13 al 19 de marzo de 2017

El lunes, el sol y yo decidimos despertarnos sonriendo. Me voy al Studio con el abrigo colgado del brazo y escuchando mensajes de Dani, lo cual no hace más que mejorar mi estado de ánimo. He quedado con Yui para inspeccionar el archivo del Departamento. Está buscando el espécimen original de Univers y necesita ayuda. Y yo, claro, no puedo decirle que no. Lo encontramos y fotografiamos, pero por el camino me encuentro embobado con tesoros que tengo que dejar pasar diciéndoles hasta la vista, así, con la manita, nos veremos pronto, queridos. Luego tenemos clase de Michael sobre grabados en madera, electrotipia y esterotipia. Es ver los grabados en madera y acordarme de mi padre. Si viera la pericia y delicadeza con que las ilustraciones están trazadas alucinaría tanto o más que yo. Elena me acompaña hasta casa por teléfono y ya allí enchufamos el vídeo. Como pasta con cosas ricas, trabajo, me voy al Co-op con Joana porque así aprovecho a pasar un ratico con ella, nos compramos un helado y nos vamos a casa silbando. Sigo trabajando al son de Tony Bennet.

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La sesión de esta semana de Michael Twyman.

El martes me levanto temprano y le digo al Lole de hablar diez minutillos de un tema de Fontown. Dos horas y media después colgamos y me voy corriendo a clase del Mosley. Por el camino hablo con Carletes. James empieza en góticas alemanas y hace un repaso pasando por la nueva tipografía de Tschichold y que acaba en Frutiger que emocionaría a cualquier esté o no interesado en las letras. Me vuelvo a casa hablando con Damià sobre la nueva edición de Glílifo. Nada, una pregunta rápida. Una hora después tenemos un coitus interruptus porque se le acaba la batería. Como he quedado con María, al Skype directo y nos pegamos otra hora larga hablando. He hablado con ella muy pocas veces en mi vida, pero es siempre un enormísimo placer. Son las cinco de la tarde y me doy cuenta de no he comido. Me hago la comida. Me quedo dormido —mi primera siesta en Inglaterra—. Me despierto más jodido que antes. Me ducho. Llega Joana y nos tiramos hablando todo lo que queda de tarde. Me subo a mi habitación a ver si hago algo. Me llama Cris. Me doy por vencido.

El miércoles trabajo en Fontown antes de irme al Seminar de New sobre señales y tipografías para autopistas. Vuelvo y estreno con Franziska nuestro jardín —o ese inmundo agujero que se encuentra en la parte de atrás de nuestra casa— con una cerveza, mucho sol y agradable conversación. Trabajo un poco más en Fontown y, ahora sí, abro Glyphs y ya no quiero saber nada más de nadie hasta que no sea medianoche.

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Bigote-look-selfie-qué-moderno-soy.

El jueves tenemos sesión con Victor Gaultney sobre Latin Extended. Lo amo mucho. Tener a este tipo con regularidad por aquí es un lujo. Nos vamos al Foodie Thursday y hoy como pollo con hash potatoes que está jodidamente bueno. De allí al Seminar de uno de los doctorandos. Hoy, precisamente, es Victor quien habla. El tema y la posterior discusión sobre qué es, qué implica, dónde empieza y dónde acaba el proceso de diseño es de esas cositas que te hacen sentirte afortunado de estar aquí. Por la tarde tenemos feedback con Victor. Salgo contento y esto empieza a ser una tónica habitual. Mi trabajo parece ser bueno, los consejos que me dan son realmente interesantes y sus felicitaciones —como la de Fred la semana pasada— son de esas cosas que me guardaré para toda la vida. Me voy a casa y me pego una buena charrada con Carletes. Ayer mismo le decía a Joana cuánto echaba de menos un reto dialéctico e intelectual. Y Carletes nunca falla. Viene Joana y comemos yoghurt de fruta de la pasión. Si no me puedo ganar la vida con la tipografía, creo que me dedicaré a la importación de productos lacteos británicos. Si nos dejan.

