13 al 19 de marzo de 2017

El lunes, el sol y yo decidimos despertarnos sonriendo. Me voy al Studio con el abrigo colgado del brazo y escuchando mensajes de Dani, lo cual no hace más que mejorar mi estado de ánimo. He quedado con Yui para inspeccionar el archivo del Departamento. Está buscando el espécimen original de Univers y necesita ayuda. Y yo, claro, no puedo decirle que no. Lo encontramos y fotografiamos, pero por el camino me encuentro embobado con tesoros que tengo que dejar pasar diciéndoles hasta la vista, así, con la manita, nos veremos pronto, queridos. Luego tenemos clase de Michael sobre grabados en madera, electrotipia y esterotipia. Es ver los grabados en madera y acordarme de mi padre. Si viera la pericia y delicadeza con que las ilustraciones están trazadas alucinaría tanto o más que yo. Elena me acompaña hasta casa por teléfono y ya allí enchufamos el vídeo. Como pasta con cosas ricas, trabajo, me voy al Co-op con Joana porque así aprovecho a pasar un ratico con ella, nos compramos un helado y nos vamos a casa silbando. Sigo trabajando al son de Tony Bennet.

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La sesión de esta semana de Michael Twyman.

El martes me levanto temprano y le digo al Lole de hablar diez minutillos de un tema de Fontown. Dos horas y media después colgamos y me voy corriendo a clase del Mosley. Por el camino hablo con Carletes. James empieza en góticas alemanas y hace un repaso pasando por la nueva tipografía de Tschichold y que acaba en Frutiger que emocionaría a cualquier esté o no interesado en las letras. Me vuelvo a casa hablando con Damià sobre la nueva edición de Glílifo. Nada, una pregunta rápida. Una hora después tenemos un coitus interruptus porque se le acaba la batería. Como he quedado con María, al Skype directo y nos pegamos otra hora larga hablando. He hablado con ella muy pocas veces en mi vida, pero es siempre un enormísimo placer. Son las cinco de la tarde y me doy cuenta de no he comido. Me hago la comida. Me quedo dormido —mi primera siesta en Inglaterra—. Me despierto más jodido que antes. Me ducho. Llega Joana y nos tiramos hablando todo lo que queda de tarde. Me subo a mi habitación a ver si hago algo. Me llama Cris. Me doy por vencido.

El miércoles trabajo en Fontown antes de irme al Seminar de New sobre señales y tipografías para autopistas. Vuelvo y estreno con Franziska nuestro jardín —o ese inmundo agujero que se encuentra en la parte de atrás de nuestra casa— con una cerveza, mucho sol y agradable conversación. Trabajo un poco más en Fontown y, ahora sí, abro Glyphs y ya no quiero saber nada más de nadie hasta que no sea medianoche.

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Bigote-look-selfie-qué-moderno-soy.

El jueves tenemos sesión con Victor Gaultney sobre Latin Extended. Lo amo mucho. Tener a este tipo con regularidad por aquí es un lujo. Nos vamos al Foodie Thursday y hoy como pollo con hash potatoes que está jodidamente bueno. De allí al Seminar de uno de los doctorandos. Hoy, precisamente, es Victor quien habla. El tema y la posterior discusión sobre qué es, qué implica, dónde empieza y dónde acaba el proceso de diseño es de esas cositas que te hacen sentirte afortunado de estar aquí. Por la tarde tenemos feedback con Victor. Salgo contento y esto empieza a ser una tónica habitual. Mi trabajo parece ser bueno, los consejos que me dan son realmente interesantes y sus felicitaciones —como la de Fred la semana pasada— son de esas cosas que me guardaré para toda la vida. Me voy a casa y me pego una buena charrada con Carletes. Ayer mismo le decía a Joana cuánto echaba de menos un reto dialéctico e intelectual. Y Carletes nunca falla. Viene Joana y comemos yoghurt de fruta de la pasión. Si no me puedo ganar la vida con la tipografía, creo que me dedicaré a la importación de productos lacteos británicos. Si nos dejan.

El viernes me levanto temprano y decido que hoy es mi día libre de la semana. Comemos pasta a la carbona edición portuguesa, hablo con Elena, con Cris, molesto a Joana todo lo que puedo, ordeno la habitación, actualizo/renuevo mi web porque escribir código me relaja, y leo por placer. Empiezo The invisible guardian, siendo el primer libro que me leo en inglés que ha sido escrito originalmente en español. Y puede que el último, porque hacerlo es una tontería como un piano. Además ya lo leí hace unos años, pero me apetecía releerlo y como ahora solo leo en inglés por aquello de no perder comba, pues digo, ¿por qué no?

El sábado me voy por la mañana al centro a por sake porque he comprado una rice cooker y arroz y cosas japos, y es lo único que me falta. No encuentro. Ya que estoy aquí me doy una vuelta por las librerías de segunda mano. No encuentro. Hoy no es mi día. Vuelvo a casa y trabajo como un descosido. Por la noche Joana y yo hacemos lasagna. Pero qué lasagna. Premio a la triunfada del año. Pensábamos salir y nos quedamos tan hartuzos que nos rendimos a la evidencia y al sofá.

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La lasagna del año.

El domingo sigo trabajando pero a las diez hago una pausa y me voy al campus. Hoy es la media maratón de Reading y me apetece verla. Lo hago con una sonrisa. Saludo a Gerry que la está corriendo como un campeón. Paso casi una hora viendo gente correr. Me vuelvo a casa y sigo trabajando sin parar. Paro a las siete. Me doy una lucha larga. Me vuelvo a dejar bigote. Me pongo a leer. Espero a que venga Natalia. Quiere hablar conmigo. Llega casi a la vez que Joana —que ha pasado el día en Londres— y bebemos cerveza y hablamos. No es una mala manera de acabar el fin de semana.

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Media maratón a su paso por el campus.

