16 al 22 de enero de 2017

El lunes me levanto, medito con nueva rutina, trabajo y me voy a clase de Twyman bajo el chirimiri tan persistente aquí —y que ellos llaman mizzle—. Hoy toca movable books de principios del XIX para quitar el hipo. De allí me voy a la Biblioteca a mirar unos libros que tengo que mirar y de allí al gimnasio a correr unos kilómetros que tengo que correr. El resto del día es para pasarlo en Glyphs con un appear.in —el descubrimiento del año, ¡gracias, Lole!— con Elena de por medio. A las once me obligo a dejar de trabajar tal y como prometí.

El martes toca Seminar de Kaja sobre el Roman du roi y clase de Mosley sobre Bodoni y Didot. Sin tiempo para comer porque tengo que preparar unas cosas, llega la sesión de feedback con Gerry. Cuando termina me voy a la Reading Room a buscar algo sobre árabe pero me encuentro con Bornā que es todavía mejor. Me voy a casa y a trabajar. Por la noche llega la compra. Sí, ella sola. Y cenamos una receta vegetariana que ha hecho Franziska medio sopa medio guiso.

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Porque hasta el frío puede ser hermoso en este Campus.

El miércoles tenemos workshop de griego con Gerry. Los anteriores alumnos ya me avisaron de que después de hacerlo todo el mundo querría diseñar griego. Acertaron. Al menos conmigo. La mañana la dedicamos a un recorrido histórico de la evolución del diseño de tipos griegos y del propio lenguaje en sí a través de objetos originales. A mediodía me voy a comprar un sándwich y la cajera me pregunta que si quiero cashback (aquí expliqué lo que era). Pienso que ya estoy preparado así que le digo que sí y que me suelte cuarenta napos, please. Es mi primera vez, así que hazlo suavecito. Se ríe. Al final, no es para tanto. La tarde la dedicamos a caligrafiar y directamente a jugar con Glyphs. Cuando acaba la primera sesión del workshop yo ya estoy enamorado. Me echo una cerveza muy rápida en la Senior Common Room porque es el cumpleaños de Andrea y me voy volando a casa porque tenemos reunión de Fontown. Cuando terminamos, claro, me pongo a diseñar letras griegas. A las once de la noche termino, pero el vecino empieza. Ha decidido que, de todas las horas del santo día, esta es la mejor para estrenar su guitarra. Hoy está también su novia, así que ya sé lo que me espera luego. En el punto álgido de grititos y empujones contra mi pared decido que este es el momento y no otro de bajar a lavarme los dientes. Cuando vuelvo ya están más relajados. Pues tampoco he tardado tanto.

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Selfie rápido con Paul mientras echamos una cerveza rápida en la rápida Senior Common Room.

El frío aquí no es como en Zaragoza. La temperatura es muy similar pero no hace viento. Y eso, amigos no-maños, marca la diferencia. Así que el jueves por la mañana realmente disfruto cuando cruzo el lago helado pero hermosísimo del campus para ir a la segunda jornada del workshop de griego. Hoy es trabajar, trabajar y trabajar. A mediodía vamos a la plaza central del campus donde hay unos veinte puestos de comida. Cada uno es de un país o de una gastronomía diferente. Por supuesto, ahí está el de paella. A esto lo llaman Foodie Thursday y lo hacen cada dichoso jueves, lo que me hace pensar dos cosas. Uno, cómo mola esta universidad, bienvenido al primer mundo. Dos, cómo puede ser que hoy sea la primera vez que venga. Elijo al francés que hace pato confitado con patatas y verdutitas. Está de muerte. Los franceses suelen ser un poco gilipollas, pero cocinar, saben cocinar. Terminamos con nocturnidad y alevosía el workshop y para casa. Allí me están esperando mis nuevos ariculares: unos preciosos Marshall que voy a estrenar viendo un partido de la NBA. Tal vez no sea lo mejor para testearlos pero es lo que apetece hoy.

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Workshop de griego con Gerry.

El viernes no tenemos clases pero me levanto más temprano que ningún día. Tras tres horas de reunión con Fontown me voy al Campus. El día 9 de enero había que pagar la segunda cuota de la matrícula del Máster y yo me he enterado esta semana y gracias a que me lo dijo Yui. Desde entonces, la pobrecica me ha preguntado cada día si había pagado ya. Y yo que no, mujer, que no pasa nada, que ya pagaré el viernes que lo tengo libre, o que igual me espero al final del curso y si quedo satisfecho pues ya pago si eso y si no pues nada. El caso es que intento pagar con mi tarjeta de Santander UK y no me deja como ya ocurrió en septiembre con el primer pago y en los sucesivos meses cuando intenté pagar por adelantado la segunda cuota. La primera y última vez, tuve que recurrir a Paypal que me sopló 180 eurapios de comisión. El caso es que me voy a la sucursal del campus y me dicen que es problema de la plataforma Visa, no del Santander, que llame a un número de teléfono y que allí me lo resolverán. Yo, que todavía tengo telefonofobia, le digo que sí pero me voy a la Biblioteca y pruebo a pagar con mi tarjeta española que Visa también se encarga de rechazar. Paypal es la solución. A quién no le gusta pagar una comisión de 180 euros de vez en cuando. Paso el resto del día trabajando en la Biblioteca —por lo menos vamos a aprovechar el viaje, que por esto no nos cobran— intentando establecer contacto con gente difícil de contactar y registrándome en SCONUL para poder acceder a la Biblioteca del SOAS.

El sábado me levanto temprano y como estoy de buen humor decido tomarme la mañana libre. Y qué mayor libertad que irme de librerías de segunda mano. Me voy a la de Oxfam en Woodley —un encantador barrio/pueblo a veinte minutos de Reading en bici—, luego a la de Oxfam del centro y a la de la British Heart Foundation. El resultado son nueve libros y muy pocas libras gastadas. Por cierto, estoy empezando a comprar libros sobre la Guerra Civil española que en España es difícil de encontrar. Vuelvo a casa, sigo leyendo la interesantísima dissertation de Juan Luis, me topo con un tema que le vendría de perlas a Joana, me registro en la British Library y me chuto Glyphs en vena. A las siete de la tarde me voy a cenar —quién me ha visto y quién me ve— al The Back of Beyond con Joana, Kaja, Yui y Nate. Como el asunto iba a ser insanamente temprano, hoy solo he comido fruta. El resultado es que me zampo dos mil y pico calorías entre hamburguesa, mis patatas, las de Yui, mis aros de cebolla, los de Yui y dos Guinness de palmo y medio. A las once ya estamos en casa. En realidad, este sistema es más inteligente. No es tarde, me lo he pasado teta y mañana tengo todo el día por delante.

El domingo madrugo y a trabajar. Solo interrumpo mi sesión continua de Glyphs para comer con Joana y reunirme con el Lole. El resto del día, en la silla.

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