23 al 29 de enero de 2017

El lunes me levanto temprano, a las ocho ya estoy trabajando y a las once y media con Michael viendo monogramas. Paso la tarde trabajando en la Biblioteca. Necesito cambiar de ambiente porque trabajo de lunes a domingo sin salir de una habitación en la que también duermo, leo, escribo, medito, descanso, bebo cerveza y veo series. Mi vida no se puede reducir a esas cuatro paredes y en esta Biblioteca se está estupendamente. Acabo el día en el gimnasio.

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Sesión de Michael Twyman.

El martes es mi cumpleaños. Treinta y tres. Me levanto, medito, veo las primeras felicitaciones de Cris —los filtros de Snapchat son perfectos para hacer el tonto en estas ocasiones—, bajo a por mi té, Joana me felicita con verdadero cariño y me voy al Studio. Hoy toca Seminar de Andrea sobre modern typography con la posterior clase de Gerry y la entrada de una tarta red velvet sorpresa con sus velas y su happy birthday cantado. No soy muy de celebrar cumpleaños, pero estar lejos de casa, de Cris, de Bunbury, de la tarta de chocolate con galletas que obligo a mi madre a hacer cada año y de mis amigos, hacen que estas cosas se agradezcan de un modo especial. Reparto abrazos a diestro y siniestro. Antes de irnos a clase de Mosley invito a Gerry a que se venga con nosotros a tomar una cerveza después de clase. Acepta encantado —aunque finalmente no pueda venir—. A mediodía, sin tiempo para comer, tengo reunión con Fiona, que en el uno a uno entiendo mucho mejor. Es a la única persona a la que todavía tengo dificultades para entender. Cris me hacía notar el otro día que ya no escribo en el blog sobre el idioma, y es porque ya entiendo a todo el mundo en un 95 % y yo ya puedo ser más o menos yo hablando. De hecho, lo noto en mi relación con Gerry, por ejemplo. Esto quiere decir que tengo que bromear con él cada vez que tengo ocasión. Hablando de Gerry, después de mi reunión con Fiona, tenemos sesión de feedback. Es siempre interesante ver los avances con él. Cómo es la relación entre caracteres, pesos, estilos, scripts… Sí, ya he afinado el espaciado. De acuerdo, seguiré por ahí. Luego, algunos nos vamos al The Three Tuns pero no todos porque hay gente que tiene que trabajar o reuniones o whatever. Y luego, ya sí, nos vamos casi todos a cenar a un coreano llamado Gooi Nara. Es mi primera experiencia coreana y no puedo salir más satisfecho. De ahí a casa, a hablar por fin con Cris. Me canta el cumpleaños feliz más dulce de mi vida. Luego contesto todas las felicitaciones que me han llegado por uno y otro lado, lo que me lleva un buen rato antes de caer rendido en la cama. Sonriendo. Gracias a todos. 🙂

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Con mi tarta.

El miércoles recibo como regalo una de las ilustraciones que tantísimo amo de Joana, lo que se convierte en mi segundo regalo de cumpleaños después del libro que me Kaja me dio ayer —Solaris de Stanisław Lem—. Buen comienzo de día que continuamos trabajando. A mitad de mañana me voy al Departamento. Hoy tenemos sesión matutina con Gerry y vespertina con Jeanne-Louise Moys sobre diferentes aspectos de eso que ellos llaman research methods. El resto del día —saltándome la regla de dejar de trabajar hasta las once— lo paso frente al ordenador.

El jueves tenemos workshop de cirílico con Victor Gaultney. Me encanta este tipo. A mediodía nos vamos al Foodie Thursday y hoy pruebo un pollo nosecómo con patatas nosecuántas maravilloso. Corriendo vamos al Seminar que hoy tiene como invitado a Stuart Bailey del que admiro su trabajo pero cuya charla es de las más aburridas que hemos tenido hasta la fecha. Por la tarde tenemos feedback con Victor que me da algunos buenos consejos sobre mi proyecto. Con la tarea hecha, me voy a casa, descargo, cargo, cojo bici y me voy a la estación. En Kings Cross me encuentro con Elena. Nos vamos a echar unas pintas al Lincoln Lounge para hacer hora. Ella pierde un guante. Yo se lo encuentro. La Dixon se ha dejado el bolso. Ahora vuelve. Cenamos en el Big Chill House una hamburguesa bonsai. Nos vamos a casa y Catherine no tarda en irse a la cama, pero Elena y yo nos quedamos hablando como si nos dieran cuerda. Y me da mi regalo de cumpleaños: un libro de los sesenta sobre tipografía. La amo. Vuelvo al sofá donde dormí con dignidad por primera vez en este país.

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Mi tríada de regalos.

El motivo de mi visita a Londres es iniciar mi investigación. Por la mañana temprano, zumo de naranja mediante, vamos a la British Library. De camino, Elena me lleva a una librería rojeras llamada Housmans que está cerrada porque es temprano pero que no se me escapará la próxima vez. El caso es que llegamos a la British, vamos directos a registrarme, tienen mi pre-registro pero no les vale ni mi contrato de alquiler ni mi alta en la Seguridad Social como proof of address. Que mira que les gusta a esta gente una proof of address, madre mía. Lo que sí que les vale es un PDF de un movimiento bancario que les enseño en mi móvil. No entiendo la lógica de este procedimiento pero consigo mi carnet. Dejamos todo en las taquillas y nos subimos a la sala de África y Asia donde hace un par de días solicité unos libros. El edificio por dentro es imponente y las salas de lectura, solemnes. Cogemos sitio y me voy a por mis libros. Me encanta este sistema. Llego incluso a hablar con la Curator de África que me dice que le plante un correo para que hablemos. Por allí aparee Santi, el amigo de Elena. Cuando acabo me bajo a la tienda y salgo con otro libro. Elena y yo nos vamos a comer a Honest Burgers y le prometo que no pondré la foto que le hago y que pondré la que ella me hace. Que ella siempre sale con cara de panoli y que eso no puede ser. Pues venga, salgo yo con cara de panoli. Ella se vuelve a la British y yo me voy al SOAS. Me registro, pido unos libros, pierdo dos libras en una fotocopiadora que no sé usar, fotografío con mi móvil ciento y pico páginas, bajo al archivo a decirles que se acuerden de mi nombre y me voy. Como llevo libros en la mochila de otras bibliotecas, salta la alarma. Les digo que ya sé que soy estúpido por entrar con libros a una biblioteca. Coinciden y me dejan ir. Menos de dos horas después ya estoy en Foxhill. Estoy, sí, pero muerto. Física y anímicamente. No sé si me gusta el tema que he escogido para mi dissertation. Me ducho hasta que se me arrugan los dedos. Hablo con Joana un buen rato. Me voy al co-op y me compro chorizo, pan de semillas, patatas fritas picantes y yogurt de fruta de la pasión. Me pongo a los Kings ganando a los Cavaliers, me como todo como un cerdo y me bebo dos cervezas. Duermo como un angelito.

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Yo con cara de panoli.

El sábado me levanto temprano a trabajar porque con Glyphs la vida sí tiene sentido. A mitad de mañana viene Gerry a colgarnos el espejo del baño. Su hijo pequeño es un terremoto. Aprovecho para pedirle —a Gerry— otra estantería para mi cuarto porque ya he llenado la que tengo. Le digo que estoy enfermo pero que no me quiero curar. Me dice que encantado. Estoy tan a gusto trabajando que me vale con comer fruta. Al final del día me voy al gimnasio y pedimos comida en Deliveroo para que nos la sirvan a las diez y cuarto. A las diez y media nos cancelan el pedido. Me voy al Domino’s Pizza como plan de emergencia a que nos vendan cositas. Leo hasta que mis párpados se desploman.