6 al 12 de marzo de 2017

El lunes me levanto y me voy directo al gimnasio a correr como un poseso. Después a clase de Michael que hoy revisa cómo los europeos hemos interpretado los sistemas de escritura que no son el nuestro desde el siglo XV al XIX. De allí directo a casa a darle duro a Glyphs hasta las once mientras escucho a los Rolling para subir el ánimo. Es la primera vez que siento ansiedad —esa desagradable sensación en el estómago— en tres años y no sé muy bien por qué. Pero no me gusta.

El martes es el Seminar de Natalia sobre Language patterns, una teoría que parte de la arquitectura, viaja a través de la algorítmica y que Gerry adapta como nadie a la tipografía. Creo que es un enfoque que me servirá para mi dissertation. Luego tenemos clase de Mosley sobre Johnston and Gill. Cuando acaba yo tengo ganas de aplaudir hasta con las orejas. Me voy a comer un sándwich con Joana a la Senior Common Room. Volvemos para el feedback con Gerry. Quedo contento. Vuelvo a casa y me enchufo Glyphs en vena mientras escucho BBC Radio 4. El momento cumbre es el programa The public philosopher que hoy trae a Michael Sandel para hablar sobre si ’Would life be better if robots did all the work?’. Creo que es la primera vez que soy de verdad consciente de que estoy escuchando la radio en inglés con la misma facilidad con que lo hago en español. Echo la vista atrás y veo que llevo ya meses haciéndolo. Pues igual hay que dejar de hacerse el tontito, ¿no? Por cierto, el programa: ¡lo max! Termino de trabajar a las doce, saltándome mi propia regla.

Esta semana nos visita por segunda vez Fred Smeijers. El miércoles por la mañana da una charla sobre su trayectoria. Descubro todo su trabajo de tipo corporativa. Este hombre es un grande con todas las letras —vaya juego de palabras, ¿eh?—. Me voy a comer con Natalia y Joana a la Senior Common Room. Por la tarde comienzan los feedback pero yo me reservo para mañana, así que me voy a casa a asear mi tipo.

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Con Natalia y Joana en la Senior Common Room.

El jueves ya sí, discuto con Fred sobre mi proyecto. Me dice cosas muy interesantes y quedamos en hacer algunos cambios y revisar de nuevo mañana. A mediodía nos vamos al Foodie Thursday y yo me zampo una hamburguesa de proporciones épicas a ver si así tal. La felicidad tiene forma de albóndiga aplastada, amigos. Por la tarde seguimos currando pero como yo trabajo mejor en mi casa y estoy en plan pasota, me entretengo haciendo de guía turístico. A veces viene gente a visitar el Departamento y hoy están aquí Anaïs (Bélgica) y Mona (Alemania). La primera hará el Master al año que viene y la segunda quiere aplicar. A eso de las cinco me voy con Andrea a la Senior Common Room a beber cervezas. Le dio un bajón esta semana y en español todo se habla mejor. Hablamos, reímos, chismeamos y bebemos. Es un sol de mujer, la verdad. Por cierto, me dice que se nota que me pasa algo. Y es verdad que se me debe de notar porque esta semana todo el mundo, de repente, me ha empezado a preguntar por Cris. Andrea me pide que me deje de mierdas y vuelva a ser yo, que si no la clase se siente muerta. Más tarde se nos unen Ute, Franziska, Mona y dos amigas suyas también muy alemanas. Seguimos bebiendo y yo me pongo a fumar como un loco porque sería de mala educación no aceptar algo que te ofrecen desde Alemania. Y estoy ansioso. Y todavía algo triste. Si no recuerdo mal, llego a casa cerca de la medianoche riendo con Franziska.

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Feedback con Fred Smeijers.

El viernes me levanto con una ligerísima —pero igualmente molesta— resaca y me voy al Studio. Trabajo a tope para aplicar los cambios que tendría que haber hecho ayer y por la tarde se los enseño a Fred. Ambos quedamos contentos. O al menos estoy seguro de que yo lo estoy, porque este hombre no tiene en la expresividad su mejor virtud. Me voy a casa a trabajar y por la noche me voy con Yui. La amo con locura y estas citas a solas me dan la vida. Ella quiere hablar sobre su futuro laboral, así que nos vamos a un italiano a ponernos hasta el culo de comida mientras charlamos.

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Cenando con Yui en Zizzi.

El sábado me levanto tempranísimo y a trabajar como un jodido loco. Glyphs echa fuego, señores. Y lo que estoy haciendo cada vez me gusta más. Yui tiene una reunión importante hoy y cuando termina nos pide a Joana y a mí si puede venir a charlar con nosotros. ¿Cenar con Joana y Yui? ¡Es el plan perfecto! Trabajo hasta las siete, me afeito, solo sobrevive el bigote porque estoy empezando a arrancarme otra vez pelos de la barba como un chimpancé engorilado, me ducho y me voy a comprar cositas al Co-op. El cajero, que ya es amigo mío, me pregunta a qué edad me quedé calvo pero que no me preocupe que soy muy fancy y muy cool y que mi estilo llevando gorras es lo más. Bueno, pues si tú lo dices. Y así, mientras me cobra las patatas. Me encuentro a Yui y nos vamos juntos a Foxhill. Hacemos huevos rotos con jamón que es siempre un acierto. Noto que Yui mira cómo frío un huevo con la misma curiosidad ante lo exótico con que yo la miraría a ella cocinando makizushi. Hablamos largo y tendido. Disfruto como un enano y para rematar la velada, nos vemos una película japonesa de animación: Your name. Preciosa. Mucho más que preciosa. Nos quedamos hablando hasta las dos de la madrugada.

El domingo me levanto temprano y disfruto trabajando mientras oigo la lluvia caer. A mitad de mañana sale el sol y ya no se va. Yo tampoco. Cada vez me gusta más este país.