El viernes me levanto temprano y decido que hoy es mi día libre de la semana. Comemos pasta a la carbona edición portuguesa, hablo con Elena, con Cris, molesto a Joana todo lo que puedo, ordeno la habitación, actualizo/renuevo mi web porque escribir código me relaja, y leo por placer. Empiezo The invisible guardian, siendo el primer libro que me leo en inglés que ha sido escrito originalmente en español. Y puede que el último, porque hacerlo es una tontería como un piano. Además ya lo leí hace unos años, pero me apetecía releerlo y como ahora solo leo en inglés por aquello de no perder comba, pues digo, ¿por qué no?

El sábado me voy por la mañana al centro a por sake porque he comprado una rice cooker y arroz y cosas japos, y es lo único que me falta. No encuentro. Ya que estoy aquí me doy una vuelta por las librerías de segunda mano. No encuentro. Hoy no es mi día. Vuelvo a casa y trabajo como un descosido. Por la noche Joana y yo hacemos lasagna. Pero qué lasagna. Premio a la triunfada del año. Pensábamos salir y nos quedamos tan hartuzos que nos rendimos a la evidencia y al sofá.

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La lasagna del año.

El domingo sigo trabajando pero a las diez hago una pausa y me voy al campus. Hoy es la media maratón de Reading y me apetece verla. Lo hago con una sonrisa. Saludo a Gerry que la está corriendo como un campeón. Paso casi una hora viendo gente correr. Me vuelvo a casa y sigo trabajando sin parar. Paro a las siete. Me doy una lucha larga. Me vuelvo a dejar bigote. Me pongo a leer. Espero a que venga Natalia. Quiere hablar conmigo. Llega casi a la vez que Joana —que ha pasado el día en Londres— y bebemos cerveza y hablamos. No es una mala manera de acabar el fin de semana.

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Media maratón a su paso por el campus.

6 al 12 de marzo de 2017

El lunes me levanto y me voy directo al gimnasio a correr como un poseso. Después a clase de Michael que hoy revisa cómo los europeos hemos interpretado los sistemas de escritura que no son el nuestro desde el siglo XV al XIX. De allí directo a casa a darle duro a Glyphs hasta las once mientras escucho a los Rolling para subir el ánimo. Es la primera vez que siento ansiedad —esa desagradable sensación en el estómago— en tres años y no sé muy bien por qué. Pero no me gusta.

El martes es el Seminar de Natalia sobre Language patterns, una teoría que parte de la arquitectura, viaja a través de la algorítmica y que Gerry adapta como nadie a la tipografía. Creo que es un enfoque que me servirá para mi dissertation. Luego tenemos clase de Mosley sobre Johnston and Gill. Cuando acaba yo tengo ganas de aplaudir hasta con las orejas. Me voy a comer un sándwich con Joana a la Senior Common Room. Volvemos para el feedback con Gerry. Quedo contento. Vuelvo a casa y me enchufo Glyphs en vena mientras escucho BBC Radio 4. El momento cumbre es el programa The public philosopher que hoy trae a Michael Sandel para hablar sobre si ’Would life be better if robots did all the work?’. Creo que es la primera vez que soy de verdad consciente de que estoy escuchando la radio en inglés con la misma facilidad con que lo hago en español. Echo la vista atrás y veo que llevo ya meses haciéndolo. Pues igual hay que dejar de hacerse el tontito, ¿no? Por cierto, el programa: ¡lo max! Termino de trabajar a las doce, saltándome mi propia regla.

Esta semana nos visita por segunda vez Fred Smeijers. El miércoles por la mañana da una charla sobre su trayectoria. Descubro todo su trabajo de tipo corporativa. Este hombre es un grande con todas las letras —vaya juego de palabras, ¿eh?—. Me voy a comer con Natalia y Joana a la Senior Common Room. Por la tarde comienzan los feedback pero yo me reservo para mañana, así que me voy a casa a asear mi tipo.

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Con Natalia y Joana en la Senior Common Room.

