongo hasta el culo. Está todo para chuparse los dedos. Les propongo tomarnos las doce uvas como en España pero viendo al Ramón García del 2015 porque no encuentro el de hoy y a esta gente lo mismo le da. Luego hacemos el rito costaricense que es salir a la calle con dinero y una maleta. O algo así. Escuchamos George Michael —que en paz descanse— y le enseñamos a Yui qué es el reggaeton. A eso de las dos —o de las tres, no recuerdo— nos vamos a casa. Yo no he perdido ni un ápice de inglés a pesar de no haber practicado en todo este tiempo más que un par de videollamadas con Yui. Pero mi pobre Cris estaba como yo hace unos meses. Entendiendo todo, sí; pero sin poder meter baza. Por fin veo todo lo que he evolucionado. Aunque sea a costa de ella.

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Cena de Nochevieja con (de izquierda a derecha) Nathan, Yui, Cris, New y Andrea. Y el de la gorra, claro.

El domingo nos vamos a Londres de rebajas. Así como suena. También nos sirve un poco como excusa para pasar el día en Londres. Pero de rebajas, sí, sí. Se pasa el día lloviendo. Nos hacen una foto en mitad de Oxford Street para un blog de moda, Cris se compra dos abrigos y yo mis primeros botines ingleses, comemos en el ChaChaMoon, vamos al Hamleys a ver la planta entera que han preparado de Star Wars y nos volvemos a casa porque queremos ver terminar The OA.

El lunes Cris adopta mi viejo macbook para trabajar en su tesis y yo empiezo a ordenar todo mi material para empezar a trabajar. La mañana consiste en eso y en recibir gente griega en el salón de mi casa. Primero aparece Gerry con Alexandros —el hijo mayor— para limpiar y sacar basura. También traen dulces holandeses y anguila. Luego aparece Maria-Christiana con un amigo suyo de Londres. Aunque también griego. Luego viene el albañil, que no es griego pero como si lo fuera. Aquello parece el camarote de los hermanos Marx. Cuando se van todos, la casa parece otra. ¡Y ya tenemos ducha! Gerry nos había invitado a su casa para ducharnos y tal, pero nos pareció mal. Así pues, dedicamos la tarde a trabajar en paz y harmonía. Por fin. Luego Cris se ducha a lo grande. Yo, mientras tanto, me voy a correr porque el domingo tengo carrera. Cuando vuelvo también me tiro en la ducha un par de horas.

El martes me despierto con mega-agujetas. Tan solo llevo un mes sin correr y ya casi tengo que volver a empezar. Además vuelve el albañil que se empeña en hablar conmigo. Para dejarle trabajar en paz, nos vamos a la Universidad. Le enseño el Studio y el Departamento a Cris pero nos vamos a trabajar a la Biblioteca. En la quinta planta hay Silent Rooms que nos acogen con una temperatura maravillosa —en el exterior hace mucho frío hoy—. Comemos en el Eat at the Square como buenos universitarios y pasamos toda la tarde otra vez estudiando. Volvemos a casa, dejamos todo y nos vamos al Morrisons a comprar. Un supermercado es siempre visita obligada allá donde vamos y aquí no iba a ser menos a pesar de que para mí ya no sea novedoso. Compramos cosas raras inglesas aunque hoy tenemos antojo de pasta.

El miércoles me levanto y me marcho a correr antes de que venga Yui. Se viene a trabajar conmigo. La pobrecilla ha pasado las navidades aquí sola y necesita compañía. Pasamos el día a vueltas con el Glyphs aunque en los descansos le interrogo sobre Japón. Cada día alucino más. Al final de la tarde decidimos hacer juntos la cena. Nosotros le enseñamos a Yui a hacer una tortilla de patata, y ella a cocinar arroz, tortilla y sopa dulce de judía roja. Simple, ¿no? Pues flipamos. Hacen todo tan diferente que ahora entiendo que esté todo tan rico. Verla cocinar usando los palillos con tanto mimo es poético. Para terminar, nos vemos juntos un capítulo de Terrace House —a la que estamos enganchados—. Nos reímos mucho y aprendemos más todavía sobre Japón. Terminada la jornada, la acompañamos a casa.

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Cena hispano-japonesa con Yui.

El jueves nos quedamos en casa trabajando. A mediodía me voy a correr y me encuentro con Andrea. La invito a comer a casa porque me cuenta que lleva varios días sin gas (sin cocina, sin agua caliente y sin calefacción). Y le presto nuestra estufa. Se le ve la gratitud en los ojos. Lo ha pasado mal y está helada. También es mala pata que le haya pasado a la de Costa Rica. Por la noche llega Franziska. Es bueno verla de nuevo.

El viernes Edu me convence para hacerme de Marvel Unlimited. Al fin y al cabo es una buena idea. Antes de irme a dormir, mi cerebro está tan frito que no me da para leer una buena novela en inglés. Pero para comics sí que me da. Y como me he traído el iPad, pues perfecto. Trabajamos todo el día. Por la tarde llega Joana. Muy bueno verla de nuevo. Para cenar, pedimos comida tailandesa por Deliveroo en el Bolan Thai —me encanta ver en la app por dónde va el repartidor con su bicicleta— y nos invita Cris porque el lunes es su cumpleaños. También pagamos unas sidras de fruta, que es el descubrimiento de la temporada. Viene Gerry a mirar cómo ha quedado el baño y se queda a beber una sidra con nosotros. No le gusta.