20 de febrero al 5 de marzo de 2017

El lunes por la mañana tenemos Seminar de Yanghee sobre Gerrit Noordzij. Es curioso cómo, de repente, toda su teoría se derrumba cuando la miras desde un punto de vista académico y global. Al menos, sigue siendo una buena herramienta didáctica. Y sí, oficialmente el próximo Seminar es el mío. Ay, el complejo que tengo con el inglés creciendo en tres, dos, uno… Me voy a hablar con Gerry sobre el guión para mi dissertation y me dice que muy bien pero que mejor cambiando esto y aquello. Clase de Michael Twyman sobre formularios. Sigo sin salir de mi asombro con cómo este hombre puede sacar tanta o más información de productos efímeros que de las grandes publicaciones. Es una aproximación interesantísima. Por cierto, también graban esta clase porque es su último año enseñando y, esta vez, estoy aquí. Luego tenemos feedback con Gerry pero el mío dura, literalmente, treinta segundos porque soy el último, está todo muy bien, vamos a mi despacho. Hablamos de mi Seminar. Está perfecto, explica más tu conclusión porque es muy interesante y quiero que se entienda bien, y reformula esta frase porque no sé lo que significa. ¿Cómo puede ser que no entienda algo que está en perfecto inglés? Me dice que es «español escrito con palabras en inglés». Ah, vale. Pero una sola frase errónea en un documento académico de dos mil y pico palabras no está mal, ¿no? En casa, Cris me desarrolla aquello de que la perrica de su hermana ya ha vuelto a casa muerta de hambre, nos echamos unas risicas buenas porque ya estamos todos más relajados y me pongo a trabajar en Fontown. Ceno porque hoy no he comido. Me veo el partido All-Star de ayer.

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Michael Twyman mostrando un pasaporte del siglo XIX.

El martes por la mañana trabajo en Fontown y a las doce me voy a clase de James Mosley que hoy versa sobre William Morris y las Private Presses. Deliciosa, como siempre. Ya en casa, reviso mi propuesta de dissertation y se la envío a Gerry. Como se me han hecho las cinco de la tarde y no he comido, me hago la típica marranada con macarrones y lo que pillo por la nevera. Trabajo en mi Seminar hasta las doce. Termino la temporada de Santa Clarita Diet.

El miércoles no tenemos clase, así que paso el día trabajando en el paper de mi Seminar poniéndolo bonito y desarrollando aquello que me dijo Gerry. A las ocho se lo envío y me voy al gimnasio a correr. A la vuelta paso por el Co-op para comprar un de todo y me encuentro con un grupo de jovencitos borrachos de traje. Tienen pinta de ser parte de una hermandad y son muy ruidosos, que es la manera políticamente correcta de decir gilipollas. Cenamos los tres juntos y me bebo dos cervezas. Como si a mí me gustara la cerveza.

El jueves me despierto con la respuesta de Gerry porque él está en Sri Lanka y no vamos sincronizados. Que muy bien todo. Me voy al Studio. Hace un viento de mil pares de cojones. Sopla con fuerza pero yo estoy acostumbrado al cierzo, así que no me asusta pero me recuerda lo poco que echo de menos mi ciudad —climatológicamente hablando—. De hecho, empiezo a pensar que es mentira aquello de que aquí el tiempo es fatal de la vida. Al menos, no lo es si vienes de Zaragoza. Incluso hace ya unos días que viene haciendo un solete la mar de rico. El caso, que hoy tenemos sesión de diacríticos con Victor Gaultney. Amo a este tipo. La sesión es ultra-interesante. Es fascinante cómo se puede profundizar tanto en un tema que puede parecer menor, pero que es de vital importancia. Luego tenemos feedback individual y me dice unas cosas chachísimas sobre itálicas. Me voy a la Reading Room a escanear algunas fotografías para preparar mi presentación del lunes. En casa paso toda la tarde en Keynote tratando de estructurar lo que quiero contar. Por la noche, paso un par de horas maquillando mi paper con Joana. Aprendo más inglés en estas dos horas que en toda mi vida. Lo de esta chica, no es normal. Todo lo que he escrito es mayormente entendible y no hay errores graves, pero hay mucha chicha que cortar y muchas cosas que no sonarían naturales para un nativo. En español podemos alterar el orden de los elementos para darle más color a lo que escribimos. En inglés, el rango de movimientos es más limitado. Ah, y las preposiciones: me siguen llevando de calle.

El viernes me levanto, repaso el paper otra vez y se lo envío a mis coleguitas de clase. Primera parte contratante: hecha. Las entradas para la conferencia de Chomsky en Reading se agotan en minutos. Yo me quedo sin. Me pongo a trabajar en la presentación. A mediodía me veo el debut de Cousins con los Pelicans. Por la tarde sigo a lo mío. A las ocho me voy a correr y cuando vuelvo todo se ha ordenado en mi cabeza; así que, en cuenta de trabajar, ración doble de baloncesto y lectura.

El sábado, más de lo mismo. Trabajo en la presentación y solo paro para hablar con Cris, Elena o Joana. Gerry me llama desde Sri Lanka y como no se lo cojo porque no me entero, me envía un vídeo. Está con los estudiantes del pasado año pasándolo teta. Por la noche yo me voy a correr y Joana de cena con algunos de los compañeros de clase. Prefiero quedarme en casa, cenar tranquilo y ver basket.

El domingo trabajo y… ¿este diario empieza a ser aburrido o es sólo cosa mía? En fin, que sigo trabajando porque mañana presento. Fingers crossed!

El lunes aún no son las siete y ya estoy repasando mi presentación. Ya no me pongo nervioso antes de hablar en público, pero tener que hacerlo en inglés me genera una inseguridad que es peor que los nervios. Cuando llega la hora, me voy al Departamento. Espero a Gerry. Hablamos de Sri Lanka. Preparamos todo y a las nueve y media, con la clase ya llena, empiezo. Me siento cómodo de cuerpo y mente, pero atenazado de lengua. Ya puedo hablar con cierta fluidez, pero si tengo que explicar conceptos complejos y decir palabras a las que no estoy habituado, mis demonios vuelven a aparecer. Como ya sabía que eso iba a pasar, las frases más complicadas las tengo en las notas de las diapositivas. Cuando me trabo, leo con naturalidad y santas pascuas. Termino y compruebo que no ha ido tan mal. Hace unos meses no hubiera sido capaz de hacerlo y dentro de unos meses ya lo haría perfectamente. Pero lo he hecho ahora y bien hecho está. La buena noticia es que no lo he pasado mal ni he sufrido. La mala, que no he disfrutado como suelo en estas ocasiones. Nos vamos a clase de Twyman —fotograbado—, Gerry nos regala catálogo de Commercial Type y charla de Laurence Penney —el tipo detrás de Axis-Praxis— sobre Variable Fonts. Todo muy bien a pesar de mi enorme dolor de cabeza. Supongo que será por la tensión liberada tras el Seminar. Hago videollamada con mis padres para comprobar que siguen vivos porque hace semanas que no me comunico ni por aquí ni por allá con ellos, y me voy al gimnasio a correr. La noche, de relax con patatas fritas, chorizo y NBA. Todo muy grosero.