El domingo me levanto más temprano todavía. Las itálicas no se van a hacer solas. Vuelvo a hacer aquello de solo comer fruta sin dejar de currar y, claro, a mitad de tarde me tengo que hacer una tortilla de patatas. Antes de irme a dormir, me ceno otro partido de baloncesto.

P.D.: Oye, Elena, es que sales muy majica en esta foto. Siento romper mi promesa. 🙂

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Elena con cara de panoli.

16 al 22 de enero de 2017

El lunes me levanto, medito con nueva rutina, trabajo y me voy a clase de Twyman bajo el chirimiri tan persistente aquí —y que ellos llaman mizzle—. Hoy toca movable books de principios del XIX para quitar el hipo. De allí me voy a la Biblioteca a mirar unos libros que tengo que mirar y de allí al gimnasio a correr unos kilómetros que tengo que correr. El resto del día es para pasarlo en Glyphs con un appear.in —el descubrimiento del año, ¡gracias, Lole!— con Elena de por medio. A las once me obligo a dejar de trabajar tal y como prometí.

El martes toca Seminar de Kaja sobre el Roman du roi y clase de Mosley sobre Bodoni y Didot. Sin tiempo para comer porque tengo que preparar unas cosas, llega la sesión de feedback con Gerry. Cuando termina me voy a la Reading Room a buscar algo sobre árabe pero me encuentro con Bornā que es todavía mejor. Me voy a casa y a trabajar. Por la noche llega la compra. Sí, ella sola. Y cenamos una receta vegetariana que ha hecho Franziska medio sopa medio guiso.

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Porque hasta el frío puede ser hermoso en este Campus.

El miércoles tenemos workshop de griego con Gerry. Los anteriores alumnos ya me avisaron de que después de hacerlo todo el mundo querría diseñar griego. Acertaron. Al menos conmigo. La mañana la dedicamos a un recorrido histórico de la evolución del diseño de tipos griegos y del propio lenguaje en sí a través de objetos originales. A mediodía me voy a comprar un sándwich y la cajera me pregunta que si quiero cashback (aquí expliqué lo que era). Pienso que ya estoy preparado así que le digo que sí y que me suelte cuarenta napos, please. Es mi primera vez, así que hazlo suavecito. Se ríe. Al final, no es para tanto. La tarde la dedicamos a caligrafiar y directamente a jugar con Glyphs. Cuando acaba la primera sesión del workshop yo ya estoy enamorado. Me echo una cerveza muy rápida en la Senior Common Room porque es el cumpleaños de Andrea y me voy volando a casa porque tenemos reunión de Fontown. Cuando terminamos, claro, me pongo a diseñar letras griegas. A las once de la noche termino, pero el vecino empieza. Ha decidido que, de todas las horas del santo día, esta es la mejor para estrenar su guitarra. Hoy está también su novia, así que ya sé lo que me espera luego. En el punto álgido de grititos y empujones contra mi pared decido que este es el momento y no otro de bajar a lavarme los dientes. Cuando vuelvo ya están más relajados. Pues tampoco he tardado tanto.

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Selfie rápido con Paul mientras echamos una cerveza rápida en la rápida Senior Common Room.

El frío aquí no es como en Zaragoza. La temperatura es muy similar pero no hace viento. Y eso, amigos no-maños, marca la diferencia. Así que el jueves por la mañana realmente disfruto cuando cruzo el lago helado pero hermosísimo del campus para ir a la segunda jornada del workshop de griego. Hoy es trabajar, trabajar y trabajar. A mediodía vamos a la plaza central del campus donde hay unos veinte puestos de comida. Cada uno es de un país o de una gastronomía diferente. Por supuesto, ahí está el de paella. A esto lo llaman Foodie Thursday y lo hacen cada dichoso jueves, lo que me hace pensar dos cosas. Uno, cómo mola esta universidad, bienvenido al primer mundo. Dos, cómo puede ser que hoy sea la primera vez que venga. Elijo al francés que hace pato confitado con patatas y verdutitas. Está de muerte. Los franceses suelen ser un poco gilipollas, pero cocinar, saben cocinar. Terminamos con nocturnidad y alevosía el workshop y para casa. Allí me están esperando mis nuevos ariculares: unos preciosos Marshall que voy a estrenar viendo un partido de la NBA. Tal vez no sea lo mejor para testearlos pero es lo que apetece hoy.

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Workshop de griego con Gerry.

El viernes no tenemos clases pero me levanto más temprano que ningún día. Tras tres horas de reunión con Fontown me voy al Campus. El día 9 de enero había que pagar la segunda cuota de la matrícula del Máster y yo me he enterado esta semana y gracias a que me lo dijo Yui. Desde entonces, la pobrecica me ha preguntado cada día si había pagado ya. Y yo que no, mujer, que no pasa nada, que ya pagaré el viernes que lo tengo libre, o que igual me espero al final del curso y si quedo satisfecho pues ya pago si eso y si no pues nada. El caso es que intento pagar con mi tarjeta de Santander UK y no me deja como ya ocurrió en septiembre con el primer pago y en los sucesivos meses cuando intenté pagar por adelantado la segunda cuota. La primera y última vez, tuve que recurrir a Paypal que me sopló 180 eurapios de comisión. El caso es que me voy a la sucursal del campus y me dicen que es problema de la plataforma Visa, no del Santander, que llame a un número de teléfono y que allí me lo resolverán. Yo, que todavía tengo telefonofobia, le digo que sí pero me voy a la Biblioteca y pruebo a pagar con mi tarjeta española que Visa también se encarga de rechazar. Paypal es la solución. A quién no le gusta pagar una comisión de 180 euros de vez en cuando. Paso el resto del día trabajando en la Biblioteca —por lo menos vamos a aprovechar el viaje, que por esto no nos cobran— intentando establecer contacto con gente difícil de contactar y registrándome en SCONUL para poder acceder a la Biblioteca del SOAS.

El sábado me levanto temprano y como estoy de buen humor decido tomarme la mañana libre. Y qué mayor libertad que irme de librerías de segunda mano. Me voy a la de Oxfam en Woodley —un encantador barrio/pueblo a veinte minutos de Reading en bici—, luego a la de Oxfam del centro y a la de la British Heart Foundation. El resultado son nueve libros y muy pocas libras gastadas. Por cierto, estoy empezando a comprar libros sobre la Guerra Civil española que en España es difícil de encontrar. Vuelvo a casa, sigo leyendo la interesantísima dissertation de Juan Luis, me topo con un tema que le vendría de perlas a Joana, me registro en la British Library y me chuto Glyphs en vena. A las siete de la tarde me voy a cenar —quién me ha visto y quién me ve— al The Back of Beyond con Joana, Kaja, Yui y Nate. Como el asunto iba a ser insanamente temprano, hoy solo he comido fruta. El resultado es que me zampo dos mil y pico calorías entre hamburguesa, mis patatas, las de Yui, mis aros de cebolla, los de Yui y dos Guinness de palmo y medio. A las once ya estamos en casa. En realidad, este sistema es más inteligente. No es tarde, me lo he pasado teta y mañana tengo todo el día por delante.

El domingo madrugo y a trabajar. Solo interrumpo mi sesión continua de Glyphs para comer con Joana y reunirme con el Lole. El resto del día, en la silla.

