15 al 21 de mayo de 2017

El lunes me levanto sobre las seis, trabajo y me voy a la clase de Twyman que hoy versa sobre packaging. Pero packaging a su manera. La colección que nos muestra de cajitas y paquetitos es asombrosa. Creo que hoy es su última clase con nosotros, pero la despedida no es especialmente especial. Así que no sé si es que somos todos muy ingleses o es que habrá alguna sesión extra. Me he quedado con ganas de darle un abrazo por si acaso. Me voy a casa con Yui porque ambos tenemos que pasar por el Co-op a pillar algo de comer. Vamos charlando animadamente porque con Yui todo es guay, pero yo tengo una cosa dentro que no me deja respirar. Es una mezcla de aburrimiento, soledad y tristeza. Es una sensación nueva y no sé ni cómo explicarla, ni cómo tratarla. Así que me compro yogurt. Y bollos. Con un glaseado guarro pero delicioso. Y agarro unas cuantas magdalenas portuguesas de la abuela de Joana. Y me lo como todo como un cerdo en mi habitación mientras veo NBA. Luego trabajo hasta bien tarde y sin dejar de sentirme culpable.

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Michael Twyman.

El martes sigo con el mismo horario pero en vez de trabajar en casa me voy al Studio cuando todo el campus duerme porque hoy tendremos sesión de espaciado con Gerry. Pasan también por ahí Mohamad, Bornā y Fiona que me miran el Arabic. Gerry me mira mis Latin. El nivel de afine ya es una locura. Eso es bueno porque aprendo y es malo porque conlleva más trabajo. Me voy a pillar algo de comer al koreano con Joana. Me meto al despacho con Gerry para hablar de mis planes para agosto con Cris y Bunbury. Hay tantas variables y tanto trabajo por hacer, que al acabar la tarde me voy a casa con una nube negra sobre mi cabeza. No sé qué me pasa pero acabo viendo en la cama That ’70s show, bebiendo leche y comiendo pastel de chocolate de la abuela de Joana —Igor ha venido a quedarse aquí una semana y trajo los siempre bienvenidos dulces portugueses—. En fin, me aplico el remedio que nunca falla: me voy al gimnasio, hablo con Cris y me enchufo un partido. Mañana será otro día.

El miércoles trabajo toda la mañana hasta que por la tarde me voy al Departamento. Tenemos sesiones con Eric y Gerry sobre la dissertation. La primera es para explicarnos qué se espera de nosotros y la segunda, cómo organizarnos durante el verano. Me sigue alucinando cómo crean metodologías para analizar problemas y hallar soluciones en esta universidad, incluso para cosas tan variopintas como optimizar el proceso de planificación y escritura de una pieza de 10.000 palabras. En fin, me voy a casa cabizbajo arrastrando mi tristeza de los últimos días y me compro mi kit-estoy-hecho-mierda: arándanos, donuts, pan, chorizo y patatas fritas picantes. Llego a casa y me encuentro con un mensaje de Gerry que me hace ver que no estoy solo aquí. Me alegra el día y de repente mi estado de ánimo cambia completamente. Ahora estoy exultante. ¿Quiere decir eso que estoy como un cencerro? Puede ser. Trabajo hasta que llega la hora de la cena. Lo devoro todo.

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Selfie de felicidad.

El jueves paso toda la mañana trabajando y por la tarde me voy al estudio porque tenemos sesión con Malou y Toshi de Monotype. Mis dos turnos de feedback van muy bien y hablar con ellos es un honor y un placer. Queda poco para que entreguemos nuestros proyectos y yo cada vez estoy más contento con el trabajo hecho. De allí nos vamos a The Three Tuns a beber cerveza y cenar con Bornā, Elena y Toshi. Como no he comido nada en todo el santo día, a la segunda Guinness ya voy tostado y ni el pork belly que me meto entre pecho y espalda puede arreglarlo. Me voy a casa a una hora prudencial, justo para hablar con Cris y verme un partido.

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Bornā y Elena. Y mi ‘pork belly’.

El viernes va a ser mi día libre. O lo que para mí significa un día libre. Me levanto a las seis, trabajo en la planificación del verano y en Fontown. La buena nueva es que sigo estando más contento que unas castañuelas. A mediodía paro y me voy al centro a comprarle un regalo a Yui porque a la semana que viene es su cumpleaños. No suelo regalar nada a nadie, pero a Yui me apetece porque es el primer y último cumpleaños que voy a pasar con ella. Le compro un libro de recetas españolas. De vuelta me voy al gimnasio y por la tarde me hago un par de horas con Carletes, que acaba de volver de su cita anual neoyorquina. Luego con Cris. Luego con Elena. En fin, un no parar de los de qué a gusto estoy yo aquí, oiga. Por cierto, hoy me he puesto pantalones cortos para ir por la calle a pesar de que podríamos decir que casi hacía frío. En plan British, sí.

El sábado de nuevo en pie a las seis. Trabajo hasta las once de la noche. Cuento las horas efectivas. Catorce. Sin despeinarme. Me siento poderoso tras el bache moral de esta semana. Puto loco. En todo el día sólo paro para ir a llevarle medicinas a Yui, que está con fiebre en la cama y me lo ha pedido; y para ir a The Yolk con Joana e Igor para el brunch. Yo me pido una hamburguesa.

El domingo me levanto a las ocho porque, cojones, es domingo. Pero otra vez hasta las once sin parar. Sólo salgo de casa para ir a llevarle helado a Yui. No preguntéis. Ya me lo devolverá cuando vayamos a Japón a visitarla. Sí, sí…

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Joana e Igor. Y mi hamburguesa.