El jueves ya sí, discuto con Fred sobre mi proyecto. Me dice cosas muy interesantes y quedamos en hacer algunos cambios y revisar de nuevo mañana. A mediodía nos vamos al Foodie Thursday y yo me zampo una hamburguesa de proporciones épicas a ver si así tal. La felicidad tiene forma de albóndiga aplastada, amigos. Por la tarde seguimos currando pero como yo trabajo mejor en mi casa y estoy en plan pasota, me entretengo haciendo de guía turístico. A veces viene gente a visitar el Departamento y hoy están aquí Anaïs (Bélgica) y Mona (Alemania). La primera hará el Master al año que viene y la segunda quiere aplicar. A eso de las cinco me voy con Andrea a la Senior Common Room a beber cervezas. Le dio un bajón esta semana y en español todo se habla mejor. Hablamos, reímos, chismeamos y bebemos. Es un sol de mujer, la verdad. Por cierto, me dice que se nota que me pasa algo. Y es verdad que se me debe de notar porque esta semana todo el mundo, de repente, me ha empezado a preguntar por Cris. Andrea me pide que me deje de mierdas y vuelva a ser yo, que si no la clase se siente muerta. Más tarde se nos unen Ute, Franziska, Mona y dos amigas suyas también muy alemanas. Seguimos bebiendo y yo me pongo a fumar como un loco porque sería de mala educación no aceptar algo que te ofrecen desde Alemania. Y estoy ansioso. Y todavía algo triste. Si no recuerdo mal, llego a casa cerca de la medianoche riendo con Franziska.

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Feedback con Fred Smeijers.

El viernes me levanto con una ligerísima —pero igualmente molesta— resaca y me voy al Studio. Trabajo a tope para aplicar los cambios que tendría que haber hecho ayer y por la tarde se los enseño a Fred. Ambos quedamos contentos. O al menos estoy seguro de que yo lo estoy, porque este hombre no tiene en la expresividad su mejor virtud. Me voy a casa a trabajar y por la noche me voy con Yui. La amo con locura y estas citas a solas me dan la vida. Ella quiere hablar sobre su futuro laboral, así que nos vamos a un italiano a ponernos hasta el culo de comida mientras charlamos.

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Cenando con Yui en Zizzi.

El sábado me levanto tempranísimo y a trabajar como un jodido loco. Glyphs echa fuego, señores. Y lo que estoy haciendo cada vez me gusta más. Yui tiene una reunión importante hoy y cuando termina nos pide a Joana y a mí si puede venir a charlar con nosotros. ¿Cenar con Joana y Yui? ¡Es el plan perfecto! Trabajo hasta las siete, me afeito, solo sobrevive el bigote porque estoy empezando a arrancarme otra vez pelos de la barba como un chimpancé engorilado, me ducho y me voy a comprar cositas al Co-op. El cajero, que ya es amigo mío, me pregunta a qué edad me quedé calvo pero que no me preocupe que soy muy fancy y muy cool y que mi estilo llevando gorras es lo más. Bueno, pues si tú lo dices. Y así, mientras me cobra las patatas. Me encuentro a Yui y nos vamos juntos a Foxhill. Hacemos huevos rotos con jamón que es siempre un acierto. Noto que Yui mira cómo frío un huevo con la misma curiosidad ante lo exótico con que yo la miraría a ella cocinando makizushi. Hablamos largo y tendido. Disfruto como un enano y para rematar la velada, nos vemos una película japonesa de animación: Your name. Preciosa. Mucho más que preciosa. Nos quedamos hablando hasta las dos de la madrugada.

El domingo me levanto temprano y disfruto trabajando mientras oigo la lluvia caer. A mitad de mañana sale el sol y ya no se va. Yo tampoco. Cada vez me gusta más este país.