30 de diciembre de 2016 al 15 de enero de 2017

He pasado dos semanas largas en España. He leído mucho Southall, sí; pero también me he estado rascando los cascarones. No me he separado de Cris más que lo justo y necesario, he tenido a Bunbury durmiendo sobre mí día sí y día también, he molestado a mis padres y hermano todo lo que he podido y más, he ido a ver a algunos buenos amigos que querían verme y he comido. Sí, he comido. Sin parar. Y no sé muy bien el porqué. Pero ha pasado. Y vaya que si ha pasado. En el cómputo global de las vacaciones —tres semanas y pico— he ganado entre cuatro y cinco hermosos kilos. Todos míos.

El caso es que el 30 de diciembre, viernes, Cris y yo volamos a Inglaterra. Eso sí, antes de volar nos comemos un retraso de tres horas, la última de las cuales la pasamos dentro del avión oyendo cómo una señora grita «esto es un secuestro». Sea lo que fuere, llegamos a Reading casi a medianoche y nos encontramos con que mi casa parece Vietnam. El albañil que estaba reformando el baño no ha terminado. No hay ducha, no se puede utilizar la cocina y en el salón parece que ha caído una bomba. Aviso a Gerry para que lo sepa, porque él está en Holanda y confiaba en el buen hacer del señor constructor.

El sábado bien temprano viene el albañil a recoger y ordenar todo. Supongo que Gerry le ha llamado. El señor me dice que volverá el martes a terminar. O algo así. No entiendo ni su nombre porque no entiendo el 90 % de lo que me dice. Tiene el acento más extraño que he oído y que probablemente oiré. Nos vamos de casa para dejarle trabajar tranquilo. Recorremos la ciudad y comemos en un restaurante cubano. Malamente, todo hay que decirlo. Volvemos a casa y, aunque no tenemos ducha, ya se puede vivir más o menos decentemente. Limpiamos la cocina y hacemos una hermosa tortilla de patata y preparamos todo para el pan con tomate y jamón —importado de extraperlo desde España—. Nos vamos a casa de Andrea ya que haremos allí la cena de Nochevieja. El plan original era hacerlo en Foxhill. Cenamos Andrea, Yui, New, Nathan, Cris y yo. Cada uno lleva comida típica de su país y yo me pongo hasta el culo. Está todo para chuparse los dedos. Les propongo tomarnos las doce uvas como en España pero viendo al Ramón García del 2015 porque no encuentro el de hoy y a esta gente lo mismo le da. Luego hacemos el rito costaricense que es salir a la calle con dinero y una maleta. O algo así. Escuchamos George Michael —que en paz descanse— y le enseñamos a Yui qué es el reggaeton. A eso de las dos —o de las tres, no recuerdo— nos vamos a casa. Yo no he perdido ni un ápice de inglés a pesar de no haber practicado en todo este tiempo más que un par de videollamadas con Yui. Pero mi pobre Cris estaba como yo hace unos meses. Entendiendo todo, sí; pero sin poder meter baza. Por fin veo todo lo que he evolucionado. Aunque sea a costa de ella.

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Cena de Nochevieja con (de izquierda a derecha) Nathan, Yui, Cris, New y Andrea. Y el de la gorra, claro.

El domingo nos vamos a Londres de rebajas. Así como suena. También nos sirve un poco como excusa para pasar el día en Londres. Pero de rebajas, sí, sí. Se pasa el día lloviendo. Nos hacen una foto en mitad de Oxford Street para un blog de moda, Cris se compra dos abrigos y yo mis primeros botines ingleses, comemos en el ChaChaMoon, vamos al Hamleys a ver la planta entera que han preparado de Star Wars y nos volvemos a casa porque queremos ver terminar The OA.

El lunes Cris adopta mi viejo macbook para trabajar en su tesis y yo empiezo a ordenar todo mi material para empezar a trabajar. La mañana consiste en eso y en recibir gente griega en el salón de mi casa. Primero aparece Gerry con Alexandros —el hijo mayor— para limpiar y sacar basura. También traen dulces holandeses y anguila. Luego aparece Maria-Christiana con un amigo suyo de Londres. Aunque también griego. Luego viene el albañil, que no es griego pero como si lo fuera. Aquello parece el camarote de los hermanos Marx. Cuando se van todos, la casa parece otra. ¡Y ya tenemos ducha! Gerry nos había invitado a su casa para ducharnos y tal, pero nos pareció mal. Así pues, dedicamos la tarde a trabajar en paz y harmonía. Por fin. Luego Cris se ducha a lo grande. Yo, mientras tanto, me voy a correr porque el domingo tengo carrera. Cuando vuelvo también me tiro en la ducha un par de horas.

El martes me despierto con mega-agujetas. Tan solo llevo un mes sin correr y ya casi tengo que volver a empezar. Además vuelve el albañil que se empeña en hablar conmigo. Para dejarle trabajar en paz, nos vamos a la Universidad. Le enseño el Studio y el Departamento a Cris pero nos vamos a trabajar a la Biblioteca. En la quinta planta hay Silent Rooms que nos acogen con una temperatura maravillosa —en el exterior hace mucho frío hoy—. Comemos en el Eat at the Square como buenos universitarios y pasamos toda la tarde otra vez estudiando. Volvemos a casa, dejamos todo y nos vamos al Morrisons a comprar. Un supermercado es siempre visita obligada allá donde vamos y aquí no iba a ser menos a pesar de que para mí ya no sea novedoso. Compramos cosas raras inglesas aunque hoy tenemos antojo de pasta.

El miércoles me levanto y me marcho a correr antes de que venga Yui. Se viene a trabajar conmigo. La pobrecilla ha pasado las navidades aquí sola y necesita compañía. Pasamos el día a vueltas con el Glyphs aunque en los descansos le interrogo sobre Japón. Cada día alucino más. Al final de la tarde decidimos hacer juntos la cena. Nosotros le enseñamos a Yui a hacer una tortilla de patata, y ella a cocinar arroz, tortilla y sopa dulce de judía roja. Simple, ¿no? Pues flipamos. Hacen todo tan diferente que ahora entiendo que esté todo tan rico. Verla cocinar usando los palillos con tanto mimo es poético. Para terminar, nos vemos juntos un capítulo de Terrace House —a la que estamos enganchados—. Nos reímos mucho y aprendemos más todavía sobre Japón. Terminada la jornada, la acompañamos a casa.

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Cena hispano-japonesa con Yui.

El jueves nos quedamos en casa trabajando. A mediodía me voy a correr y me encuentro con Andrea. La invito a comer a casa porque me cuenta que lleva varios días sin gas (sin cocina, sin agua caliente y sin calefacción). Y le presto nuestra estufa. Se le ve la gratitud en los ojos. Lo ha pasado mal y está helada. También es mala pata que le haya pasado a la de Costa Rica. Por la noche llega Franziska. Es bueno verla de nuevo.

El viernes Edu me convence para hacerme de Marvel Unlimited. Al fin y al cabo es una buena idea. Antes de irme a dormir, mi cerebro está tan frito que no me da para leer una buena novela en inglés. Pero para comics sí que me da. Y como me he traído el iPad, pues perfecto. Trabajamos todo el día. Por la tarde llega Joana. Muy bueno verla de nuevo. Para cenar, pedimos comida tailandesa por Deliveroo en el Bolan Thai —me encanta ver en la app por dónde va el repartidor con su bicicleta— y nos invita Cris porque el lunes es su cumpleaños. También pagamos unas sidras de fruta, que es el descubrimiento de la temporada. Viene Gerry a mirar cómo ha quedado el baño y se queda a beber una sidra con nosotros. No le gusta.

El sábado nos vamos de excursión a Bath. Es un bonito pueblo inglés famoso por sus termas romanas. Espectaculares. Vayan a verlas.

