20 de febrero al 5 de marzo de 2017

El lunes por la mañana tenemos Seminar de Yanghee sobre Gerrit Noordzij. Es curioso cómo, de repente, toda su teoría se derrumba cuando la miras desde un punto de vista académico y global. Al menos, sigue siendo una buena herramienta didáctica. Y sí, oficialmente el próximo Seminar es el mío. Ay, el complejo que tengo con el inglés creciendo en tres, dos, uno… Me voy a hablar con Gerry sobre el guión para mi dissertation y me dice que muy bien pero que mejor cambiando esto y aquello. Clase de Michael Twyman sobre formularios. Sigo sin salir de mi asombro con cómo este hombre puede sacar tanta o más información de productos efímeros que de las grandes publicaciones. Es una aproximación interesantísima. Por cierto, también graban esta clase porque es su último año enseñando y, esta vez, estoy aquí. Luego tenemos feedback con Gerry pero el mío dura, literalmente, treinta segundos porque soy el último, está todo muy bien, vamos a mi despacho. Hablamos de mi Seminar. Está perfecto, explica más tu conclusión porque es muy interesante y quiero que se entienda bien, y reformula esta frase porque no sé lo que significa. ¿Cómo puede ser que no entienda algo que está en perfecto inglés? Me dice que es «español escrito con palabras en inglés». Ah, vale. Pero una sola frase errónea en un documento académico de dos mil y pico palabras no está mal, ¿no? En casa, Cris me desarrolla aquello de que la perrica de su hermana ya ha vuelto a casa muerta de hambre, nos echamos unas risicas buenas porque ya estamos todos más relajados y me pongo a trabajar en Fontown. Ceno porque hoy no he comido. Me veo el partido All-Star de ayer.

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Michael Twyman mostrando un pasaporte del siglo XIX.

El martes por la mañana trabajo en Fontown y a las doce me voy a clase de James Mosley que hoy versa sobre William Morris y las Private Presses. Deliciosa, como siempre. Ya en casa, reviso mi propuesta de dissertation y se la envío a Gerry. Como se me han hecho las cinco de la tarde y no he comido, me hago la típica marranada con macarrones y lo que pillo por la nevera. Trabajo en mi Seminar hasta las doce. Termino la temporada de Santa Clarita Diet.

El miércoles no tenemos clase, así que paso el día trabajando en el paper de mi Seminar poniéndolo bonito y desarrollando aquello que me dijo Gerry. A las ocho se lo envío y me voy al gimnasio a correr. A la vuelta paso por el Co-op para comprar un de todo y me encuentro con un grupo de jovencitos borrachos de traje. Tienen pinta de ser parte de una hermandad y son muy ruidosos, que es la manera políticamente correcta de decir gilipollas. Cenamos los tres juntos y me bebo dos cervezas. Como si a mí me gustara la cerveza.

El jueves me despierto con la respuesta de Gerry porque él está en Sri Lanka y no vamos sincronizados. Que muy bien todo. Me voy al Studio. Hace un viento de mil pares de cojones. Sopla con fuerza pero yo estoy acostumbrado al cierzo, así que no me asusta pero me recuerda lo poco que echo de menos mi ciudad —climatológicamente hablando—. De hecho, empiezo a pensar que es mentira aquello de que aquí el tiempo es fatal de la vida. Al menos, no lo es si vienes de Zaragoza. Incluso hace ya unos días que viene haciendo un solete la mar de rico. El caso, que hoy tenemos sesión de diacríticos con Victor Gaultney. Amo a este tipo. La sesión es ultra-interesante. Es fascinante cómo se puede profundizar tanto en un tema que puede parecer menor, pero que es de vital importancia. Luego tenemos feedback individual y me dice unas cosas chachísimas sobre itálicas. Me voy a la Reading Room a escanear algunas fotografías para preparar mi presentación del lunes. En casa paso toda la tarde en Keynote tratando de estructurar lo que quiero contar. Por la noche, paso un par de horas maquillando mi paper con Joana. Aprendo más inglés en estas dos horas que en toda mi vida. Lo de esta chica, no es normal. Todo lo que he escrito es mayormente entendible y no hay errores graves, pero hay mucha chicha que cortar y muchas cosas que no sonarían naturales para un nativo. En español podemos alterar el orden de los elementos para darle más color a lo que escribimos. En inglés, el rango de movimientos es más limitado. Ah, y las preposiciones: me siguen llevando de calle.