2 al 14 de mayo de 2017

Esta semana que empieza en martes me levanto a las seis, me pongo a trabajar —cómo cunde el tiempo a estas horas—, lanzamos la cuarta edición de Glíglifo y a las diez me voy al Studio a por el Seminar de Soo sobre legibilidad. Gerry lo completa con otra masterclass de las suyas, de las que grabo para volver a ellas una y otra vez en los próximos años. Me voy al centro del Campus a por algo de comer y veo que han montado una minigranja. La gente se dedica a acariciar ponis y abrazar ocas. A las dos tenemos feedback con Gerry, el cual se centra en la planificación para las próximas cinco semanas y cierre de proyecto. Todo lo que me dice es bueno. Acompaño a Yui y Nate al supermercado koreano. Me compro unos galletitas llamadas Peperos que resultan estar muy buenas a pesar de sus connotaciones políticas. Me voy a casa. Fantástico. Me. He. Olvidado. Las. Putas. Llaves. Joana viene en mi auxilio muy amablemente desde el Studio. Comemos helado, trabajo, hago pesas en mi habitación —empecé la semana pasada— y me enchufo dos partidos en vena. Pasada la medianoche caigo rendido.

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La granja-escuela llega a la Universidad.

El miércoles me levanto temprano y me pongo a trabajar con el puto Elder a toda pastilla. Fuck yeah! Hoy no hay clase, así que me paso muchas horas delante de Glyphs, con dolor de cabeza y con una videollamada con Elena, otra con Fran y la última y más desesada con Cris.

El jueves madrugo para que no me pase lo de la última vez que casi no llego, me hago la maleta rápidamente y me voy al aeropuerto. Llego con tres horas de antelación. No entiendo qué ha fallado. Hago hora leyendo. Me acabo el libro. Mi primera novela en inglés. Qué pena que haya sido una tan mala. En el avión se sienta a mi lado un chico que nació en Costa de Marfil, se mudó a los diez años a Zaragoza y a los veinte a Londres. Tiene más acento maño que yo, habla inglés como los ángeles y no para de cascar. Cierro el portátil porque veo que no voy a poder trabajar. Lo entrevisto y aprendo muchísimas cosas sobre el sistema educativo inglés y el político africano. Unas cosas son buenas y las otras, malas. Adivinen. Yo aporto a la conversación mis escasos conocimientos sobre lenguas y sistemas de escritura de África occidental. El tipo flipa cuando le digo un par de cosas en mandinga. Aterrizamos y me rindo a los abrazos de Cris.

En este intervalo de cuatro días para una boda que no fue, experimento la felicidad absoluta. Ha llegado la calor a Zaragoza, Cris y Bunbury me lo dan todo, hay hamburguesería nueva en la ciudad, los Goloka me reservan un rato y hasta me encuentro con Octavio y Elena. Todo bien. Muy bien. Demasiado bien.

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Nos podríamos haber hecho una foto con Elena y Octavio, o con Dani y Laura, o con Cris en algún sitio guay… pero no, solo tengo fotos del Bunbury con gesto somnoliento.

El domingo vuelo a Reading con un saco de tristeza libre de impuestos que compro en el aeropuerto cuando me despido de Cris.

El lunes trabajo por la mañana en Fontown y me voy a la penúltima sesión con Twyman. Hoy versa sobre The Bayeux Tapestry. En realidad, el tapiz es lo de menos. Se trata simplemente de la obra que escogió décadas atrás para comparar todo tipo de reproducciones y estudiar los distintos sistemas de impresión. Está loco. Pero es brillante. Inusualmente brillante. Me voy a casa y trabajo hasta la medianoche para olvidar.

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Sesión con Michael.

El martes sigo triste y sigo trabajando. Por la noche me voy a correr al gimnasio.

El miércoles sigo triste pero menos porque ha salido el sol. Y porque tampoco es cuestión de vivir en un drama. Por la noche me voy a correr al gimnasio.

El jueves se publica que Bogidar ha ganado lo de TypeTogether —madre, ¡lo de TypeTogether!— y que Joana y yo tenemos una mención en el último párrafo como proyectos destacados. Supongo que eso es bueno. Me voy al Studio porque hoy tenemos workshop con Elena Papassissa sobre el sistema de escritura armenio. A mediodía vamos al farmer-market del campus. Como ya no hay foodie Thursday vamos allí a comprar vegetales. Y porque hay puesto con un señor indio vendiendo samosas que es un hojaldre triangular relleno de carne (o de cosas) y que no había probado nunca, cateto de mí. Me requetegusta. Cuando acaba el taller, me voy a casa y me encuentro muy cansado. Limpio la cocina, que es algo que tampoco requiere mucho. No tengo fuerzas para el baño. Me subo a ver NBA y doy por cerrado el día.

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Workshop de armenio con Elena.

El viernes a las seis y media ya estoy a tope en el ordenador con mi té y mis letras. Tan a tope que se me olvida comer. A las cinco me voy al Studio porque tenemos que mover nuestras cosas. Al parecer, estos últimos meses los pasaremos en otra parte. No entiendo nada y parezco ser el único. Me voy a casa con Yui, que pasa por el supermercado koreano porque es el único sitio donde venden la ternera como le gusta a los asiáticos. Le digo que me explique. Y en fin, es una cosa ultrafina y enrolladica muy majica, que ellos luego fríen, hierven, lo que sea, con salsa de soja y cosas. Tan fino como el jamón. Como el jamón fino, digo. Le explico que aquí los chuletones cuanto más gordos, mejor. Me voy a casa a seguir trabajando hasta las once.

El sábado a las seis y media ando tecleando de nuevo. Hoy no se me olvida comer, pero al final de la tarde decido que ir al gimnasio no puede ser una mala idea. Que estoy entrando en mi ritmo esquizofrénico y eso no es bueno, que aquí no tengo a Carletes para que me siga el cuento. En España me levantaba a las seis, hacía tipografía, luego me iba a la oficina, trabajaba mis ocho horas, me iba a casa a tipografiar un poco más y por la noche un poquico de relax con Cris. Pero aquí no salgo de mi habitación. Son más o menos las mismas horas de curro. Sí, muchas. Pero sin descansos. Sin cambios de ambiente. Sin hablar con nadie. Ok, me voy al gimnasio.