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Los baños termales romanos de Bath.

El domingo a eso de las ocho de la mañana estoy en la estación de tren despidiéndome de Cris. Media hora después, Gerry está recogiéndome en la estación de Earley para desayunar en su casa. Me tomo un té con él y su esposa. De allí nos vamos a Woodcote a correr una 10K. Es una carrera benéfica para el pueblo organizada por voluntarios. En este país hay mucha tradición de carreras populares y eso se nota en el ambiente. Hay gente de todas las edades. De todas. El paisaje es maravilloso. Gerry me vence por seis minutos. La primera vez había que dejarle ganar. Volvemos a Reading y yo paso el resto de la tarde trabajando a todo tren.

El lunes comienzas las clases y yo empiezo con un nuevo hábito: meditación. A partir de ahora, todos los días cuando me levante voy a dedicar ocho minutos a meditar. He puesto interés en encontrar la ciencia que se esconde tras esta práctica y quiero probar si de verdad funciona. Veremos. Me voy temprano al Studio para imprimir pruebas y hacer correcciones de la tipo. Luego clase de Twyman sobre catálogos de finales del XIX y principios del XX. Me fascina todo lo que las publicaciones efímeras pueden enseñarnos del pasado. Por la tarde sesión crítica con Gerry y me voy directo al gimnasio. Gerry no me puede volver a ganar.

El martes tocaba Seminar de Murad pero como no es posible —y trae deliciosos dulces jordanos para compensar— tenemos una ultra-interesantísima sesión con Gerry que termina con un “we are becoming typeface designers, not people who design typefaces”. Con el subidón me voy a clase de Mosley sobre British fine printing, comemos y sesión con Fiona titulada Non-latin type design. South-Indian & related typeforms. Es como estar en el paraíso. Sin parar. Me voy a casa y me hago una videollamada con el Lole para hablar de mi futuro en Fontown, y con mis padres y hermano para hablar de mi presente. Deseoso estoy de enseñarle las recetas japonesas a mi madre. Me voy al gimnasio cuando la noche es muy noche. Antes de dormir retomo Man in the high castle allí donde la dejé antes de las navidades. Es una ucronía de Philip K. Dick. ¿Hace falta decir algo más?

El miércoles teníamos visita de Thania, una ex-alumna que trabaja en Apple. Pero se postpone para otro día. Así que dedico la mañana a trabajar para Fontown y la tarde para hacerme una minillamada con Dani y una superllamada con Carletes. Y de propina, otra con el Lole. Además me he convertido en consultor sentimental, así que escribo un texto larguísimo intentando resolver problemas de pasión. Ya puedo escribir pensamientos complejos en inglés. Esto va bien. Hablando de complejidad, termino el día leyendo tebeos de Star wars.

El jueves trabajo desde temprano y a las once me voy a la segunda parte de la sesión con Fiona. La anécdota graciosa es cuando me pide muy educadamente que explique el sistema de escritura no-latino que voy a diseñar y como no entiendo exactamente lo que me pregunta y quiero que me lo aclare le suelto un what do you want? en toda la cara que hace que todo el mundo se ría de buen rollo ante mi falta de tacto. Paso la tarde trabajando y la termino en el gimnasio.

El viernes no tenemos clase así que le meto una decena de horas a mi tipografía. De hecho, corrigo mil detalles. Pero lo interesante es que diseño mis primeros caracteres no-latinos. Bien diseñados, me refiero. Y me hace una ilusión que no veas.

El sábado paso la primera parte de la mañana investigando sobre un sistema de escritura en el que estoy interesado; y la segunda, limpiando mi habitación. Por la tarde trabajo hasta que me voy al gym. Por primera vez, cambio lo de escuchar podcast por música y funciona. Corro a mis mejores niveles y, además, lo hago con los pelos de punta y los dientes apretados. El culpable es Javi que me envía Exquirla —la unión de Toundra con Niño de Elche— y que yo me pongo vuelta y vuelta. Por la noche nos vamos a celebrar el cumpleaños de Kaja a The Jolly Anglers donde prometen jazz en directo y deliciosa comida. A las nueve y media hay jazz, sí, pero ya no hay comida. De hecho, el personal de cocina ya se ha marchado. No sé si lograré hacerme con estos horarios. Hoy tan sólo he comido un pincho de tortilla y he corrido 5K en veintitrés minutos. Tenía todas mis esperanzas puestas en una hamburguesa. Si el camarero llega a tener mejor pinta, le pego un bocado. Bebemos cervezas y comemos patatas fritas de bolsa. Lo pasamos bien pero yo llego hambriento a casa. Mañana me resarciré.

El domingo trabajo, sí, pero leyendo desde la cama y oyendo la lluvia morir en mi ventana. A la hora de comer Joana y yo nos ponemos las botas. Y a la hora de cenar yo sigo devorando a Southall. Nunca es suficiente.

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En ‘The Jolly Anglers’ con (de izquierda a derecha) Andrea, Natalia, Joana, Kaja y Nathan. Y las jodidas patatas en el centro.

5 al 13 de diciembre de 2016

El lunes me levanto temprano para trabajar en Fontown, de allí a clase de Michael —hoy: documentos musicales del XIX— y reunión con Gerry. Estamos una hora larga en su despacho hablando de mis ideas para la dissertation, la posibilidad de hacer un doctorado y muchas otras cosas buenas que espero den sus frutos en el futuro. Sin tiempo para comer me voy al centro a chequear librerías de segunda mano y a devolver un jersey que me obliga a meter tripa demasiado rato. Natalia dice que se viene conmigo. Hablar y estar con ella es de mis cosas favoritas aquí. Para volver a casa se nos une Francisca —no confundir con Franziska—, a la que recogemos en el Workhouse Coffee. Mientras esperamos a que termine su jornada laboral, yo me meriendo un trozo de brownie. Ya en casa, me marco un Skype de casi dos horas con Elena. Luego con Cris. Y como es tarde y hoy no he comido casi nada, me voy y me compro una pizza congelada y patatas fritas. Comida basura para terminar de rematar el mal día alimenticio. Sea como fuere, me quedo leyendo hasta las tres porque el sueño no asoma.

El martes empezamos con una clase de Gerry sobre un Lexicon en el que ha participado, seguimos con James desde la roman du roi hasta Fournier, continuamos con Pathum y Mathias contándonos su experiencia como estudiantes del curso pasado —con maravilloso colofón de Gerry explicando por qué es mejor brindarnos las herramientas para aprender lo que nos propongamos por nosotros mismos cuando lo necesitemos, en cuenta de centrarnos en aprender los últimos cambios en una tecnología que siempre está cambiando— y terminamos con Riccardo Olocco y Michele Patané: durante toda la semana vamos a estar con ellos haciendo un revival por grupos de una tipo italiana del siglo XVI. A mí me ha tocado con Franziska —no confundir con Francisca— y Geetika. Terminamos tarde y yo me voy a casa a trabajar un poco más en Fontown y a leer, que me ha llegado el libro que necesitaba. ¡Por fin!

Miércoles: dolor de cabeza y workshop intensivo todo el día. Estamos trabajando duro y los prefesores son la bomba. Me voy tan motivado que me pongo a trabajar en mi tipo toda la noche.

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Riccardo y Michele analizando una de las primeras versiones de nuestro revival.

Jueves: ligero dolor de cabeza —he tenido más en lo que llevo en este país que en toda mi vida— y más tipos venecianas. Trabajando muy a tope. Hoy tenemos reencuentro con los estudiantes del año pasado porque mañana tienen la Graduación. Es muy guay volver a verlos.