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¡Diapositiva final!

El martes comenzamos el workshop con Frank Grießhammer (Adobe) sobre AFDKO y toda esa parte técnica que tanto echo de menos en mi vida de vez en cuando. Disfruto como un niño. Decido reincorporar el terminal a mi día a día. A mediodía tenemos clase de Mosley sobre Art Nouveau. Por la noche hacemos Pancake Party en Foxhill porque, al parecer, es el día nacional del Pancake. Viene casi todo el mundo, hablamos, comemos y bebemos. Bien. Me quedo hasta las tres de la mañana viendo vídeos de Nadie sabe nada en YouTube como un millennial cualquiera —que para eso lo soy—.

Me despierto cinco horas después y me voy al Studio. Seguimos con Frank. Este tipo mola mogollón. Por la tarde: charleta con Carletes y dos horas y media de disfrute con Juan Luis Blanco. Para rematar la noche: Cris a tope.

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Workshop con Frank.

El jueves: más Frank. A mediodía interesantísimo Seminar de Ferdinand Ulrich y nos vamos al centro del Campus porque por la mañana he visto cómo montaban los puestos de comida. Ni rastro. Suponemos que lo habrán cancelado. Acabamos en la Senior Common Room donde me pido tortilla de patata. Me gusta el riesgo. Es tortilla de patata dulce hecha al horno en cuenta de en sartén, y con patatas fritas para acompañar. Definitivamente, hay algo que esta gente no ha entendido. Por la tarde terminamos un poco antes porque algunos de nosotros nos vamos a la British Library a una conferencia de Patricia Lovett. Allí me compro el libro y me encuentro con Pablo Bosch que se ha venido a Londres porque ha empezado a trabajar en Dalton Maag. Maldito cabrón. Mola volver a verlo. Volvemos a Reading y a eso de las once ya estoy en casa con cuervos rondando mi cabeza. No me gusta el concepto de grupo de vamos todos juntos pero separados, no se espera a nadie y lo único importante es la conveniencia individual.

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De izquierda a derecha: Joana, Nate, Frank y Yui. En el centro: la «tortilla».

A las ocho de la mañana del viernes ya estoy corriendo en el gimansaio. Luego: más Frank. Sesión final matutina y feedback sobre nuestros proyectos. Cuando obtengo mi ración, me voy a casa. Como empiezo a estar hasta la polla de todo el mundo, me digo que es mejor tomarse la tarde para el placer personal: ir de librerías. No pesco casi nada. Por la noche me voy al The Three Tuns donde tomamos unas cervezas con Frank. Acompaño a Yui a casa y le ayudo a llevar su arroz. Un puto saco de arroz. Claro, si comes todos los días…

El sábado a las siete y cuarto ya estoy en el coche con Gerry. Nos vamos a hacer la carrera The Maverick Original Hampshire. Hora y media de ida que pasamos hablando de todo lo que se pueda hablar. Amo a este tipo, ya lo siento, pero es una de las mentes más brillantes con las que he tenido el placer de combatir y eso, para mí, es sexy. Y es un buen tipo. Un gran tipo. Buena persona como nadie. Eso sí, quiero destruirlo durante la carrera. La pena es que al final yo voy a hacer la 7k y él, la 14k. Yo, con mis rodillas, no me atrevo todavía a ir más allá de 10k. Además es mi primera off-road y quiero ver cómo es aquello. Y aquello resulta ser de lo mejor que he hecho en mi vida. Correr como un insensato trepando cuestas, sorteando árboles, yendo entre caballos, pisando mierdas, cruzando ríos y, en definitiva, con barro hasta la rodilla. Una 7k salvaje que disfruto como nunca. Al acabar, me plantan una cerveza en la mano. Me gusta el estilo inglés. Me cambio y espero a que llegue Gerry. El paraje es sensacional. Es una mezcla de Inglaterra con Canadá. Precioso. A mitad de nuestra vuelta a Reading, paramos a calzarnos un steak como lobos en un pub de carretera con sillones de lectura, techos de madera y chimenea encendida todo el año. ¿Quién me hubiera dicho a mí que un día tendría la oportunidad de hacer esto con el gran Gerry, discutir por ver quién paga y ganar yo? En casa me ducho, hablo con Cris y Carletes, y hago hora para irnos a tomar algo, a pesar de las incidencias sociales para hacer planes. La noche resulta ser una de esas situaciones tremendamente vacías que tanto me esfuerzo en evitar en mi vida normal. Regreso a casa cansado de personas mojigatas y relaciones planas. Espero que sólo sea una fase. Al menos, la charrada casera con Joana nunca decepciona. Jamás.

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Filetada con Gerry.

El domingo lo dedico a leer, escribir y ver desde la cama todo lo que se me ponga delante y que no tenga que ver con tipografía. Sigo entre deprimido y malhumorado: socialmente exhausto. Por la noche Joana y yo hacemos pizza casera porque es el protocolo contra el mal humor.

13 al 19 de febrero de 2017

El lunes me levanto, repaso el paper de mi Seminar porque con la cabeza fresca todo se ve mucho mejor, trabajo en Fontown y me voy a clase de Michael. La sesión de hoy es especialmente espectacular por la cantidad de material y lo interesante del tema: popular books. Me voy a casa y me encuentro con que Cris me ha enviado una carta. Lloro. Remato mi Seminar pero trabajando desde la cama para engañar a mi cabeza y que parezca que he cambiado de ambiente y que mi vida sucede más allá de mi escritorio. Ceno con Joana. Leo por placer.