El domingo sigo trabajando pero a mediodía me voy a dar una vuelta por el centro para ver libros. Hace calor y brilla el sol. Caminar solo a estas alturas es un absoluto aburrimiento, pero al menos he salido de mi habitación. Vuelvo a casa y me hago comida como para un regimiento a base de calabaza con añadidos y me la pimplo con un par de cervezas. Caigo rendido en la cama. Me despierto y sigo trabajando hasta que llega la hora de ir al gimnasio. La novedad de hoy es que corro mientras hablo con Cris. Vuelvo a casa y doy la semana por terminada porque me da la sensación de que el proyecto lo llevo más o menos encarrilado.

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Menú del domingo.

19 de abril al 1 de mayo de 2017

Tras tres semanas y pico en España, vuelvo a Inglaterra para el arreón final. Me ha servido para desconectar y descansar. Sólo he pasado la mitad del tiempo en Glyphs. O menos. La otra mitad ha sido puro descanso y relax: he comido jamón del bueno como un loco, Donuts, Cacaolat, todo tipo de delicias rurales en casa de mis padres, arroz a la japonesa con nuestra nueva rice cooker —supongo que todo ello explica por qué he ganado 7 kilos en tan poco tiempo—; he disfrutado enormemente de mi sofá, mi terraza y mis paseos junto a mis dos amores a los que no veía desde hacía tres meses, incluso celebramos nuestro décimo aniversario; nos hemos ido de escape room, de Viejóvenes y al Tubo, he salido a un par de gin-tonics diarios y he leído a Dolores Redondo y Gloria Fuertes. La Fuertes. Hasta me quemé de tanto sol y se me levantó la piel.

El caso es que el miércoles me despido de mi vida. Tras unas cuantas horas, la noche me recibe en Foxhill. Again. A Franziska le arranco un abrazo y Joana se lanza a mis brazos. Cómo he echado de menos a la jodida portuguesa, copón.

El jueves me levanto temprano y me voy directamente al despacho de Gerry. Nos abrazamos e intercambiamos anécdotas de las vacaciones entre risas. Cómo he echado de menos al jodido griego, copón. Me asiento en el Studio en mi sitio habitual y espero a que vaya llegando la gente. Es bueno verlos de nuevo, ellos ya vinieron el martes pero yo me tomé dos días extra así que el reencuentro es sólo conmigo. Llega Yui y la abrazo, la levanto del suelo y la zarandeo como suelo hacer con mi madre. Ella ya está acostumbrada y ni se inmuta, pero Yui ríe nerviosa. Cómo he echado de menos a la jodida japonesa, copón. Llega Victor Gaultney, con el que tenemos nueva sesión de diacríticos y feedback. También aparece Fiona, así que le pido opinión sobre mis non-latin, hago lo mismo con Bornā y con Kostas, que está de vuelta en Reading. Ya en Foxhill, nos damos cuenta de que alguien dejó el congelador abierto durante las últimas semanas. El interior es un único y precioso bloque de hielo. Lo descongelaremos el fin de semana. Hago mini-reunión con Fran y Lole de Fontown para decirles que no llego a todo pero que sí, que all-in.

El viernes no tenemos clase, así que paso el día trabajando y aplicando los cuatro feedbacks de ayer. Lo intercalo con cambiar las toallas de debajo del congelador y beber té con leche de cabra, que es la novedad más excitante que me ha pasado en los últimos tiempos. Qué triste. También leo. En inglés. Se acabaron las vacaciones. Empiezo la novela Armada de Ernest Cline. No es especialmente buena, pero quiero dejarlo aquí escrito porque es la primera vez que siento que estoy leyendo en inglés. O, simplemente, que estoy leyendo. Sí, leo mucho texto técnico sin problemas, mucha noticia y mucho de todo. Ya apenas consulto el diccionario. Pero una novela es otra cosa: el lenguaje tiene más color y la relación escritor/lector es diferente. Y joder, mola pasar páginas sin reparar en ello. Con naturalidad. Como siempre. Solos los dos.

El sábado sigo trabajando. Por la noche celebramos que Five Guys ya está en Deliveroo con dos enormes hamburguesas y una cantidad ingente de patatas fritas. Joana se va de cervezas con algunos compañeros de clase pero yo prefiero quedarme a descansar viendo NBA. Esto ya es serio, han comenzado los playoffs.

El domingo también trabajo, pero dedico un rato a rematar la nueva web de Glíglifo. Por la noche hacemos una pizza de masa fina y contenido generoso. Nos comemos la mitad. Baloncesto.

El lunes me reúno con María a hablar un poquito de Fontown y un mucho de nuestras cosas y cuando terminamos leo en Slack que recordemos que hoy tenemos sesión con Michael. ¡Pero si no está en el calendario! Corro. Hoy la cosa va sobre carteles, cromolitografía y un cartel de Mucha, y otro de los toros en Pamplona y un par de originales de la Guerra Civil española. Cuando acaba la clase, me quedo hablando con Michael. Me dice que en su familia hubo gente que vino a luchar en el bando republicano y que él, en señal de protesta, no viajó a España hasta que la dictadura no terminó. Dice que sabe que es sólo un pequeño gesto. Se me humedecen los ojos. Me voy a casa, me termino la pizza de ayer y me pongo a trabajar. Sí, baloncesto a medianoche.

El martes volvemos a tener jornada con Gerard Unger como antes del break. El absolutamente brillante Gerard Unger. Comenzamos con la ronda de tutorizaciones. En mi turno, hace algunas observaciones, dice que le gusta mucho mi diseño y me pregunta por mis planes de futuro. Consigo entradas para la obra de teatro de Harry Potter (6 de junio de 2018 en Londres). Me voy con Joana y Yui a comprar algo de comer al supermercado koreano. Por la tarde, Gerard nos explica su proyecto Alverata y termina con una anécdota y su correspondiente fotografía con la Guardia Civil española. Termino el día trabajando en casa.

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Gerard explicando Alverata.

