30 de enero al 5 de febrero de 2017

El lunes por la mañana lo dedico a estrenar mi nuevo puesto en Fontown, me voy a clase de Michael —hoy tocan libros a medio hacer, difícil de explicar pero sumamente interesante— y de allí a la farmacia. Yui está enferma y me ha pedido si le podía ir a comprar medicinas. Se las llevo a su Hall y cuando la veo tiene cara de que no va a sobrevivir. Me dice que mañana irá a clase y que si es muy raro si va con mascarilla —en Japón las usan tanto para prevenir contagiar como para no contagiarse—. Le digo que raro es, pero en el buen sentido. A ver qué hace. También me voy a comprar verduras. Como, trabajo y hago hora para una llamada con Carletes. Cuando terminamos, a trabajar de nuevo. Por la noche: a leer.

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Clase de Twyman.

El martes tenemos seminar de Joana sobre Knuth y Hofstadter —lo hace genial, el tema es apasionante y Yui va sin mascarilla—, nueva lección de James y feedback vespertino con Gerry. Solicito una reunión con él para mañana y me voy a casa. Preparo lo que quiero decirle pero se lo envío primero a Yui para que lo revise. Esta chica analiza todo de tal manera que me ayuda un montonísimo.

El miércoles me paso todo la mañana en Glyphs. A mediodía tenemos que comprar los billetes para Bélgica —esto ya lo cuento dentro de unos meses— y me doy cuenta de que no tengo mi tarjeta. La última vez que la saqué del bolsillo fue en el Co-op hace dos días. Nunca pierdo nada y la primera vez tiene que ser aquí. Ay. Voy al Co-op y por suerte la tienen guardada y además se acuerdan de mí. Me voy a la reunión con Gerry, dura una hora y salgo con más dudas de las que he entrado. Llevaba unas semanas dándole vueltas al tema de mi dissertation y él coincide en que deje eso y vaya por el camino de enmedio de esto y aquello. Tengo que pensar mucho sobre cómo resolver el acertijo, así que me voy al gimnasio, corro, me ducho y a casa. Intento poner todo por escrito para poder repensarlo mañana.

El jueves tenemos workshop de Type Hacking con Fraser Muggeridge en el que experimentamos con la forma de las letras, las leyes de la legibilidad y la aleatoriedad de la geometría. El propósito es romper una tipografía y refrescar nuestras mentes de diseñadores atados a la perfección de una curva. En el descanso de mediodía toca ir al mercadillo de comidas del mundo. Hoy elijo hamburguesa de brisket deshilachada —de hecho, pensaba que era pulled pork— que resulta estar para chuparse los dedos. Hablo con los que preparan la paella y me dicen que por las pintas y el acento les había parecido de aquí. De Inglaterra. Me parto. Por la tarde, tras acabar el workshop con un resultado interesante, me voy a casa a currar en mi tipo. Porque yo he venido aquí a trabajar en mi tipo —Paco Umbral dixit, más o menos—. A las once freno y NBA, as usual.

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Viendo los resultados finales con Fraser Muggeridge.

El viernes me levanto en un más temprano todavía y trabajo toda la mañana en Glyphs y toda la tarde en Fontown. Por la noche, me voy con Nathan, Joana, Paul y Kaja a cenar —en mi primer Uber, qué maravilla de servicio— al Handmade Burger, a beber al The Pavlov’s Dog y a bailar al After Dark. A la salida, me hago amigo de dos ingleses, uno de ellos el camarero de la hamburguesería. Toca la guitarra y conoce a Toundra. ¿Cómo no me voy a hacer amigo tuyo? ¿Cómo no me voy a echar un cigarro contigo, copón? Reto de hacer amigos en inglés yendo borracho como una cuba, desbloqueado. Como solo quedamos Kaja, Joana y yo, nos vamos a casa porque con la tontería se nos han hecho las cuatro y vamos muy tocados. Por el camino tenemos hasta un poco de drama con lágrimas derivadas del alcohol pero que nacen en las distancia a nuestros hogares. No, esta vez no soy yo. En casa me quedo hablando con Joana hasta más allá de las seis. Como si no tuviéramos otra cosa mejor que hacer.

El sábado me levanto tras cinco escasas horas de descanso y con un dolor de cabeza castigador así que me ducho y me veo un partido. Hoy tocaba trabajar en el Seminar pero creo que me voy a tomar el día libre. Me escribe Paul para quedar. Lleva toda la semana apoyándose en mí por razones que no vienen al caso aquí y hoy hace un día precioso que no vale la pena desaprovechar. Le digo que sí. Lo paso a buscar y, como él ya ha comido, vamos a la tienda central del Campus y me compro un sándwich y un Magnum White porque yo lo valgo. Le propongo explorar juntos The Harris Garden mientras caminamos y hablamos. La conversación va y viene durante dos horas largas. Me voy a casa. A las nueve ceno cosas gordas —muy gordas— mientras veo NBA. A las nueve y media estoy dormido.

El domingo me levanto temprano. Trabajo. Hablo con Cris. Vuelvo a trabajar. Vuelvo a hablar con Cris. Trabajar, trabajar, trabajar… Al final del día, estoy con unas ganas locas de huevos rotos con jamón. Por qué, nadie lo sabe. Pero Joana y yo nos vamos a comprar patatas dulces y prosciutto, y nos damos un homenaje a base de una interpretación libre de mi antojo. Luego, baloncesto.

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