El sábado nos vamos de excursión a Bath. Es un bonito pueblo inglés famoso por sus termas romanas. Espectaculares. Vayan a verlas.

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Los baños termales romanos de Bath.

El domingo a eso de las ocho de la mañana estoy en la estación de tren despidiéndome de Cris. Media hora después, Gerry está recogiéndome en la estación de Earley para desayunar en su casa. Me tomo un té con él y su esposa. De allí nos vamos a Woodcote a correr una 10K. Es una carrera benéfica para el pueblo organizada por voluntarios. En este país hay mucha tradición de carreras populares y eso se nota en el ambiente. Hay gente de todas las edades. De todas. El paisaje es maravilloso. Gerry me vence por seis minutos. La primera vez había que dejarle ganar. Volvemos a Reading y yo paso el resto de la tarde trabajando a todo tren.

El lunes comienzas las clases y yo empiezo con un nuevo hábito: meditación. A partir de ahora, todos los días cuando me levante voy a dedicar ocho minutos a meditar. He puesto interés en encontrar la ciencia que se esconde tras esta práctica y quiero probar si de verdad funciona. Veremos. Me voy temprano al Studio para imprimir pruebas y hacer correcciones de la tipo. Luego clase de Twyman sobre catálogos de finales del XIX y principios del XX. Me fascina todo lo que las publicaciones efímeras pueden enseñarnos del pasado. Por la tarde sesión crítica con Gerry y me voy directo al gimnasio. Gerry no me puede volver a ganar.

El martes tocaba Seminar de Murad pero como no es posible —y trae deliciosos dulces jordanos para compensar— tenemos una ultra-interesantísima sesión con Gerry que termina con un “we are becoming typeface designers, not people who design typefaces”. Con el subidón me voy a clase de Mosley sobre British fine printing, comemos y sesión con Fiona titulada Non-latin type design. South-Indian & related typeforms. Es como estar en el paraíso. Sin parar. Me voy a casa y me hago una videollamada con el Lole para hablar de mi futuro en Fontown, y con mis padres y hermano para hablar de mi presente. Deseoso estoy de enseñarle las recetas japonesas a mi madre. Me voy al gimnasio cuando la noche es muy noche. Antes de dormir retomo Man in the high castle allí donde la dejé antes de las navidades. Es una ucronía de Philip K. Dick. ¿Hace falta decir algo más?

El miércoles teníamos visita de Thania, una ex-alumna que trabaja en Apple. Pero se postpone para otro día. Así que dedico la mañana a trabajar para Fontown y la tarde para hacerme una minillamada con Dani y una superllamada con Carletes. Y de propina, otra con el Lole. Además me he convertido en consultor sentimental, así que escribo un texto larguísimo intentando resolver problemas de pasión. Ya puedo escribir pensamientos complejos en inglés. Esto va bien. Hablando de complejidad, termino el día leyendo tebeos de Star wars.

El jueves trabajo desde temprano y a las once me voy a la segunda parte de la sesión con Fiona. La anécdota graciosa es cuando me pide muy educadamente que explique el sistema de escritura no-latino que voy a diseñar y como no entiendo exactamente lo que me pregunta y quiero que me lo aclare le suelto un what do you want? en toda la cara que hace que todo el mundo se ría de buen rollo ante mi falta de tacto. Paso la tarde trabajando y la termino en el gimnasio.

El viernes no tenemos clase así que le meto una decena de horas a mi tipografía. De hecho, corrigo mil detalles. Pero lo interesante es que diseño mis primeros caracteres no-latinos. Bien diseñados, me refiero. Y me hace una ilusión que no veas.

El sábado paso la primera parte de la mañana investigando sobre un sistema de escritura en el que estoy interesado; y la segunda, limpiando mi habitación. Por la tarde trabajo hasta que me voy al gym. Por primera vez, cambio lo de escuchar podcast por música y funciona. Corro a mis mejores niveles y, además, lo hago con los pelos de punta y los dientes apretados. El culpable es Javi que me envía Exquirla —la unión de Toundra con Niño de Elche— y que yo me pongo vuelta y vuelta. Por la noche nos vamos a celebrar el cumpleaños de Kaja a The Jolly Anglers donde prometen jazz en directo y deliciosa comida. A las nueve y media hay jazz, sí, pero ya no hay comida. De hecho, el personal de cocina ya se ha marchado. No sé si lograré hacerme con estos horarios. Hoy tan sólo he comido un pincho de tortilla y he corrido 5K en veintitrés minutos. Tenía todas mis esperanzas puestas en una hamburguesa. Si el camarero llega a tener mejor pinta, le pego un bocado. Bebemos cervezas y comemos patatas fritas de bolsa. Lo pasamos bien pero yo llego hambriento a casa. Mañana me resarciré.

El domingo trabajo, sí, pero leyendo desde la cama y oyendo la lluvia morir en mi ventana. A la hora de comer Joana y yo nos ponemos las botas. Y a la hora de cenar yo sigo devorando a Southall. Nunca es suficiente.

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En ‘The Jolly Anglers’ con (de izquierda a derecha) Andrea, Natalia, Joana, Kaja y Nathan. Y las jodidas patatas en el centro.