El miércoles me levanto a las seis y media. Trabajo y a las 10 me voy al Studio. Gerard nos va a dar una clase sobre legibilidad. Creo que es la mejor que hemos tenido hasta la fecha. Pasamos el día trabajando. A las ocho me voy a casa y, aunque es temprano, yo ya me he pegado mis doce horas de curro. Igual es una buena estrategia esta de levantarse un poquito más temprano. Pruebo a relajarme, leer, ver baloncesto y comer algo por primera vez en todo el día.

El jueves me levanto a las seis y me voy al Studio. Trabajo hasta que llega Gerard. Tenemos clase sobre personalidad tipográfica. Luego me reúno con Gerry para hablar sobre mi dissertation —es mi supervisor—. Lo grabo todo porque ya me lo conozco y todo lo que dice es tan importante, que no puedo seguirle y tomar notas a la vez. Así que escucho, converso y ya volveré al audio en casa para tomar notas tranquilamente. Sigo trabajando, tengo algunas interesantes conversaciones con Gerard, pero entre unas cosas y otras hoy estoy un poco bajo de moral, no me pregunte usted por qué, así que cuando terminamos apago el ordenador y me voy a hacer ejercicio. Vuelvo al Studio porque nos vamos al The Three Tuns a echar una cerveza y hoy me apetece menos que nunca. Pero me obligo. Además hoy se vienen también Bornā y Ferdinand. Me pongo a hablar con un conductor de camión retirado. De Gales. No soy inglés, me remarca. Él solía ir a España a por verdura. Ir y volver con el camión. Le pagaban 500 libras por cada viaje. Y 100 en la frontera con Francia por cada inmigrante ilegal que conseguía pasar a Inglaterra oculto en su camión. Perdone, me acaban de traer la hamburguesa. Me voy a casa antes de hora porque estoy muy cansado, aunque siempre hay sitio en mi cama para un Bulls-Celtics.

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A punto del abordaje de la hamburguesa.

Me vuelvo a levantar a las seis. El solazo matinal ayuda a despertarse con una sonrisa. Trabajo toda la mañana en Glíglifo, Fontown y ordenando material para la dissertation. Desde la cama. Paso la tarde transcribiendo la reunión con Gerry porque no me vale con escucharla una y otra vez. A las seis me voy a correr al gimnasio y a las ocho viene Nate. El plan es ver baloncesto (Raptors-Bucks), beber cerveza (San Miguel) y pedir pizza. Al final es ver NBA con un texano donde el partido es lo menos y la conversación es lo realmente interesante. Muy bien. Muy, muy bien.

Ay, que hoy me he levantado a las nueve. Bueno, es sábado: ¡a trabajar! Y así todo el día. Cada dos horas me tomo un descanso pero como no tengo a dónde ir, veo La vida moderna o NBA.

El domingo más de lo mismo, pero con desayuno inglés a mediodía porque a Joana le ha apetecido y a mí me ha parecido la mejor idea del mundo, y gimnasio a final del día para despejar la cabeza.

Y el lunes pues también. A tope.

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British breakfast al estilo Foxhill.

20 al 25 de marzo de 2017

El lunes me levanto a las siete porque tengo reunión tempranera de Fontown con María. Cuando acabamos me voy al seminar de Yui sobre el concepto de familia tipográfica. Es impresionante ver a la pequeña gran Yui en acción. Clase de Michael Twyman y al terminar le enseño mis tipos chinas de madera que me regaló mi suegro para Navidad. A ver qué le parecen. Para mí son un tesoro, pero nunca se sabe. Acabo con dos doctores de Hong Kong pidiéndome permiso para tomar fotografías y enviárselas a un colega suyo en Beijing. Nunca han visto nada igual. Me voy con Yui y Joana a la Senior Common Room a comer chili y de ahí a casa a trabajar. Por la noche, viene Yui y me da una clase magistral sobre el alfabeto japonés. Yo le pago enseñándole a hacer pizza. Cuando la acompaño a casa, me habla del concepto karoshi: la muerte por exceso de trabajo. Una palabra que sólo existe en su idioma.

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¡Chili!

El martes es nuestro primer día con Gerard Unger. El gran Gerard. El enorme Gerard. Al hablar con él de verdad sientes que estás ante un gigante. Es la primera vez que me pasa. Ve nuestros proyectos por la mañana y hacemos un parón para ir a clase de Mosley. Por la tarde seguimos. Gerard se mueve lento pero seguro, derrochando amabilidad, anécdotas y consejos brillantes. Por la noche, Joana y yo nos hacemos y pimplamos unos huevos rotos con jamón. Muy british todo.

El miércoles más Gerard, nos da una charla sobre su Swift, otra sobre fitting, oficialmente yo ya le amo, y por la noche me voy de cena al Bird in Hand con el superlativo Riccardo Olocco, el sospechoso habitual Gerry Leonidas y sus dos vástagos. Maravilloso vino, excelente y sangrienta carne y mejor conversación. La necesitaba. Esta semana lleva camino de convertirse en la mejor hasta el momento.

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¡Gerard!

El jueves seguimos con el feedback de Gerard que no ceja en su empeño de revisitar una y otra vez nuestros proyectos. Me habla sobre lo convencional. Me maldigo por no grabar esta conversación. Me dice que le gusta mucho mi estilo, pero que no me pase. En el Foodie Thursday decido acabar el term con una hamburguesa. El seminar de hoy es de Riccardo. Hay poca gente en el mundo que sepa más que él sobre tipos venecianas. Así que es simplemente sentarse y disfrutar.

El viernes tenemos la última sesión con Gerard. En tan sólo cuatro días ha conseguido que mi proyecto sea notablemente mejor a base de pequeñas y calmadas sugerencias. Pinceladas de un genio. Nos da una charla sobre Dwiggins también para enmarcar. Cuando se va, aparece en escena Gerry para decirnos que disfrutemos del break pero que no mucho. Voy a su despacho para decirle adiós al estilo mediterráneo, es decir, con un abrazo. Por la noche, Yui, Joana y yo nos hacemos una lasagna de las de no poder levantarse del sitio. Así que no lo hacemos y hablamos largo y tendido. Disfruto de cada segundo de esta velada. Acompaño a casa a Yui y ella me toca por primera vez en todo el curso con un gesto de cariño sin pedírselo yo. Se lo digo y nos reímos. No hay mejor manera de acabar este term.