20 de febrero al 5 de marzo de 2017

El lunes por la mañana tenemos Seminar de Yanghee sobre Gerrit Noordzij. Es curioso cómo, de repente, toda su teoría se derrumba cuando la miras desde un punto de vista académico y global. Al menos, sigue siendo una buena herramienta didáctica. Y sí, oficialmente el próximo Seminar es el mío. Ay, el complejo que tengo con el inglés creciendo en tres, dos, uno… Me voy a hablar con Gerry sobre el guión para mi dissertation y me dice que muy bien pero que mejor cambiando esto y aquello. Clase de Michael Twyman sobre formularios. Sigo sin salir de mi asombro con cómo este hombre puede sacar tanta o más información de productos efímeros que de las grandes publicaciones. Es una aproximación interesantísima. Por cierto, también graban esta clase porque es su último año enseñando y, esta vez, estoy aquí. Luego tenemos feedback con Gerry pero el mío dura, literalmente, treinta segundos porque soy el último, está todo muy bien, vamos a mi despacho. Hablamos de mi Seminar. Está perfecto, explica más tu conclusión porque es muy interesante y quiero que se entienda bien, y reformula esta frase porque no sé lo que significa. ¿Cómo puede ser que no entienda algo que está en perfecto inglés? Me dice que es «español escrito con palabras en inglés». Ah, vale. Pero una sola frase errónea en un documento académico de dos mil y pico palabras no está mal, ¿no? En casa, Cris me desarrolla aquello de que la perrica de su hermana ya ha vuelto a casa muerta de hambre, nos echamos unas risicas buenas porque ya estamos todos más relajados y me pongo a trabajar en Fontown. Ceno porque hoy no he comido. Me veo el partido All-Star de ayer.

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Michael Twyman mostrando un pasaporte del siglo XIX.

El martes por la mañana trabajo en Fontown y a las doce me voy a clase de James Mosley que hoy versa sobre William Morris y las Private Presses. Deliciosa, como siempre. Ya en casa, reviso mi propuesta de dissertation y se la envío a Gerry. Como se me han hecho las cinco de la tarde y no he comido, me hago la típica marranada con macarrones y lo que pillo por la nevera. Trabajo en mi Seminar hasta las doce. Termino la temporada de Santa Clarita Diet.

El miércoles no tenemos clase, así que paso el día trabajando en el paper de mi Seminar poniéndolo bonito y desarrollando aquello que me dijo Gerry. A las ocho se lo envío y me voy al gimnasio a correr. A la vuelta paso por el Co-op para comprar un de todo y me encuentro con un grupo de jovencitos borrachos de traje. Tienen pinta de ser parte de una hermandad y son muy ruidosos, que es la manera políticamente correcta de decir gilipollas. Cenamos los tres juntos y me bebo dos cervezas. Como si a mí me gustara la cerveza.

El jueves me despierto con la respuesta de Gerry porque él está en Sri Lanka y no vamos sincronizados. Que muy bien todo. Me voy al Studio. Hace un viento de mil pares de cojones. Sopla con fuerza pero yo estoy acostumbrado al cierzo, así que no me asusta pero me recuerda lo poco que echo de menos mi ciudad —climatológicamente hablando—. De hecho, empiezo a pensar que es mentira aquello de que aquí el tiempo es fatal de la vida. Al menos, no lo es si vienes de Zaragoza. Incluso hace ya unos días que viene haciendo un solete la mar de rico. El caso, que hoy tenemos sesión de diacríticos con Victor Gaultney. Amo a este tipo. La sesión es ultra-interesante. Es fascinante cómo se puede profundizar tanto en un tema que puede parecer menor, pero que es de vital importancia. Luego tenemos feedback individual y me dice unas cosas chachísimas sobre itálicas. Me voy a la Reading Room a escanear algunas fotografías para preparar mi presentación del lunes. En casa paso toda la tarde en Keynote tratando de estructurar lo que quiero contar. Por la noche, paso un par de horas maquillando mi paper con Joana. Aprendo más inglés en estas dos horas que en toda mi vida. Lo de esta chica, no es normal. Todo lo que he escrito es mayormente entendible y no hay errores graves, pero hay mucha chicha que cortar y muchas cosas que no sonarían naturales para un nativo. En español podemos alterar el orden de los elementos para darle más color a lo que escribimos. En inglés, el rango de movimientos es más limitado. Ah, y las preposiciones: me siguen llevando de calle.