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Pequeña muestra de la sesión con Michael Twyman.

El martes me levanto en un más temprano todavía, me voy a la Biblioteca principal a comprobar unos cuantos libros, de allí a la del Departamento, escribo cuatro cosas más y escaneo material para guardar y disfrutar cuando ya no esté aquí. Nota para todo el mundo: ¡no me quiero ir jamás! Sesión con Fiona sobre scripts indios, en la que vemos material original, entendemos cómo interpretar sistemas de escritura que no son los nuestros y oímos anécdotas de cuando ella contradecía a este o aquel. Este o aquel a veces es Matthew, otras veces es Tom… Nada más terminar me voy a correr y remar en el gimnasio. A casa a leerme el paper y enviárselo a Gerry. Me vacila desde instagram. Leo un poquito más y acabo el día con NBA y granola.

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Sesión con Fiona Ross.

El miércoles me levanto temprano —nunca la monotonía fue tan excitante—, trabajo en Glyphs, me voy al Departamento a mediodía porque tenemos sesión con Fiona, Bornā y Emanuela sobre métodos de investigación, me vuelvo a casa y sigo trabajando. A las once termino porque es la regla que me impuse y porque ya me pican los ojos. Baloncesto, leer y a dormir.

El jueves me levanto triste. Supongo que influye ver a Cris llorando dos días seguidos desde una minúscula pantalla —se le ha escapado la perra de su hermana mientras la paseaba—. Me voy al workshop que tenemos de árabe con Mohamad. Me resulta interesantísimo su enfoque de la evolución del script. Me leeré su dissertation. De allí nos vamos al Seminar de Irmi y, cuando acaba, al Foodie Thursday. Como sigo sumido en un extraño estado de tristeza, me pillo una hamburguesa que no está para tirar cohetes pero que algo hace. Volvemos al Studio y Natalia y yo tenemos sesión de feedback con Mohamad. Cuando terminamos, me voy al gimnasio a ver si así tal. No funciona. Me voy al Co-op y me compro fruit ciders, chilli crisps y un tarro de cookie dough ice cream —lo pongo en inglés para que mi madre no se preocupe—. Me lo como todo a la vez, aunque Joana me ayuda un poco mientras hablamos. Me pongo a trabajar hasta las doce. Me enchufo un partido.

El viernes me vuelvo a levantar temprano y me pongo a trabajar como un descosido. Duermo poco, como menos, apenas me canso y nunca me estreso. Joana no es la primera persona que me dice que soy un workaholic —aunque últimamente sólo me llama robot—, pero quiero que sea la última. Después del Master tengo que cambiar este bucle en el que estoy metido desde hace años de trabajar todas las santas horas de todos los santos días. Porque aunque yo crea que no necesito fines de semana y fiestas de guardar, no soy una máquina y, aunque no me gustan, son entendibles esos colapsos que me dan una vez al año y que me hacen parar con absolutamente todo durante tres o cuatro semanas. Llevo meses pensando que tengo que cambiar, pero hoy ha sido el día en que lo he decidido. Nota para Cris: hay que viajar más, que la vida se nos va. El detonante ha sido que, por primera vez en mucho tiempo, me he sentido paralizado, presa del pánico, rendido, abatido, sin tiempo para reflexionar y sin tema para mi dissertation. Me calmo. Respiro. Trazo un plan. Trabajo todo el día pensando mucho y haciendo poco. Tengo tema. A las ocho me voy al gimnasio para romper el bucle de pensamiento y liberar mi mente. Vuelvo a casa y me dedico a ver The man in the high castle.

El sábado me levanto con dolor de cabeza. Pero trabajo. A mitad de tarde me voy con Joana al Co-op y compramos carrot cake y chilli crisps. Nos las comemos. ¿He dicho ya que amo a Joana? Sigo trabajando y por la noche me voy a cenar al The Three Tuns con Yui para hablar de nuestras dissertations. Me zampo un filetón. Ella mac&cheese porque le suena super exótico. Hablamos largo y tendido de esto y aquello y me siento tan cómodo que me río como hace mucho que no me río. ¿He dicho ya que amo a Yui? La acompaño al Co-op para que compre unas cosas y yo descubro que todavía existe el Spam y que da mucho asco. La acompaño a su Hall y me voy a casa.

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Cena con Yui en The Three Tuns.

El domingo me levanto con dolor de cabeza y picor de ojos. Esto no mejora. Al menos, de energía voy sobrado. Trabajo, como con Joana y sigo trabajando. A las ocho le envío mi proposal a Gerry y le pido cita para mañana. Me doy una ducha de las largas. Hago pizza casera con Joana a ver si logro animarla. Este Master exige demasiado y para las benjaminas del grupo a veces no es fácil. Pero como de inteligencia y talento van sobradas, acabarán petándolo. ¡A ver si se me pega algo! Para terminar la noche, triples y mates del All-Star de ayer.

6 al 12 de febrero de 2017

El lunes me salto las clases porque lo que ha empezado siendo una reunión tempranera y casual de Fontown se ha acabado convirtiendo en cuatro-malditas-horas. Al menos, contrariamente a lo que se pueda pensar, han sido fructíferas. La pena es que me pierdo la clase de hoy sobre cromolitografía de Michael, que además iba a grabarse —no sé muy bien con qué cometido—. Así que mi pirola ha sido registrada. Fantástico. Al menos me paso el día trabajando como un poseso y por la noche me veo dos partidos de NBA. He desarrollado un sistema con el cual en una hora me finiquito un partido.