El viernes terminamos con el workshop. Es de lo mejor que hemos tenido hasta la fecha. Todos los comentarios que hacen Riccardo y Michele son de un nivel y una precisión que asusta. En la presentación de los proyectos tengo que hablar en público cuatro frases y me vuelve a dar el bajón por parecer tontito. Esta vez me dura solo cinco minutos, pero me pongo como propósito de fin de año abandonar, enterrar y orinar sobre mi maldito complejo. Para acabar el día vamos a beber a la Senior Common Room y a cenar al Cafe Madras. De todas las interesantes conversaciones que constantemente tenemos sobre tipografía, la vida o tonterías varias, mis vencedoras son siempre las que versan sobre diferencias culturales. Hoy, por ejemplo, he tenido que enseñar a Yui a dar abrazos a la europea y ella me ha pagado revelándome que con mis tatuajes es difícil que pueda entrar en un baño público tradicional cuando vaya a visitarla a Japón.

El sábado teníamos planeado hacer una excursión a Londres, pero como está lloviendo nos quedamos en casa. Paso el día currando como un loco. A mediodía no me gusta la tipografía que estoy haciendo. Por la noche, la amo. Y sigue siendo la misma. Historias de amor. Joana y yo decidimos que hoy es el día italiano. Carbonara a mediodía, pizza para la noche. Me quedo viendo hasta tarde capítulos de The man in the high castle.

El domingo es un buen día, climatológicamente hablando. Así que Joana, Kaja, Natalia, Nathan y yo nos vamos a Londres, donde se nos unen New y Franzsiska. Vamos al Design Museum que es lo más de lo más, aunque seguramente tendré que volver para degustarlo mejor porque se me ha quedado pendiente visitar la biblioteca, el archivo y alguna exposición de las de pago para ver si están a la altura. Comemos en un Byron y nos vamos a Hyde Park justo cuando el cielo empieza a bostezar. Miles de tonos anaranjandos, todos distintos pero igual de bellos, se posan en cada rincón. En Winter WonderLand en cambio solo hay luces de neón, pero nos vale igual. Comemos, bebemos —descubro el mulled wine— y nos montamos en atracciones de esas de sube y baja y vuelta a empezar. Dos cosas que se me olvidaron comentar cuando escribí sobre este sitio: los Spanish churros compiten en popularidad con los gofres o los crepes y, de hecho, hay más churrerías en este sitio que en toda Zaragoza; cuando vas a comprar alcohol si sospechan de tu edad te piden una identificación. ¡Y a mí una vez me la pidieron! Me mantengo en buen estado, por lo que parece. Anyway, a medianoche estamos ya en Foxhill tras pasar un día realmente divertido.

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Haciendo el tonto en el Byron: Natalia, Kaja, New, Nathan, Franziska, Joana y el que escribe.

El lunes hago la última colada del año y como tiene que quedar todo seco hoy, lo tiendo y pongo la estufa y el deshumidificador trabajando a todo tren. Me voy al Studio y hago pruebas de impresión de la tipografía antes del feedback pre-navideño e individual que tenemos hoy. Mi turno es a la una y la cosa va bien. O eso creo, porque con este hombre nunca se sabe. Luego Gerry me cuenta cosas profundísimas que habíamos quedado en discutir, pero que yo sólo me dedico a entender y memorizar. De momento no me da para procesar y replicar al instante en conversaciones de alto nivel. Para despedirme, reparto abrazos —de diferente intensidad según el páis de procedencia— y me despido. En casa tengo que abrir la ventana de mi habitación porque el calor que hace es inhumano. Al menos la ropa esta seca. Paso el resto de la tarde trabajando, haciendo el tonto, cena de despedida con Joana, Franziska y Ute… esas cosas. Y haciendo la maleta a medianoche.

El martes me levanto cuando aún no son las ocho y Joana y Franziska se levantan también conmigo para despedirse. So lovely! De allí a la estación, tren, Paddington, dos horas de bus, Stansted, avión, Zaragoza. Respondo en inglés al buenas tardes del señor de la aduana y se me hace raro que la gente hable tan alto. Ahí está Cris. Corro hacia ella. Cambio y corto.

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Home, sweet home!

21 de noviembre al 4 de diciembre de 2016

Empiezo la semana con dolor de cabeza. Nunca había tenido tantos en mi vida. Me pongo a trabajar. Voy a clase de Michael Twyman. Hoy toca guías de viaje. Pero claro, del siglo XVIII. Lo que sabe —y lo que tiene este hombre— es para andar con la boca abierta una temporada entera de [inserte aquí su serie de ficción favorita]. Es una de las sesiones más interesantes que hemos tenido con él o es que tal vez ya empiezo a entenderle hasta los chistes. Mientras recogemos el material me pregunta: «Pedro, ¿tú de qué país eres de Latinoamérica?». Me extraña que sepa mi nombre y que hablo español porque en lo que llevamos de curso no he abierto la boca en sus clases. Parece que aquí la gente hace su trabajo. De allí me voy directo al gimnasio, la semana pasada creo que ni lo pisé. Digo creo porque estoy empezando a confundir los días y las semanas. Sudo un poco e intento que mi cabeza entre en modo piloto automático. Vuelvo a casa comiendo mucha fruta, mucha fruta fresca, tómala y drisfruta como te parezca. Leo un poco y me pongo a trabajar. A las nueve y media paro, cocino con Joana, mi ojo se hincha por alguna reacción alérgica, cenamos y acabo el día leyendo y riéndome con un capítulo de Brooklyn nine nine.

El martes empezamos temprano con el Seminar de Nathan sobre los inicios de la tipografía digital, tema apasionante que se convierte en mindblowing —que te explota la cabeza, mamá— cuando Gerry se saca de su colección personal cientos de objetos que ya es difícil de encontrar por separado. De allí a la clase de Mosley sobre tipos aldinas francesas, a comer con Joana a la Senior Common Room pastel de carne a la menta, con puré de patatas y guisantes que es lo más inglés que comeré nunca. Pero no lo mejor. Nueva sesión de feedback con Gerry. Los detalles sobre cada uno de los proyectos conforman cada martes una clase sin parangón sobre diseño de tipografías. Cuando termina corro hacia mi ordenador y veo que ya estoy en el puesto mil y pico de la cola. Sí, mejor me explico. Hoy salían a la venta sesenta mil entradas para las navidades del año que viene (2017) de la obra de teatro de Harry Potter. A las once de la mañana en punto —puntualidad británica, recordemos— he tardado en ponerme a la cola lo que cuesta hacer un click, ay que no se carga, dale otra vez, de acuerdo ya estoy dentro. Posición dieciocho mil. Así, para empezar. Bueno, hay entradas para todos, que no cunda el pánico, vamos a esperar tranquilamente sin apagar el ordenador ni que nadie me lo toque. He dicho. Que nadie. Me. Lo. Toque. Pero muy tranquilos todos. Siete horas después, ya en el puesto ciento y pico, con la tarjeta preparada y los nervios a flor de piel, bum, pantallazo. Las entradas están agotadas, que al final solo eran cinco mil o que solo ha habido entradas para los cinco mil primeros o que si tus sueños se han roto en mil pedazos jódete, ¡jódete! y que en enero volverán a poner más tickets a disponibilidad de todos los tontos que las queramos. Pues a mí tonto no me gana nadie. Con la vida apestando a problemas del primer mundo, me voy a casa a trabajar en mi tipo. Hasta las once. Os lo dije, amigos. ¡A leer!

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Gerry al frente de su enorme colección de revistas y catálogos de la primera etapa de la tipografía digital.