El viernes me levanto, repaso el paper otra vez y se lo envío a mis coleguitas de clase. Primera parte contratante: hecha. Las entradas para la conferencia de Chomsky en Reading se agotan en minutos. Yo me quedo sin. Me pongo a trabajar en la presentación. A mediodía me veo el debut de Cousins con los Pelicans. Por la tarde sigo a lo mío. A las ocho me voy a correr y cuando vuelvo todo se ha ordenado en mi cabeza; así que, en cuenta de trabajar, ración doble de baloncesto y lectura.

El sábado, más de lo mismo. Trabajo en la presentación y solo paro para hablar con Cris, Elena o Joana. Gerry me llama desde Sri Lanka y como no se lo cojo porque no me entero, me envía un vídeo. Está con los estudiantes del pasado año pasándolo teta. Por la noche yo me voy a correr y Joana de cena con algunos de los compañeros de clase. Prefiero quedarme en casa, cenar tranquilo y ver basket.

El domingo trabajo y… ¿este diario empieza a ser aburrido o es sólo cosa mía? En fin, que sigo trabajando porque mañana presento. Fingers crossed!

El lunes aún no son las siete y ya estoy repasando mi presentación. Ya no me pongo nervioso antes de hablar en público, pero tener que hacerlo en inglés me genera una inseguridad que es peor que los nervios. Cuando llega la hora, me voy al Departamento. Espero a Gerry. Hablamos de Sri Lanka. Preparamos todo y a las nueve y media, con la clase ya llena, empiezo. Me siento cómodo de cuerpo y mente, pero atenazado de lengua. Ya puedo hablar con cierta fluidez, pero si tengo que explicar conceptos complejos y decir palabras a las que no estoy habituado, mis demonios vuelven a aparecer. Como ya sabía que eso iba a pasar, las frases más complicadas las tengo en las notas de las diapositivas. Cuando me trabo, leo con naturalidad y santas pascuas. Termino y compruebo que no ha ido tan mal. Hace unos meses no hubiera sido capaz de hacerlo y dentro de unos meses ya lo haría perfectamente. Pero lo he hecho ahora y bien hecho está. La buena noticia es que no lo he pasado mal ni he sufrido. La mala, que no he disfrutado como suelo en estas ocasiones. Nos vamos a clase de Twyman —fotograbado—, Gerry nos regala catálogo de Commercial Type y charla de Laurence Penney —el tipo detrás de Axis-Praxis— sobre Variable Fonts. Todo muy bien a pesar de mi enorme dolor de cabeza. Supongo que será por la tensión liberada tras el Seminar. Hago videollamada con mis padres para comprobar que siguen vivos porque hace semanas que no me comunico ni por aquí ni por allá con ellos, y me voy al gimnasio a correr. La noche, de relax con patatas fritas, chorizo y NBA. Todo muy grosero.

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¡Diapositiva final!

El martes comenzamos el workshop con Frank Grießhammer (Adobe) sobre AFDKO y toda esa parte técnica que tanto echo de menos en mi vida de vez en cuando. Disfruto como un niño. Decido reincorporar el terminal a mi día a día. A mediodía tenemos clase de Mosley sobre Art Nouveau. Por la noche hacemos Pancake Party en Foxhill porque, al parecer, es el día nacional del Pancake. Viene casi todo el mundo, hablamos, comemos y bebemos. Bien. Me quedo hasta las tres de la mañana viendo vídeos de Nadie sabe nada en YouTube como un millennial cualquiera —que para eso lo soy—.

Me despierto cinco horas después y me voy al Studio. Seguimos con Frank. Este tipo mola mogollón. Por la tarde: charleta con Carletes y dos horas y media de disfrute con Juan Luis Blanco. Para rematar la noche: Cris a tope.

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Workshop con Frank.