El martes toca seminar de Murad sobre Global typography. Se nota el esfuerzo que pone en expresarse. Es, con diferencia, el que peor nivel de inglés tiene. Se le ve realmente aliviado cuando termina. Tanto que me dice que va a hacer una cena con sus amigos. Por supuesto, solo hombres, por supuesto, estoy invitado y, por supuesto, no iré. Luego clase de James sobre Old Style y por la tarde feedback con Gerry. En uno de los descansos conozco a Pria, una doctoranda india. Ella me conoce. Le pregunto que cómo es posible. ¿Porque yo vivía con Pathum y estuviste cenando en mi casa antes de empezar el curso, porque estuvimos hablando, porque coincidimos un par de veces más? Glups. Mis problemas de memoria me la vuelven a jugar. Un lo siento mucho y un no volverá a ocurrir al más puro estilo juancarlista no me parecen suficientes. Me voy a casa, trabajo en Glyphs hasta las ocho y me voy al gimnasio. A la vuelta hago la colada y me inyecto otro partido de baloncesto.

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Colgando papel para el feedback de Gerry.

El miércoles tenemos vista en Foxhill de Hide, un amigo japonés de Yui que al año que viene hará el MATD y que está buscando alojamiento. Le enseñamos la casa, le contamos los secretos y tenemos la despedida más extraña de lo que llevamos de curso. Por mucho Terrace House que vea, no consigo entender los protocolos sociales de esta gente. Me reafirmo en la idea de que Yui es una punky a ojos de los japoneses. Para nosotros, en cambio, es una dulcísima e inocente criatura. Paso el resto del día en Glyphs y comenzando a redactar mi Seminar. A la hora de comer me pruebo a ver algo sin los malditos subtítulos en inglés. A pelo. Que ya es hora. Me pongo un par de episodios de Friends y sin problemas. Mola. Me quedo trabajando hasta las once. Me pongo a leer, ver vídeos o whatever hasta las dos. Una vez superada la fase de que al llegar la noche mi cerebro se quedaba frito por el inglés, ya puedo estar desde las siete de la mañana en adelante como una moto. Necesito que me saquen a pasear para cansarme.

El jueves por la mañana me levanto con dolor de cabeza, lo que me recuerda cuántos tenía a principio de curso. Ya no me pasa y el de hoy probablemente sea debido a que no he dormido suficiente. Trabajo un poquito en Glyphs y a las doce estamos en el Foodie Thursday. Hoy, como es temprano, puedo elegir el sitio que suele estar más concurrido y que hoy todavía está vacío. Pollo con arroz a la jamaicana. Está de puta madre. Nos vamos a ver el Seminar sobre el doctorado que está haciendo Pria. Tan interesante que se me hace corto. Nos vamos al Studio y yo me pongo a imprimir páginas y más páginas. En este país estoy gastando más dinero en papel que en cualquier otra cosa. Aprovecho para preguntarle a Yui qué se supone que tendría que haber hecho en la despedida con su amigo, que para mí fue un poco raro. Me dice que para ella también fue extraño y más aún viniendo de un tipo que ya lleva tres años viviendo en Europa. Ahora sí que no entiendo nada. Me voy a la Reading Room a buscar el Penrose Annual del 58 y me encuentro con Francisca. Hablamos un rato a volumen mediterráneo. Me voy a casa, trabajo, mato media hora tonta con Elena —‘media hora tonta’ de ella, porque es siempre ella quien decide cuándo empezamos y cuándo acabamos— y a las ocho me voy a correr. Cuando vuelvo, paso un buen rato con Joana e Igor, que ha venido a visitarnos una semana. Trajo Pasteis de Nata y es de los mejores dulces que he probado en mi vida. Me subo a ver NBA y luego me estoy leyendo esto y aquello hasta pasadas las dos de la mañana. ¿Por qué no puedo dormir? Al menos se me ocurren unas cuantas cosas para mi proyecto.

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Mi cama en modo Seminar.

Viernes no hay clase. Me levanto temprano y a trabajar en Fontown. Nieva a mediodía. Por la tarde a trabajar en mi Seminar. A las diez me voy a The Jolly Anglers porque allí están unos cuantos más Fokionas, el novio de Natalia. Me encanta el tipo. Sobre las doce estamos en casa pero entre unas cosas y otras, espera que me leo esto y me veo este partido, me echo a la cama a las tres.

El sábado me levanto un poco menos temprano. Trabajo todo el día en mi Seminar. Me re-enamoro de iA Writer. Cris va por primera vez al cine sola y a mí se me rompe el alma. Dejo de trabajar a medianoche y me veo un partido.

El domingo me levanto temprano y trabajo todo el santo día. Por la noche me voy a correr al gimnasio y me zampo un pizza y un partido. Todo ello sin respirar. Ha sido un fin de semana intensito.

30 de enero al 5 de febrero de 2017

El lunes por la mañana lo dedico a estrenar mi nuevo puesto en Fontown, me voy a clase de Michael —hoy tocan libros a medio hacer, difícil de explicar pero sumamente interesante— y de allí a la farmacia. Yui está enferma y me ha pedido si le podía ir a comprar medicinas. Se las llevo a su Hall y cuando la veo tiene cara de que no va a sobrevivir. Me dice que mañana irá a clase y que si es muy raro si va con mascarilla —en Japón las usan tanto para prevenir contagiar como para no contagiarse—. Le digo que raro es, pero en el buen sentido. A ver qué hace. También me voy a comprar verduras. Como, trabajo y hago hora para una llamada con Carletes. Cuando terminamos, a trabajar de nuevo. Por la noche: a leer.

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Clase de Twyman.

El martes tenemos seminar de Joana sobre Knuth y Hofstadter —lo hace genial, el tema es apasionante y Yui va sin mascarilla—, nueva lección de James y feedback vespertino con Gerry. Solicito una reunión con él para mañana y me voy a casa. Preparo lo que quiero decirle pero se lo envío primero a Yui para que lo revise. Esta chica analiza todo de tal manera que me ayuda un montonísimo.