El viernes me levanto, repaso el paper otra vez y se lo envío a mis coleguitas de clase. Primera parte contratante: hecha. Las entradas para la conferencia de Chomsky en Reading se agotan en minutos. Yo me quedo sin. Me pongo a trabajar en la presentación. A mediodía me veo el debut de Cousins con los Pelicans. Por la tarde sigo a lo mío. A las ocho me voy a correr y cuando vuelvo todo se ha ordenado en mi cabeza; así que, en cuenta de trabajar, ración doble de baloncesto y lectura.

El sábado, más de lo mismo. Trabajo en la presentación y solo paro para hablar con Cris, Elena o Joana. Gerry me llama desde Sri Lanka y como no se lo cojo porque no me entero, me envía un vídeo. Está con los estudiantes del pasado año pasándolo teta. Por la noche yo me voy a correr y Joana de cena con algunos de los compañeros de clase. Prefiero quedarme en casa, cenar tranquilo y ver basket.

El domingo trabajo y… ¿este diario empieza a ser aburrido o es sólo cosa mía? En fin, que sigo trabajando porque mañana presento. Fingers crossed!

El lunes aún no son las siete y ya estoy repasando mi presentación. Ya no me pongo nervioso antes de hablar en público, pero tener que hacerlo en inglés me genera una inseguridad que es peor que los nervios. Cuando llega la hora, me voy al Departamento. Espero a Gerry. Hablamos de Sri Lanka. Preparamos todo y a las nueve y media, con la clase ya llena, empiezo. Me siento cómodo de cuerpo y mente, pero atenazado de lengua. Ya puedo hablar con cierta fluidez, pero si tengo que explicar conceptos complejos y decir palabras a las que no estoy habituado, mis demonios vuelven a aparecer. Como ya sabía que eso iba a pasar, las frases más complicadas las tengo en las notas de las diapositivas. Cuando me trabo, leo con naturalidad y santas pascuas. Termino y compruebo que no ha ido tan mal. Hace unos meses no hubiera sido capaz de hacerlo y dentro de unos meses ya lo haría perfectamente. Pero lo he hecho ahora y bien hecho está. La buena noticia es que no lo he pasado mal ni he sufrido. La mala, que no he disfrutado como suelo en estas ocasiones. Nos vamos a clase de Twyman —fotograbado—, Gerry nos regala catálogo de Commercial Type y charla de Laurence Penney —el tipo detrás de Axis-Praxis— sobre Variable Fonts. Todo muy bien a pesar de mi enorme dolor de cabeza. Supongo que será por la tensión liberada tras el Seminar. Hago videollamada con mis padres para comprobar que siguen vivos porque hace semanas que no me comunico ni por aquí ni por allá con ellos, y me voy al gimnasio a correr. La noche, de relax con patatas fritas, chorizo y NBA. Todo muy grosero.

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¡Diapositiva final!

El martes comenzamos el workshop con Frank Grießhammer (Adobe) sobre AFDKO y toda esa parte técnica que tanto echo de menos en mi vida de vez en cuando. Disfruto como un niño. Decido reincorporar el terminal a mi día a día. A mediodía tenemos clase de Mosley sobre Art Nouveau. Por la noche hacemos Pancake Party en Foxhill porque, al parecer, es el día nacional del Pancake. Viene casi todo el mundo, hablamos, comemos y bebemos. Bien. Me quedo hasta las tres de la mañana viendo vídeos de Nadie sabe nada en YouTube como un millennial cualquiera —que para eso lo soy—.

Me despierto cinco horas después y me voy al Studio. Seguimos con Frank. Este tipo mola mogollón. Por la tarde: charleta con Carletes y dos horas y media de disfrute con Juan Luis Blanco. Para rematar la noche: Cris a tope.