El miércoles tenemos día libre, así que me levanto y de un salto me pongo a trabajar. Paso el día escribiendo pomodoro tras pomodoro —he rescatado esta técnica que tan bien me funcionó tiempo atrás—. A mediodía comemos un curry delicioso que hace Franziska y de paso me descubre los advent calendars, muy populares en Austria. Son unas cajas con veinticuatro ventanitas o cajoncitos. Detrás de cada uno de ellos se esconde una chocolatina o un regalo. Se les regala a los niños para que desde el uno al veinticuatro de diciembre vayan descubriendo deliciosas sorpresas. Le he comprado uno a Cris la mar de mono que le regalaré cuando venga este fin de semana a verme. El caso es que a las ocho de la tarde, y con un maravilloso dolor de cabeza, termino el briefing de mi proyecto. Mil quinientas palabras una detrás de otra que envío a Carletes para ver qué opina de mi inglés. Corregimos cinco palabras, ¡cinco! —Nota para Carletes: ¿Te acuerdas de cuando me corregías mis desastrosos correos hace menos de un año?— y se lo mando a Gerry. La fecha de entrega es el próximo martes, pero yo el fin de semana lo tengo reservado para Cris y además le quiero dar tiempo a Gerry para que lo mire y me diga si es entendible o no. Me voy al gimnasio y corro y remo como un poseso. Me ducho. Compro leche. Me voy a casa. El dolor de cabeza se ha evaporado. Termino el día hablando con Cris y relajándome con Netflix. Me lo he ganado.

El jueves me levanto de rechupete. La táctica del «vamos a hacer las cosas con un poquico de orden» está venciendo a la del «trabajar a lo burro como si fuera de Ejea». Preparo y lanzo Mestre 1.1, que no es una gran cosa pero que me sirve para calzar el link aquí también. ¡De oferta, señores! Hoy tenemos sesión con Fiona, esta vez sobre sistemas de escritura del sur de Asia. Son acojonantemente bonitos. Nos explica de dónde vienen, a dónde van, convenciones tipográficas, orígenes caligráficos, anécdotas, cómo diferenciarlos y, en definitiva, cómo amarlos. Entre medias tenemos Seminar de una de las doctorandas —Letícia, nuestra amiga brasileña—, sesión sobre fuentes de investigación —con Vaibhav, nuestro amigo indio— y una conversación con Gerry en la que le cuento qué es el efecto Dunning-Kruger. Me voy a casa y veo que me ha llegado una carta del NHS —la Seguridad Social de aquí—, al parecer ya tengo más derechos en Reino Unido que en España. Me marco un Hangouts de dos horas con Carletes. De los buenos, de esos en los que hablamos mucho de la vida y poco de las nuestras. Gerry aprovecha para devolverme mi briefing con algunas notas. Hay muy pocas cosas marcadas como erróneas y la mayoría son de enfoque académico más que idiomático. Como me dice Carletes, parece que sufro del síndrome del impostor y que mi inglés no debe de ser tan malo. Me paso el resto de la tarde corrigiendo el documento y se lo devuelvo a Gerry. Con el trabajo hecho y poco más de las once en el reloj, toca desconexión.

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Taller de sistemas de escritura del sur de Asia con Fiona.

Para acabar la semana, taller de composición en plomo con el señor encargado de estas cosas en la Universidad y del que he olvidado el nombre. Lo investigaré. Entre medias llamada de Cris, que ha surgido algo en el trabajo y que no puede venir este fin de semana, pero luego que sí. Me voy a buscar su regalo a donde Cristo perdió la zapatilla porque ayer no estaba en casa para recibir el paquete y les dije que me lo dejaran en el centro de recogida más cercano. Al menos, descubro barrios de Reading que no conocía. Como hace sol —¡hace sol!— pedaleo con alegría y solo me falta silbar. En casa, Franziska hace Ratatouille y comemos en familia. Me paso el resto del día trabajando como un cabrón para tener el fin de semana libre. Algunos de mis compañeros se van de fiesta. Amén.

El sábado amanezco con los Leonidas en mi salón, que vienen de visita con un señor constructor porque durante las navidades van a reformar el baño. Como yo solo me voy quince días a España me dicen que, si no da tiempo para terminar la obra, podré pasar unos días en la habitación de invitados de su casa. Qué majos. Pero no. Paso el resto de la mañana haciendo cositas para Fontown y dejando mi tipografía niquelada para la próxima sesión de feedback. A media tarde me voy a Londres a esperar a Cris. Como llego más de una hora temprano, me doy un paseo largo y acabo en un barrio precioso. Me paro frente a una inmobiliaria y ninguna casa cuesta menos de dos millones de libras. Claro, así yo también soy bonito. Me empeño en buscar un brownie de bienvenida para Cris pero está todo cerradísimo. Llega en autobús, nos montamos en un tren y cenamos en el Jamie’s Italian de Reading. No hay pizza y yo estaba en modo quiero pizza por encima de todas las cosas. Ya en casa le doy el advent calendar y resulta que debe de ser originario de Austria pero que es más viejo que la tos. Que esto está en todas partes y que ya lo conocía pero le encanta. Por primera vez en mi vida duermo con alguien en una cama de noventa. La echo tanto de menos que incluso me sobra espacio.

El domingo nos cogemos un tren de los lentos hacia Waterloo y de allí paseamos hasta Hyde Park. Aquí hay un pifostio llamado Winter Wonderland con comida, atracciones, tiendecillas navideñas, noria, ice bar y todo lo que te quieras imaginar. Lo probamos todo. Salimos y nos topamos sin querer con el mítico rincón de los debates al que siempre he querido venir. Es apasionante ver cómo la gente se concentra en grupúsculos y discute apasionada pero educadamente siempre con un libro en la mano. Volveré cuando mi inglés me permita meterme en harina. No recorremos Oxford Street enterita entrando aquí y allá. Acabamos con nuestros huesos en un pub del Soho para bebernos una cerveza y una sidra. Eso nos salva. Cris y yo nunca paramos. No fumamos. No tomamos café. No descansamos. Resultado: en todos los viajes acabamos muertos. Descubrimos que estando una hora parados también le tomamos el pulso a la cultura inglesa. Recobramos fuerzas y eso nos salva la tarde. Todavía estoy en modo pizza. Vamos al Vapiano. De allí andamos hasta Paddington. Y de la estación de Reading a Foxhill, también a pie. Hoy, veinticinco kilómetros. Tontos de remate, lo que yo decía.

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En lo alto de la noria de Winter WonderLand.

El lunes vamos a ver el campus para fliparlo un poco, luego al centro, un par de librerías —para que Cris entienda por qué se me está yendo la olla en este país—, comemos, compramos guarradas y nos vamos a casa. Por todas partes es algo así como «mira Cris, aquí es donde me compré mi primera botella de leche cuando vine a Inglaterra». Como un crío. En casa, ella trabaja un poco, pero pasamos el resto de la tarde y de la noche haciendo lo que más echamos de menos: estar largos junticos. La versión inglesa de este infinito placer es ver Terrace House en un portátil, largos en una cama de noventa y comiendo mierdas del Mark & Spencer.

El martes la acompaño a la estación. Lo de que lo bueno, si es breve, dos veces bueno me empieza a tocar los cascarones. Cojo mi bici que dejé encadenada aquí hace tres días y en medio de una hermosa helada me coy a clase. Hoy tenemos seminar de Ute sobre líneas y párrafos, clase de James sobre Le goût hollandois y feedback de Gerry. Terminamos y me voy a casa corriendo porque tengo videollamada con el Lole y después cena con Murad en su Hall. El choque cultural con él es tan tremendo que parecemos de planetas diferentes. Todo lo que me cuenta sobre su vida es de las experiencias más interesantes que he tenido jamás. Y la comida jordana: para chuparse los dedos. Termino el día leyendo.