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El sábado me levanto temprano, tren, bus y avión. Corriendo. Casi no llego. Pero aterrizo y ahí está ella esperándome. Definitivamente, esta es la mejor semana hasta la fecha.

13 al 19 de marzo de 2017

El lunes, el sol y yo decidimos despertarnos sonriendo. Me voy al Studio con el abrigo colgado del brazo y escuchando mensajes de Dani, lo cual no hace más que mejorar mi estado de ánimo. He quedado con Yui para inspeccionar el archivo del Departamento. Está buscando el espécimen original de Univers y necesita ayuda. Y yo, claro, no puedo decirle que no. Lo encontramos y fotografiamos, pero por el camino me encuentro embobado con tesoros que tengo que dejar pasar diciéndoles hasta la vista, así, con la manita, nos veremos pronto, queridos. Luego tenemos clase de Michael sobre grabados en madera, electrotipia y esterotipia. Es ver los grabados en madera y acordarme de mi padre. Si viera la pericia y delicadeza con que las ilustraciones están trazadas alucinaría tanto o más que yo. Elena me acompaña hasta casa por teléfono y ya allí enchufamos el vídeo. Como pasta con cosas ricas, trabajo, me voy al Co-op con Joana porque así aprovecho a pasar un ratico con ella, nos compramos un helado y nos vamos a casa silbando. Sigo trabajando al son de Tony Bennet.

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La sesión de esta semana de Michael Twyman.

El martes me levanto temprano y le digo al Lole de hablar diez minutillos de un tema de Fontown. Dos horas y media después colgamos y me voy corriendo a clase del Mosley. Por el camino hablo con Carletes. James empieza en góticas alemanas y hace un repaso pasando por la nueva tipografía de Tschichold y que acaba en Frutiger que emocionaría a cualquier esté o no interesado en las letras. Me vuelvo a casa hablando con Damià sobre la nueva edición de Glílifo. Nada, una pregunta rápida. Una hora después tenemos un coitus interruptus porque se le acaba la batería. Como he quedado con María, al Skype directo y nos pegamos otra hora larga hablando. He hablado con ella muy pocas veces en mi vida, pero es siempre un enormísimo placer. Son las cinco de la tarde y me doy cuenta de no he comido. Me hago la comida. Me quedo dormido —mi primera siesta en Inglaterra—. Me despierto más jodido que antes. Me ducho. Llega Joana y nos tiramos hablando todo lo que queda de tarde. Me subo a mi habitación a ver si hago algo. Me llama Cris. Me doy por vencido.

El miércoles trabajo en Fontown antes de irme al Seminar de New sobre señales y tipografías para autopistas. Vuelvo y estreno con Franziska nuestro jardín —o ese inmundo agujero que se encuentra en la parte de atrás de nuestra casa— con una cerveza, mucho sol y agradable conversación. Trabajo un poco más en Fontown y, ahora sí, abro Glyphs y ya no quiero saber nada más de nadie hasta que no sea medianoche.

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Bigote-look-selfie-qué-moderno-soy.

El jueves tenemos sesión con Victor Gaultney sobre Latin Extended. Lo amo mucho. Tener a este tipo con regularidad por aquí es un lujo. Nos vamos al Foodie Thursday y hoy como pollo con hash potatoes que está jodidamente bueno. De allí al Seminar de uno de los doctorandos. Hoy, precisamente, es Victor quien habla. El tema y la posterior discusión sobre qué es, qué implica, dónde empieza y dónde acaba el proceso de diseño es de esas cositas que te hacen sentirte afortunado de estar aquí. Por la tarde tenemos feedback con Victor. Salgo contento y esto empieza a ser una tónica habitual. Mi trabajo parece ser bueno, los consejos que me dan son realmente interesantes y sus felicitaciones —como la de Fred la semana pasada— son de esas cosas que me guardaré para toda la vida. Me voy a casa y me pego una buena charrada con Carletes. Ayer mismo le decía a Joana cuánto echaba de menos un reto dialéctico e intelectual. Y Carletes nunca falla. Viene Joana y comemos yoghurt de fruta de la pasión. Si no me puedo ganar la vida con la tipografía, creo que me dedicaré a la importación de productos lacteos británicos. Si nos dejan.

El viernes me levanto temprano y decido que hoy es mi día libre de la semana. Comemos pasta a la carbona edición portuguesa, hablo con Elena, con Cris, molesto a Joana todo lo que puedo, ordeno la habitación, actualizo/renuevo mi web porque escribir código me relaja, y leo por placer. Empiezo The invisible guardian, siendo el primer libro que me leo en inglés que ha sido escrito originalmente en español. Y puede que el último, porque hacerlo es una tontería como un piano. Además ya lo leí hace unos años, pero me apetecía releerlo y como ahora solo leo en inglés por aquello de no perder comba, pues digo, ¿por qué no?

El sábado me voy por la mañana al centro a por sake porque he comprado una rice cooker y arroz y cosas japos, y es lo único que me falta. No encuentro. Ya que estoy aquí me doy una vuelta por las librerías de segunda mano. No encuentro. Hoy no es mi día. Vuelvo a casa y trabajo como un descosido. Por la noche Joana y yo hacemos lasagna. Pero qué lasagna. Premio a la triunfada del año. Pensábamos salir y nos quedamos tan hartuzos que nos rendimos a la evidencia y al sofá.

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La lasagna del año.

El domingo sigo trabajando pero a las diez hago una pausa y me voy al campus. Hoy es la media maratón de Reading y me apetece verla. Lo hago con una sonrisa. Saludo a Gerry que la está corriendo como un campeón. Paso casi una hora viendo gente correr. Me vuelvo a casa y sigo trabajando sin parar. Paro a las siete. Me doy una lucha larga. Me vuelvo a dejar bigote. Me pongo a leer. Espero a que venga Natalia. Quiere hablar conmigo. Llega casi a la vez que Joana —que ha pasado el día en Londres— y bebemos cerveza y hablamos. No es una mala manera de acabar el fin de semana.