El jueves: más Frank. A mediodía interesantísimo Seminar de Ferdinand Ulrich y nos vamos al centro del Campus porque por la mañana he visto cómo montaban los puestos de comida. Ni rastro. Suponemos que lo habrán cancelado. Acabamos en la Senior Common Room donde me pido tortilla de patata. Me gusta el riesgo. Es tortilla de patata dulce hecha al horno en cuenta de en sartén, y con patatas fritas para acompañar. Definitivamente, hay algo que esta gente no ha entendido. Por la tarde terminamos un poco antes porque algunos de nosotros nos vamos a la British Library a una conferencia de Patricia Lovett. Allí me compro el libro y me encuentro con Pablo Bosch que se ha venido a Londres porque ha empezado a trabajar en Dalton Maag. Maldito cabrón. Mola volver a verlo. Volvemos a Reading y a eso de las once ya estoy en casa con cuervos rondando mi cabeza. No me gusta el concepto de grupo de vamos todos juntos pero separados, no se espera a nadie y lo único importante es la conveniencia individual.

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De izquierda a derecha: Joana, Nate, Frank y Yui. En el centro: la «tortilla».

A las ocho de la mañana del viernes ya estoy corriendo en el gimansaio. Luego: más Frank. Sesión final matutina y feedback sobre nuestros proyectos. Cuando obtengo mi ración, me voy a casa. Como empiezo a estar hasta la polla de todo el mundo, me digo que es mejor tomarse la tarde para el placer personal: ir de librerías. No pesco casi nada. Por la noche me voy al The Three Tuns donde tomamos unas cervezas con Frank. Acompaño a Yui a casa y le ayudo a llevar su arroz. Un puto saco de arroz. Claro, si comes todos los días…

El sábado a las siete y cuarto ya estoy en el coche con Gerry. Nos vamos a hacer la carrera The Maverick Original Hampshire. Hora y media de ida que pasamos hablando de todo lo que se pueda hablar. Amo a este tipo, ya lo siento, pero es una de las mentes más brillantes con las que he tenido el placer de combatir y eso, para mí, es sexy. Y es un buen tipo. Un gran tipo. Buena persona como nadie. Eso sí, quiero destruirlo durante la carrera. La pena es que al final yo voy a hacer la 7k y él, la 14k. Yo, con mis rodillas, no me atrevo todavía a ir más allá de 10k. Además es mi primera off-road y quiero ver cómo es aquello. Y aquello resulta ser de lo mejor que he hecho en mi vida. Correr como un insensato trepando cuestas, sorteando árboles, yendo entre caballos, pisando mierdas, cruzando ríos y, en definitiva, con barro hasta la rodilla. Una 7k salvaje que disfruto como nunca. Al acabar, me plantan una cerveza en la mano. Me gusta el estilo inglés. Me cambio y espero a que llegue Gerry. El paraje es sensacional. Es una mezcla de Inglaterra con Canadá. Precioso. A mitad de nuestra vuelta a Reading, paramos a calzarnos un steak como lobos en un pub de carretera con sillones de lectura, techos de madera y chimenea encendida todo el año. ¿Quién me hubiera dicho a mí que un día tendría la oportunidad de hacer esto con el gran Gerry, discutir por ver quién paga y ganar yo? En casa me ducho, hablo con Cris y Carletes, y hago hora para irnos a tomar algo, a pesar de las incidencias sociales para hacer planes. La noche resulta ser una de esas situaciones tremendamente vacías que tanto me esfuerzo en evitar en mi vida normal. Regreso a casa cansado de personas mojigatas y relaciones planas. Espero que sólo sea una fase. Al menos, la charrada casera con Joana nunca decepciona. Jamás.

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Filetada con Gerry.

El domingo lo dedico a leer, escribir y ver desde la cama todo lo que se me ponga delante y que no tenga que ver con tipografía. Sigo entre deprimido y malhumorado: socialmente exhausto. Por la noche Joana y yo hacemos pizza casera porque es el protocolo contra el mal humor.