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Cena jordana con Murad. Yum!

El miércoles me levanto con un dolor de garganta que no me merezco y una helada de rechupete. El campus vuelve a estar blanco. Precioso. Hoy comienza el workshop de tres días con Fred Smeijers con una primera conferencia sobre tipos del siglo XVI que es lo mejor que he visto en mi vida. Al final de la tarde mi dolor de garganta ha conquistado también mis ojos y mi cabeza, así que lo resuelvo cocinando bolognesa para el barrio entero.

El jueves más helada, más dolor de garganta y más Fred Smeijers —esta vez para aprender a hacer numerales—. Me voy al centro a comprar ropa de abrigo. Yui dice que se viene conmigo. Acabamos cenando en el Royal Tandoori y contándonos nuestras vidas. Me la quiero llevar a casa. La principal diferencia entre los veinteañeros europeos y los asiáticos es que los europeos piensan que lo saben todo y los asiáticos que no saben nada. De ese simple hecho derivan tantas cosas que podría escribir un libro entero sobre ello. Pero soy demasiado joven como para saber algo al respecto.

El viernes más escarcha, más garganta y más Smeijers —símbolos y signos de puntuación—. Como ayer me cerraron las tiendas temprano, me vuelvo al centro a hacer cositas. Compro hasta camisetas interiores, no digo más. Como cada vez me siento peor, acabo la noche entre mantas y chupándome dos partidos de la NBA, uno detrás de otro.

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Ronda final de preguntas a Fred Smeijers.

El sábado me levanto peor así que cancelo mis citas con Sabina y Elena en Londres y me voy a comprar medicinas al super. Porque aquí puedes comprar medicinas básicas en el super, sí. Paso el resto del día trabajando pero desde la cama y a ritmo sosegado. Y bebiendo bebidas calientes. Muy calientes. Hasta me echo una siesta. Por la noche pedimos comida en The Bali Lounge a través de Deliveroo porque Joana está como yo o peor y no es cuestión de jugar a las casitas hoy. Termino el día viendo más NBA y leyendo sobre meditación.

¡Parece que The co-operative Max Strength Cold & Flu Relief Powder for Oral Suspension funciona! Eso sí, sabe a rayos. Me paso el domingo trabajando para recuperar lo que no hice ayer.

14 al 20 de noviembre de 2016

El lunes me despierto y diez minutos después estoy yendo a la biblioteca del departamento para recolectar material para mi Seminar. Allí me encuentro con Gerry y compartimos nuestro secreto: ambos somos grandes lectores pero ninguno de nosotros suele pisar una biblioteca ya que tenemos esa rara enfermedad que nos impide leer algo que no poseamos. Moriremos pobres pero con una colección de libros envidiable —él más que yo—. Fotografío algunos artículos que necesito y me voy al Studio porque he quedado con Yui. Ella me da las fotos de la última sesión de Michael Twyman y yo le doy mi opinión sobre su tipo —alfabeto latino, no japonés—. Acto seguido vamos a la clase de Michael que hoy trata de diferentes aproximaciones al tratamiento del tiempo en infografías. No está relacionado con el diseño de tipos pero es igualmente interesante. Cuando termina me voy a la biblioteca central del campus y allí encuentro todo lo que necesito. La biblioteca está repleta de gente, pero la silenciosa atmósfera es maravillosa. No suelo frecuentar estos sitios porque prefiero trabajar en casa pero tal vez me venga más de una tarde a sentir el peso del conocimiento en derredor. Me voy a casa con casi cuatrocientas páginas fotografiadas que tengo que ordenar, ¿imprimir? y estudiar. Me pone nervioso no tener estos recursos en mi estantería y tener que tirar de fotocopias. Sé que, al menos, Gerry me comprende. Paso el resto de la tarde leyendo y escribiendo. Hoy he decidido dejar la tipo reposando.

En la web de la biblioteca he encontrado tres libros que pueden ser interesantes, así que el martes me levanto temprano y me voy para allá. Me gusta que la biblioteca esté veinticuatro horas al día abierta. Me gusta que las luces de los pasillos repletos de estanterías se enciendan a tu paso. Me gusta. Eso sí, los tres libros sobre alfabetos africanos a los que les había echado el ojo no contienen la información que andaba buscando, así que aprovecho y trabajo un par de horas en una mesita con vistas a la plaza central del campus. De allí a la clase de Mosley que esta semana versa sobre cancellaresca corsiva, previo aviso de que a partir de ahora nada de fotos en clase. Joana me pega un codazo porque yo me dispongo a hacer una foto de la pantalla justo tras acabar de advertirnos. No había entendido del todo el aviso. ¡Glups! Después de comer toca Seminar de Franziska sobre los punzonistas con la correspondiente abrumadoramente maravillosa clase posterior de Gerry sobre el tema. Vemos punzones originales, vemos en vivo el proceso de fabricar un tipo y acabamos en una monotipia con la firme promesa de que la usaremos más pronto que tarde. Al salir de clase me voy a por Elena, que está de visita en Reading. Nos ponemos al día, reímos, bebemos y se suman para la cena Alessia y Vaibhav. Para las copas de después, también Veronika y José.

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Elena y yo con cara de susto en The Abbot Cook.

El miércoles tenemos sesión con Typetogether. La primera ronda es un typecrit del que salgo con una crisis existencial sobre mi proyecto. Estoy mezclando churras con merinas o, lo que es lo mismo, Africa con Italia. Corro a contárselo a Gerry que me quita el agobio a base de bofetones de lógica. De repente, me siento calmado pero estúpido. Gerry es como un narcótico. José y Veronika también nos dan una clase de diseño de tipos para libros y otra para periódicos. Aplaudo mentalmente con las orejas. Todo lo que cuentan es oro. Sin tiempo para procesarlo, cogemos el tren a Londres. Llegamos con el tiempo justo para ver a Nadine Chahine en el Beatrice Warde Memorial de St. Bride. Una fascinante conferencia sobre tipos árabes. Salimos y todo el mundo se queda a echar una cerveza en Londres pero yo decido volverme a Reading porque con la tontería las horas se pasan volando en esta ciudad. Andrea se viene conmigo y no pasamos todo el trayecto hablando —en español— del Máster y nuestras vidas. Cuando llego a Reading me acuerdo de que Joana ha encadenado su bici a la mía, así que me tengo que ir a patita a casa. Por lo menos tengo una maravillosa compañera para el camino. Me despido de Andrea a medianoche y aprovecho un par de horas de insomnio para trabajar.

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Veronika y José dándome ‘feedback’.

El jueves empezamos la mañana con una clase sobre stencil letters a cargo de Eric Kindel de la que no esperaba nada —ni en el buen ni en el mal sentido— y de la que salgo boquiabierto. El resto del día tenemos otra sesión de Arabic con Fiona y Bornā, con un Seminar por medio a cargo de un candidato a Doctor que nos habla de mapas de museos en dos y tres dimensiones. En cuanto al árabe, aprendemos a detectar el esqueleto del script y a moldearlo. Entre otras cosas. Porque el workshop es intensito. Pero tremendamente útil. Cuando acabamos me echo la noche a la espalda y me cruzo Reading para ir a buscar mi bici. Por el camino entro a un Boots en el que no compro nada y a un Sainsbury’s en el que compro de todo. Vuelvo con la bici cargada de bolsas con cosas para la casa pero con una mano libre para ir comiendo patatas fritas picantes. Tantos veranos recorriéndome Ejea haciendo malabares sobre la bici con herramientas de carpintero por fin tienen su recompensa. Pedalear y comer. Maravilloso. Vuelvo a trabajar hasta las dos.