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Media maratón a su paso por el campus.

6 al 12 de marzo de 2017

El lunes me levanto y me voy directo al gimnasio a correr como un poseso. Después a clase de Michael que hoy revisa cómo los europeos hemos interpretado los sistemas de escritura que no son el nuestro desde el siglo XV al XIX. De allí directo a casa a darle duro a Glyphs hasta las once mientras escucho a los Rolling para subir el ánimo. Es la primera vez que siento ansiedad —esa desagradable sensación en el estómago— en tres años y no sé muy bien por qué. Pero no me gusta.

El martes es el Seminar de Natalia sobre Language patterns, una teoría que parte de la arquitectura, viaja a través de la algorítmica y que Gerry adapta como nadie a la tipografía. Creo que es un enfoque que me servirá para mi dissertation. Luego tenemos clase de Mosley sobre Johnston and Gill. Cuando acaba yo tengo ganas de aplaudir hasta con las orejas. Me voy a comer un sándwich con Joana a la Senior Common Room. Volvemos para el feedback con Gerry. Quedo contento. Vuelvo a casa y me enchufo Glyphs en vena mientras escucho BBC Radio 4. El momento cumbre es el programa The public philosopher que hoy trae a Michael Sandel para hablar sobre si ’Would life be better if robots did all the work?’. Creo que es la primera vez que soy de verdad consciente de que estoy escuchando la radio en inglés con la misma facilidad con que lo hago en español. Echo la vista atrás y veo que llevo ya meses haciéndolo. Pues igual hay que dejar de hacerse el tontito, ¿no? Por cierto, el programa: ¡lo max! Termino de trabajar a las doce, saltándome mi propia regla.

Esta semana nos visita por segunda vez Fred Smeijers. El miércoles por la mañana da una charla sobre su trayectoria. Descubro todo su trabajo de tipo corporativa. Este hombre es un grande con todas las letras —vaya juego de palabras, ¿eh?—. Me voy a comer con Natalia y Joana a la Senior Common Room. Por la tarde comienzan los feedback pero yo me reservo para mañana, así que me voy a casa a asear mi tipo.

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Con Natalia y Joana en la Senior Common Room.

El jueves ya sí, discuto con Fred sobre mi proyecto. Me dice cosas muy interesantes y quedamos en hacer algunos cambios y revisar de nuevo mañana. A mediodía nos vamos al Foodie Thursday y yo me zampo una hamburguesa de proporciones épicas a ver si así tal. La felicidad tiene forma de albóndiga aplastada, amigos. Por la tarde seguimos currando pero como yo trabajo mejor en mi casa y estoy en plan pasota, me entretengo haciendo de guía turístico. A veces viene gente a visitar el Departamento y hoy están aquí Anaïs (Bélgica) y Mona (Alemania). La primera hará el Master al año que viene y la segunda quiere aplicar. A eso de las cinco me voy con Andrea a la Senior Common Room a beber cervezas. Le dio un bajón esta semana y en español todo se habla mejor. Hablamos, reímos, chismeamos y bebemos. Es un sol de mujer, la verdad. Por cierto, me dice que se nota que me pasa algo. Y es verdad que se me debe de notar porque esta semana todo el mundo, de repente, me ha empezado a preguntar por Cris. Andrea me pide que me deje de mierdas y vuelva a ser yo, que si no la clase se siente muerta. Más tarde se nos unen Ute, Franziska, Mona y dos amigas suyas también muy alemanas. Seguimos bebiendo y yo me pongo a fumar como un loco porque sería de mala educación no aceptar algo que te ofrecen desde Alemania. Y estoy ansioso. Y todavía algo triste. Si no recuerdo mal, llego a casa cerca de la medianoche riendo con Franziska.

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Feedback con Fred Smeijers.

El viernes me levanto con una ligerísima —pero igualmente molesta— resaca y me voy al Studio. Trabajo a tope para aplicar los cambios que tendría que haber hecho ayer y por la tarde se los enseño a Fred. Ambos quedamos contentos. O al menos estoy seguro de que yo lo estoy, porque este hombre no tiene en la expresividad su mejor virtud. Me voy a casa a trabajar y por la noche me voy con Yui. La amo con locura y estas citas a solas me dan la vida. Ella quiere hablar sobre su futuro laboral, así que nos vamos a un italiano a ponernos hasta el culo de comida mientras charlamos.

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Cenando con Yui en Zizzi.

El sábado me levanto tempranísimo y a trabajar como un jodido loco. Glyphs echa fuego, señores. Y lo que estoy haciendo cada vez me gusta más. Yui tiene una reunión importante hoy y cuando termina nos pide a Joana y a mí si puede venir a charlar con nosotros. ¿Cenar con Joana y Yui? ¡Es el plan perfecto! Trabajo hasta las siete, me afeito, solo sobrevive el bigote porque estoy empezando a arrancarme otra vez pelos de la barba como un chimpancé engorilado, me ducho y me voy a comprar cositas al Co-op. El cajero, que ya es amigo mío, me pregunta a qué edad me quedé calvo pero que no me preocupe que soy muy fancy y muy cool y que mi estilo llevando gorras es lo más. Bueno, pues si tú lo dices. Y así, mientras me cobra las patatas. Me encuentro a Yui y nos vamos juntos a Foxhill. Hacemos huevos rotos con jamón que es siempre un acierto. Noto que Yui mira cómo frío un huevo con la misma curiosidad ante lo exótico con que yo la miraría a ella cocinando makizushi. Hablamos largo y tendido. Disfruto como un enano y para rematar la velada, nos vemos una película japonesa de animación: Your name. Preciosa. Mucho más que preciosa. Nos quedamos hablando hasta las dos de la madrugada.

El domingo me levanto temprano y disfruto trabajando mientras oigo la lluvia caer. A mitad de mañana sale el sol y ya no se va. Yo tampoco. Cada vez me gusta más este país.