El miércoles me paso todo la mañana en Glyphs. A mediodía tenemos que comprar los billetes para Bélgica —esto ya lo cuento dentro de unos meses— y me doy cuenta de que no tengo mi tarjeta. La última vez que la saqué del bolsillo fue en el Co-op hace dos días. Nunca pierdo nada y la primera vez tiene que ser aquí. Ay. Voy al Co-op y por suerte la tienen guardada y además se acuerdan de mí. Me voy a la reunión con Gerry, dura una hora y salgo con más dudas de las que he entrado. Llevaba unas semanas dándole vueltas al tema de mi dissertation y él coincide en que deje eso y vaya por el camino de enmedio de esto y aquello. Tengo que pensar mucho sobre cómo resolver el acertijo, así que me voy al gimnasio, corro, me ducho y a casa. Intento poner todo por escrito para poder repensarlo mañana.

El jueves tenemos workshop de Type Hacking con Fraser Muggeridge en el que experimentamos con la forma de las letras, las leyes de la legibilidad y la aleatoriedad de la geometría. El propósito es romper una tipografía y refrescar nuestras mentes de diseñadores atados a la perfección de una curva. En el descanso de mediodía toca ir al mercadillo de comidas del mundo. Hoy elijo hamburguesa de brisket deshilachada —de hecho, pensaba que era pulled pork— que resulta estar para chuparse los dedos. Hablo con los que preparan la paella y me dicen que por las pintas y el acento les había parecido de aquí. De Inglaterra. Me parto. Por la tarde, tras acabar el workshop con un resultado interesante, me voy a casa a currar en mi tipo. Porque yo he venido aquí a trabajar en mi tipo —Paco Umbral dixit, más o menos—. A las once freno y NBA, as usual.

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Viendo los resultados finales con Fraser Muggeridge.

El viernes me levanto en un más temprano todavía y trabajo toda la mañana en Glyphs y toda la tarde en Fontown. Por la noche, me voy con Nathan, Joana, Paul y Kaja a cenar —en mi primer Uber, qué maravilla de servicio— al Handmade Burger, a beber al The Pavlov’s Dog y a bailar al After Dark. A la salida, me hago amigo de dos ingleses, uno de ellos el camarero de la hamburguesería. Toca la guitarra y conoce a Toundra. ¿Cómo no me voy a hacer amigo tuyo? ¿Cómo no me voy a echar un cigarro contigo, copón? Reto de hacer amigos en inglés yendo borracho como una cuba, desbloqueado. Como solo quedamos Kaja, Joana y yo, nos vamos a casa porque con la tontería se nos han hecho las cuatro y vamos muy tocados. Por el camino tenemos hasta un poco de drama con lágrimas derivadas del alcohol pero que nacen en las distancia a nuestros hogares. No, esta vez no soy yo. En casa me quedo hablando con Joana hasta más allá de las seis. Como si no tuviéramos otra cosa mejor que hacer.

El sábado me levanto tras cinco escasas horas de descanso y con un dolor de cabeza castigador así que me ducho y me veo un partido. Hoy tocaba trabajar en el Seminar pero creo que me voy a tomar el día libre. Me escribe Paul para quedar. Lleva toda la semana apoyándose en mí por razones que no vienen al caso aquí y hoy hace un día precioso que no vale la pena desaprovechar. Le digo que sí. Lo paso a buscar y, como él ya ha comido, vamos a la tienda central del Campus y me compro un sándwich y un Magnum White porque yo lo valgo. Le propongo explorar juntos The Harris Garden mientras caminamos y hablamos. La conversación va y viene durante dos horas largas. Me voy a casa. A las nueve ceno cosas gordas —muy gordas— mientras veo NBA. A las nueve y media estoy dormido.

El domingo me levanto temprano. Trabajo. Hablo con Cris. Vuelvo a trabajar. Vuelvo a hablar con Cris. Trabajar, trabajar, trabajar… Al final del día, estoy con unas ganas locas de huevos rotos con jamón. Por qué, nadie lo sabe. Pero Joana y yo nos vamos a comprar patatas dulces y prosciutto, y nos damos un homenaje a base de una interpretación libre de mi antojo. Luego, baloncesto.

23 al 29 de enero de 2017

El lunes me levanto temprano, a las ocho ya estoy trabajando y a las once y media con Michael viendo monogramas. Paso la tarde trabajando en la Biblioteca. Necesito cambiar de ambiente porque trabajo de lunes a domingo sin salir de una habitación en la que también duermo, leo, escribo, medito, descanso, bebo cerveza y veo series. Mi vida no se puede reducir a esas cuatro paredes y en esta Biblioteca se está estupendamente. Acabo el día en el gimnasio.

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Sesión de Michael Twyman.

El martes es mi cumpleaños. Treinta y tres. Me levanto, medito, veo las primeras felicitaciones de Cris —los filtros de Snapchat son perfectos para hacer el tonto en estas ocasiones—, bajo a por mi té, Joana me felicita con verdadero cariño y me voy al Studio. Hoy toca Seminar de Andrea sobre modern typography con la posterior clase de Gerry y la entrada de una tarta red velvet sorpresa con sus velas y su happy birthday cantado. No soy muy de celebrar cumpleaños, pero estar lejos de casa, de Cris, de Bunbury, de la tarta de chocolate con galletas que obligo a mi madre a hacer cada año y de mis amigos, hacen que estas cosas se agradezcan de un modo especial. Reparto abrazos a diestro y siniestro. Antes de irnos a clase de Mosley invito a Gerry a que se venga con nosotros a tomar una cerveza después de clase. Acepta encantado —aunque finalmente no pueda venir—. A mediodía, sin tiempo para comer, tengo reunión con Fiona, que en el uno a uno entiendo mucho mejor. Es a la única persona a la que todavía tengo dificultades para entender. Cris me hacía notar el otro día que ya no escribo en el blog sobre el idioma, y es porque ya entiendo a todo el mundo en un 95 % y yo ya puedo ser más o menos yo hablando. De hecho, lo noto en mi relación con Gerry, por ejemplo. Esto quiere decir que tengo que bromear con él cada vez que tengo ocasión. Hablando de Gerry, después de mi reunión con Fiona, tenemos sesión de feedback. Es siempre interesante ver los avances con él. Cómo es la relación entre caracteres, pesos, estilos, scripts… Sí, ya he afinado el espaciado. De acuerdo, seguiré por ahí. Luego, algunos nos vamos al The Three Tuns pero no todos porque hay gente que tiene que trabajar o reuniones o whatever. Y luego, ya sí, nos vamos casi todos a cenar a un coreano llamado Gooi Nara. Es mi primera experiencia coreana y no puedo salir más satisfecho. De ahí a casa, a hablar por fin con Cris. Me canta el cumpleaños feliz más dulce de mi vida. Luego contesto todas las felicitaciones que me han llegado por uno y otro lado, lo que me lleva un buen rato antes de caer rendido en la cama. Sonriendo. Gracias a todos. 🙂

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Con mi tarta.