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Workshop con Frank.

El jueves: más Frank. A mediodía interesantísimo Seminar de Ferdinand Ulrich y nos vamos al centro del Campus porque por la mañana he visto cómo montaban los puestos de comida. Ni rastro. Suponemos que lo habrán cancelado. Acabamos en la Senior Common Room donde me pido tortilla de patata. Me gusta el riesgo. Es tortilla de patata dulce hecha al horno en cuenta de en sartén, y con patatas fritas para acompañar. Definitivamente, hay algo que esta gente no ha entendido. Por la tarde terminamos un poco antes porque algunos de nosotros nos vamos a la British Library a una conferencia de Patricia Lovett. Allí me compro el libro y me encuentro con Pablo Bosch que se ha venido a Londres porque ha empezado a trabajar en Dalton Maag. Maldito cabrón. Mola volver a verlo. Volvemos a Reading y a eso de las once ya estoy en casa con cuervos rondando mi cabeza. No me gusta el concepto de grupo de vamos todos juntos pero separados, no se espera a nadie y lo único importante es la conveniencia individual.

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De izquierda a derecha: Joana, Nate, Frank y Yui. En el centro: la «tortilla».

A las ocho de la mañana del viernes ya estoy corriendo en el gimansaio. Luego: más Frank. Sesión final matutina y feedback sobre nuestros proyectos. Cuando obtengo mi ración, me voy a casa. Como empiezo a estar hasta la polla de todo el mundo, me digo que es mejor tomarse la tarde para el placer personal: ir de librerías. No pesco casi nada. Por la noche me voy al The Three Tuns donde tomamos unas cervezas con Frank. Acompaño a Yui a casa y le ayudo a llevar su arroz. Un puto saco de arroz. Claro, si comes todos los días…

El sábado a las siete y cuarto ya estoy en el coche con Gerry. Nos vamos a hacer la carrera The Maverick Original Hampshire. Hora y media de ida que pasamos hablando de todo lo que se pueda hablar. Amo a este tipo, ya lo siento, pero es una de las mentes más brillantes con las que he tenido el placer de combatir y eso, para mí, es sexy. Y es un buen tipo. Un gran tipo. Buena persona como nadie. Eso sí, quiero destruirlo durante la carrera. La pena es que al final yo voy a hacer la 7k y él, la 14k. Yo, con mis rodillas, no me atrevo todavía a ir más allá de 10k. Además es mi primera off-road y quiero ver cómo es aquello. Y aquello resulta ser de lo mejor que he hecho en mi vida. Correr como un insensato trepando cuestas, sorteando árboles, yendo entre caballos, pisando mierdas, cruzando ríos y, en definitiva, con barro hasta la rodilla. Una 7k salvaje que disfruto como nunca. Al acabar, me plantan una cerveza en la mano. Me gusta el estilo inglés. Me cambio y espero a que llegue Gerry. El paraje es sensacional. Es una mezcla de Inglaterra con Canadá. Precioso. A mitad de nuestra vuelta a Reading, paramos a calzarnos un steak como lobos en un pub de carretera con sillones de lectura, techos de madera y chimenea encendida todo el año. ¿Quién me hubiera dicho a mí que un día tendría la oportunidad de hacer esto con el gran Gerry, discutir por ver quién paga y ganar yo? En casa me ducho, hablo con Cris y Carletes, y hago hora para irnos a tomar algo, a pesar de las incidencias sociales para hacer planes. La noche resulta ser una de esas situaciones tremendamente vacías que tanto me esfuerzo en evitar en mi vida normal. Regreso a casa cansado de personas mojigatas y relaciones planas. Espero que sólo sea una fase. Al menos, la charrada casera con Joana nunca decepciona. Jamás.

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Filetada con Gerry.

El domingo lo dedico a leer, escribir y ver desde la cama todo lo que se me ponga delante y que no tenga que ver con tipografía. Sigo entre deprimido y malhumorado: socialmente exhausto. Por la noche Joana y yo hacemos pizza casera porque es el protocolo contra el mal humor.

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