20 de febrero al 5 de marzo de 2017

El lunes por la mañana tenemos Seminar de Yanghee sobre Gerrit Noordzij. Es curioso cómo, de repente, toda su teoría se derrumba cuando la miras desde un punto de vista académico y global. Al menos, sigue siendo una buena herramienta didáctica. Y sí, oficialmente el próximo Seminar es el mío. Ay, el complejo que tengo con el inglés creciendo en tres, dos, uno… Me voy a hablar con Gerry sobre el guión para mi dissertation y me dice que muy bien pero que mejor cambiando esto y aquello. Clase de Michael Twyman sobre formularios. Sigo sin salir de mi asombro con cómo este hombre puede sacar tanta o más información de productos efímeros que de las grandes publicaciones. Es una aproximación interesantísima. Por cierto, también graban esta clase porque es su último año enseñando y, esta vez, estoy aquí. Luego tenemos feedback con Gerry pero el mío dura, literalmente, treinta segundos porque soy el último, está todo muy bien, vamos a mi despacho. Hablamos de mi Seminar. Está perfecto, explica más tu conclusión porque es muy interesante y quiero que se entienda bien, y reformula esta frase porque no sé lo que significa. ¿Cómo puede ser que no entienda algo que está en perfecto inglés? Me dice que es «español escrito con palabras en inglés». Ah, vale. Pero una sola frase errónea en un documento académico de dos mil y pico palabras no está mal, ¿no? En casa, Cris me desarrolla aquello de que la perrica de su hermana ya ha vuelto a casa muerta de hambre, nos echamos unas risicas buenas porque ya estamos todos más relajados y me pongo a trabajar en Fontown. Ceno porque hoy no he comido. Me veo el partido All-Star de ayer.

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Michael Twyman mostrando un pasaporte del siglo XIX.

El martes por la mañana trabajo en Fontown y a las doce me voy a clase de James Mosley que hoy versa sobre William Morris y las Private Presses. Deliciosa, como siempre. Ya en casa, reviso mi propuesta de dissertation y se la envío a Gerry. Como se me han hecho las cinco de la tarde y no he comido, me hago la típica marranada con macarrones y lo que pillo por la nevera. Trabajo en mi Seminar hasta las doce. Termino la temporada de Santa Clarita Diet.

El miércoles no tenemos clase, así que paso el día trabajando en el paper de mi Seminar poniéndolo bonito y desarrollando aquello que me dijo Gerry. A las ocho se lo envío y me voy al gimnasio a correr. A la vuelta paso por el Co-op para comprar un de todo y me encuentro con un grupo de jovencitos borrachos de traje. Tienen pinta de ser parte de una hermandad y son muy ruidosos, que es la manera políticamente correcta de decir gilipollas. Cenamos los tres juntos y me bebo dos cervezas. Como si a mí me gustara la cerveza.

El jueves me despierto con la respuesta de Gerry porque él está en Sri Lanka y no vamos sincronizados. Que muy bien todo. Me voy al Studio. Hace un viento de mil pares de cojones. Sopla con fuerza pero yo estoy acostumbrado al cierzo, así que no me asusta pero me recuerda lo poco que echo de menos mi ciudad —climatológicamente hablando—. De hecho, empiezo a pensar que es mentira aquello de que aquí el tiempo es fatal de la vida. Al menos, no lo es si vienes de Zaragoza. Incluso hace ya unos días que viene haciendo un solete la mar de rico. El caso, que hoy tenemos sesión de diacríticos con Victor Gaultney. Amo a este tipo. La sesión es ultra-interesante. Es fascinante cómo se puede profundizar tanto en un tema que puede parecer menor, pero que es de vital importancia. Luego tenemos feedback individual y me dice unas cosas chachísimas sobre itálicas. Me voy a la Reading Room a escanear algunas fotografías para preparar mi presentación del lunes. En casa paso toda la tarde en Keynote tratando de estructurar lo que quiero contar. Por la noche, paso un par de horas maquillando mi paper con Joana. Aprendo más inglés en estas dos horas que en toda mi vida. Lo de esta chica, no es normal. Todo lo que he escrito es mayormente entendible y no hay errores graves, pero hay mucha chicha que cortar y muchas cosas que no sonarían naturales para un nativo. En español podemos alterar el orden de los elementos para darle más color a lo que escribimos. En inglés, el rango de movimientos es más limitado. Ah, y las preposiciones: me siguen llevando de calle.

El viernes me levanto, repaso el paper otra vez y se lo envío a mis coleguitas de clase. Primera parte contratante: hecha. Las entradas para la conferencia de Chomsky en Reading se agotan en minutos. Yo me quedo sin. Me pongo a trabajar en la presentación. A mediodía me veo el debut de Cousins con los Pelicans. Por la tarde sigo a lo mío. A las ocho me voy a correr y cuando vuelvo todo se ha ordenado en mi cabeza; así que, en cuenta de trabajar, ración doble de baloncesto y lectura.

El sábado, más de lo mismo. Trabajo en la presentación y solo paro para hablar con Cris, Elena o Joana. Gerry me llama desde Sri Lanka y como no se lo cojo porque no me entero, me envía un vídeo. Está con los estudiantes del pasado año pasándolo teta. Por la noche yo me voy a correr y Joana de cena con algunos de los compañeros de clase. Prefiero quedarme en casa, cenar tranquilo y ver basket.

El domingo trabajo y… ¿este diario empieza a ser aburrido o es sólo cosa mía? En fin, que sigo trabajando porque mañana presento. Fingers crossed!