El miércoles recibo como regalo una de las ilustraciones que tantísimo amo de Joana, lo que se convierte en mi segundo regalo de cumpleaños después del libro que me Kaja me dio ayer —Solaris de Stanisław Lem—. Buen comienzo de día que continuamos trabajando. A mitad de mañana me voy al Departamento. Hoy tenemos sesión matutina con Gerry y vespertina con Jeanne-Louise Moys sobre diferentes aspectos de eso que ellos llaman research methods. El resto del día —saltándome la regla de dejar de trabajar hasta las once— lo paso frente al ordenador.

El jueves tenemos workshop de cirílico con Victor Gaultney. Me encanta este tipo. A mediodía nos vamos al Foodie Thursday y hoy pruebo un pollo nosecómo con patatas nosecuántas maravilloso. Corriendo vamos al Seminar que hoy tiene como invitado a Stuart Bailey del que admiro su trabajo pero cuya charla es de las más aburridas que hemos tenido hasta la fecha. Por la tarde tenemos feedback con Victor que me da algunos buenos consejos sobre mi proyecto. Con la tarea hecha, me voy a casa, descargo, cargo, cojo bici y me voy a la estación. En Kings Cross me encuentro con Elena. Nos vamos a echar unas pintas al Lincoln Lounge para hacer hora. Ella pierde un guante. Yo se lo encuentro. La Dixon se ha dejado el bolso. Ahora vuelve. Cenamos en el Big Chill House una hamburguesa bonsai. Nos vamos a casa y Catherine no tarda en irse a la cama, pero Elena y yo nos quedamos hablando como si nos dieran cuerda. Y me da mi regalo de cumpleaños: un libro de los sesenta sobre tipografía. La amo. Vuelvo al sofá donde dormí con dignidad por primera vez en este país.

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Mi tríada de regalos.

El motivo de mi visita a Londres es iniciar mi investigación. Por la mañana temprano, zumo de naranja mediante, vamos a la British Library. De camino, Elena me lleva a una librería rojeras llamada Housmans que está cerrada porque es temprano pero que no se me escapará la próxima vez. El caso es que llegamos a la British, vamos directos a registrarme, tienen mi pre-registro pero no les vale ni mi contrato de alquiler ni mi alta en la Seguridad Social como proof of address. Que mira que les gusta a esta gente una proof of address, madre mía. Lo que sí que les vale es un PDF de un movimiento bancario que les enseño en mi móvil. No entiendo la lógica de este procedimiento pero consigo mi carnet. Dejamos todo en las taquillas y nos subimos a la sala de África y Asia donde hace un par de días solicité unos libros. El edificio por dentro es imponente y las salas de lectura, solemnes. Cogemos sitio y me voy a por mis libros. Me encanta este sistema. Llego incluso a hablar con la Curator de África que me dice que le plante un correo para que hablemos. Por allí aparee Santi, el amigo de Elena. Cuando acabo me bajo a la tienda y salgo con otro libro. Elena y yo nos vamos a comer a Honest Burgers y le prometo que no pondré la foto que le hago y que pondré la que ella me hace. Que ella siempre sale con cara de panoli y que eso no puede ser. Pues venga, salgo yo con cara de panoli. Ella se vuelve a la British y yo me voy al SOAS. Me registro, pido unos libros, pierdo dos libras en una fotocopiadora que no sé usar, fotografío con mi móvil ciento y pico páginas, bajo al archivo a decirles que se acuerden de mi nombre y me voy. Como llevo libros en la mochila de otras bibliotecas, salta la alarma. Les digo que ya sé que soy estúpido por entrar con libros a una biblioteca. Coinciden y me dejan ir. Menos de dos horas después ya estoy en Foxhill. Estoy, sí, pero muerto. Física y anímicamente. No sé si me gusta el tema que he escogido para mi dissertation. Me ducho hasta que se me arrugan los dedos. Hablo con Joana un buen rato. Me voy al co-op y me compro chorizo, pan de semillas, patatas fritas picantes y yogurt de fruta de la pasión. Me pongo a los Kings ganando a los Cavaliers, me como todo como un cerdo y me bebo dos cervezas. Duermo como un angelito.

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Yo con cara de panoli.

El sábado me levanto temprano a trabajar porque con Glyphs la vida sí tiene sentido. A mitad de mañana viene Gerry a colgarnos el espejo del baño. Su hijo pequeño es un terremoto. Aprovecho para pedirle —a Gerry— otra estantería para mi cuarto porque ya he llenado la que tengo. Le digo que estoy enfermo pero que no me quiero curar. Me dice que encantado. Estoy tan a gusto trabajando que me vale con comer fruta. Al final del día me voy al gimnasio y pedimos comida en Deliveroo para que nos la sirvan a las diez y cuarto. A las diez y media nos cancelan el pedido. Me voy al Domino’s Pizza como plan de emergencia a que nos vendan cositas. Leo hasta que mis párpados se desploman.

El domingo me levanto más temprano todavía. Las itálicas no se van a hacer solas. Vuelvo a hacer aquello de solo comer fruta sin dejar de currar y, claro, a mitad de tarde me tengo que hacer una tortilla de patatas. Antes de irme a dormir, me ceno otro partido de baloncesto.

P.D.: Oye, Elena, es que sales muy majica en esta foto. Siento romper mi promesa. 🙂

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Elena con cara de panoli.