El lunes aún no son las siete y ya estoy repasando mi presentación. Ya no me pongo nervioso antes de hablar en público, pero tener que hacerlo en inglés me genera una inseguridad que es peor que los nervios. Cuando llega la hora, me voy al Departamento. Espero a Gerry. Hablamos de Sri Lanka. Preparamos todo y a las nueve y media, con la clase ya llena, empiezo. Me siento cómodo de cuerpo y mente, pero atenazado de lengua. Ya puedo hablar con cierta fluidez, pero si tengo que explicar conceptos complejos y decir palabras a las que no estoy habituado, mis demonios vuelven a aparecer. Como ya sabía que eso iba a pasar, las frases más complicadas las tengo en las notas de las diapositivas. Cuando me trabo, leo con naturalidad y santas pascuas. Termino y compruebo que no ha ido tan mal. Hace unos meses no hubiera sido capaz de hacerlo y dentro de unos meses ya lo haría perfectamente. Pero lo he hecho ahora y bien hecho está. La buena noticia es que no lo he pasado mal ni he sufrido. La mala, que no he disfrutado como suelo en estas ocasiones. Nos vamos a clase de Twyman —fotograbado—, Gerry nos regala catálogo de Commercial Type y charla de Laurence Penney —el tipo detrás de Axis-Praxis— sobre Variable Fonts. Todo muy bien a pesar de mi enorme dolor de cabeza. Supongo que será por la tensión liberada tras el Seminar. Hago videollamada con mis padres para comprobar que siguen vivos porque hace semanas que no me comunico ni por aquí ni por allá con ellos, y me voy al gimnasio a correr. La noche, de relax con patatas fritas, chorizo y NBA. Todo muy grosero.

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¡Diapositiva final!

El martes comenzamos el workshop con Frank Grießhammer (Adobe) sobre AFDKO y toda esa parte técnica que tanto echo de menos en mi vida de vez en cuando. Disfruto como un niño. Decido reincorporar el terminal a mi día a día. A mediodía tenemos clase de Mosley sobre Art Nouveau. Por la noche hacemos Pancake Party en Foxhill porque, al parecer, es el día nacional del Pancake. Viene casi todo el mundo, hablamos, comemos y bebemos. Bien. Me quedo hasta las tres de la mañana viendo vídeos de Nadie sabe nada en YouTube como un millennial cualquiera —que para eso lo soy—.

Me despierto cinco horas después y me voy al Studio. Seguimos con Frank. Este tipo mola mogollón. Por la tarde: charleta con Carletes y dos horas y media de disfrute con Juan Luis Blanco. Para rematar la noche: Cris a tope.

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Workshop con Frank.

El jueves: más Frank. A mediodía interesantísimo Seminar de Ferdinand Ulrich y nos vamos al centro del Campus porque por la mañana he visto cómo montaban los puestos de comida. Ni rastro. Suponemos que lo habrán cancelado. Acabamos en la Senior Common Room donde me pido tortilla de patata. Me gusta el riesgo. Es tortilla de patata dulce hecha al horno en cuenta de en sartén, y con patatas fritas para acompañar. Definitivamente, hay algo que esta gente no ha entendido. Por la tarde terminamos un poco antes porque algunos de nosotros nos vamos a la British Library a una conferencia de Patricia Lovett. Allí me compro el libro y me encuentro con Pablo Bosch que se ha venido a Londres porque ha empezado a trabajar en Dalton Maag. Maldito cabrón. Mola volver a verlo. Volvemos a Reading y a eso de las once ya estoy en casa con cuervos rondando mi cabeza. No me gusta el concepto de grupo de vamos todos juntos pero separados, no se espera a nadie y lo único importante es la conveniencia individual.

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De izquierda a derecha: Joana, Nate, Frank y Yui. En el centro: la «tortilla».

A las ocho de la mañana del viernes ya estoy corriendo en el gimansaio. Luego: más Frank. Sesión final matutina y feedback sobre nuestros proyectos. Cuando obtengo mi ración, me voy a casa. Como empiezo a estar hasta la polla de todo el mundo, me digo que es mejor tomarse la tarde para el placer personal: ir de librerías. No pesco casi nada. Por la noche me voy al The Three Tuns donde tomamos unas cervezas con Frank. Acompaño a Yui a casa y le ayudo a llevar su arroz. Un puto saco de arroz. Claro, si comes todos los días…

El sábado a las siete y cuarto ya estoy en el coche con Gerry. Nos vamos a hacer la carrera The Maverick Original Hampshire. Hora y media de ida que pasamos hablando de todo lo que se pueda hablar. Amo a este tipo, ya lo siento, pero es una de las mentes más brillantes con las que he tenido el placer de combatir y eso, para mí, es sexy. Y es un buen tipo. Un gran tipo. Buena persona como nadie. Eso sí, quiero destruirlo durante la carrera. La pena es que al final yo voy a hacer la 7k y él, la 14k. Yo, con mis rodillas, no me atrevo todavía a ir más allá de 10k. Además es mi primera off-road y quiero ver cómo es aquello. Y aquello resulta ser de lo mejor que he hecho en mi vida. Correr como un insensato trepando cuestas, sorteando árboles, yendo entre caballos, pisando mierdas, cruzando ríos y, en definitiva, con barro hasta la rodilla. Una 7k salvaje que disfruto como nunca. Al acabar, me plantan una cerveza en la mano. Me gusta el estilo inglés. Me cambio y espero a que llegue Gerry. El paraje es sensacional. Es una mezcla de Inglaterra con Canadá. Precioso. A mitad de nuestra vuelta a Reading, paramos a calzarnos un steak como lobos en un pub de carretera con sillones de lectura, techos de madera y chimenea encendida todo el año. ¿Quién me hubiera dicho a mí que un día tendría la oportunidad de hacer esto con el gran Gerry, discutir por ver quién paga y ganar yo? En casa me ducho, hablo con Cris y Carletes, y hago hora para irnos a tomar algo, a pesar de las incidencias sociales para hacer planes. La noche resulta ser una de esas situaciones tremendamente vacías que tanto me esfuerzo en evitar en mi vida normal. Regreso a casa cansado de personas mojigatas y relaciones planas. Espero que sólo sea una fase. Al menos, la charrada casera con Joana nunca decepciona. Jamás.

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Filetada con Gerry.

El domingo lo dedico a leer, escribir y ver desde la cama todo lo que se me ponga delante y que no tenga que ver con tipografía. Sigo entre deprimido y malhumorado: socialmente exhausto. Por la noche Joana y yo hacemos pizza casera porque es el protocolo contra el mal humor.