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Bornā explicando anatomía de la escritura árabe bajo las atentas miradas de Yui y Joana.

Hoy es día libre y decido no ir a las clases de inglés. Tengo demasiadas cosas que hacer como para perder el tiempo por culpa de mi complejo. El resultado es diecisiete horas de trabajo. Sí, diecisiete. Porque las cuento. Sólo paro para comer a mediodía y devolver a media tarde unos libros a la biblioteca que encima no son míos. Escaneas y depositas. Rápido. Pero volvamos a lo de las diecisiete horas. Creo que es un récord personal. Sólo he escrito e investigado. No estoy cansado pero se me está empezando a ir la olla con la emoción y con el «total, no tengo otra cosa que hacer». Pero los ojos me pesan. A las dos vuelvo a caer rendido.

Soy uno de esos pesados e intransigentes antidrogas —no me vengáis ahora con lo del tabaco— y por eso no me gusta levantarme con dolor de cabeza y tener que tomarme una Aspirina. Me gusta mantenerme limpio y eso incluye fármacos, pero esta semana ya van unas cuantas pastillas matutinas por mi headache. Decido tomarme el día libre y trabajar solo un poco. Un poco más mamá, por favor. También hago un Skype con Andrés y mis padres. Ráfagas de Whatsapp Audio con Carletes. Escucho y re-escucho el nuevo disco de Metallica. Nota para el Pedro del futuro: ayer salió Hardwired… to Self-Destruct y está sorprendentemente bien. Una pena no haber ganado esas entradas para la presentación en la House of Vans. Limpio y ordeno mi habitación un poco más a fondo de lo que lo hice la semana pasada. Me doy cuenta de que me agarro a una bolsa ardiendo. Me explico: me da cosica incluso tirar las bolsas que han venido con Cris. Sí, bolsas. Blancas. Del chino de debajo de casa. Pero de Cris. Es curioso. Me hago el fuerte y tiro una porque ya tengo muchas. Hago un Facebook Messenger más largo de lo habitual con ella. O varios. Comienza a llover y es de noche. Está claro lo que toca hacer ahora. Escucho jazz y escribo poesía.

El domingo lo único que hago es trabajar con un Skype con los Golokas de por medio. Eso sí, de hora y media. Pero el resto del tiempo lo paso sin levantar el culo de la silla así que decido que algo debería hacer con mi vida antes de volverme idiota. Echo de menos leer. Leer por diversión. Leer algo que no sea sobre letras. Es la primera vez en mi vida que paso más un día —y de una semana— sin leer antes de irme a dormir. Así que tengo una nueva norma: a las once de la noche este que aquí escribe dejará de trabajar cada día. A partir de ahí leer, ver una película o tocarme la nariz. Hoy es la primera vez que lo aplico. Buenas noches.

31 de octubre al 13 de noviembre de 2016

Me despierto el lunes con un mensaje de LL y JD —mis amigos del countryside— que pasan por Reading antes de irse a construir una central nuclear. Como la tarea no es fácil, almorzamos en The Yolk un English Breakfast como buenos españoles. Nos ponemos al día y nos prometemos intercambiar visitas. Acto seguido me voy a la sesión de hoy con Michael Twyman que versa sobre Jan Tchichold. Al principio me cuesta entender de quién está hablando porque se pronuncia algo así como «chicoll» y tengo que preguntar. Cuando me entero disfruto como un enano con toda la historia de este gigante. Terminamos y Joana se marcha con Igor porque hoy ya se vuelve para Portugal. Las visitas de nuestras parejas nunca van a dejar de parecernos escasas. ¿Una anécdota de Igor? Venga. Me contó que en Portugal el idioma porno oficial es el español porque hubo un tiempo en que un canal televisivo de mala muerte emitía porno argentino y claro, todos bromean con expresiones como «si a ti te gusta, a mí me encanta». Me encanta. El caso es que hoy ha salido el sol y al salir de clase nos quedamos como sorprendidos. Dan ganas de tumbarse en la hierba. En cambio, me voy a Correos para enviarle un libro a Víctor. Aquí Correos no es Correos. Es una post office que también vende artículos de papelería, tabaco y pescado congelado. Por suerte hay post-it a un precio razonable. Compro. Vuelvo a casa y me paso toda la tarde trabajando hasta que deja de ser lunes.

El martes es el primer Seminar. A cada uno de nosotros se nos ha asignado un tema que deberemos investigar, redactar y presentar. Esta semana y para abrir el melón tenemos a Geetika con Lettering and writing que hace un interesante repaso a la historia de la escritura. La sesión termina con Gerry profundizando más todavía en el tema. La visión y el conocimiento que tiene este hombre de las cosas me fascina. Relaciona la pirámide demográfica con el mercado tipográfico, por ejemplo. Yo le miro embobado. Luego tocaría sesión con James Mosley. Tocaría pero esta semana es una semana especial en la UoR y —se supone— no hay clases, así que tenemos dos horas libres que aprovechamos para refinar nuestros bocetos. En la sesión vespertina los vemos. El momento crítico llega cuando Gerry me pregunta algo sobre mi boceto, no le entiendo, me pongo nervioso y a partir de ahí por más que me explica las cosas de tres maneras distintas yo me empeño en no entenderle. Acaba la sesión y me voy a casa. Por el camino me echo a llorar en plan español tontico. No lo puedo evitar y es ya la segunda vez que me pasa. Hablo y escucho en inglés casi con total normalidad, pero hoy me he bloqueado y he sentido una mezcla de estupidez y desazón que no es lógica. Tras hablar con Cris por Whatsapp y Natalia por Slack, me convencen de que soy muy duro conmigo mismo y que esa no es una buena actitud. Me voy al gimnasio a quemar calorías y luego, para recuperarlas, voy al supermercado y me compro patatas fritas picantes y cookies de chocolate. Mi combinación favorita. Puede que la comida no sea la respuesta pero, al menos, hace que olvide las preguntas. Paso el resto del día cocinando una hermosa tortilla de patata para la comida de mañana y trabajando en mi tipografía a fuego lento.

El miércoles me levanto habiendo dormido seis horas. Estoy empezando a recuperar mi ritmo habitual de trabajo. Hoy tenemos diferentes sesiones —con Gerry y Fiona— de cómo mirar objetos, tomar notas, acceder a la base de datos del Departamento, escribir de manera académica o enfocar el proyecto de nuestra dissertation. Empiezo a entender el sistema británico y, en concreto, qué hace a este Máster grande entre los grandes. Aquí dispones del tiempo, los recursos y las personas adecuadas para exprimirte a ti mismo. Como nos dijo Gerry el primer día, no le interesamos las personas que somos ahora sino las que seremos dentro de un año tras pasar por sus manos. O como ha dicho hoy, tenemos la oportunidad de investigar y escribir sobre algo que no ha escrito nadie jamás y que hará avanzar en mayor o menos medida nuestra disciplina. Aquí tienen claro que —a pesar de ser un Máster de altísimo contenido práctico— el buen diseño nace de un buen conocimiento del medio, una precisa disección de necesidades y una apropiada investigación. El caso es que cada vez empiezo a tener menos tiempo para nada porque es como hacer dos másters en uno y eso se traduce en que tengo que pedalear más deprisa de camino a casa engullido por la más oscura y fría de las noches desde que estoy aquí. Pedaleo como si estuviera furioso. Pero es emoción. Y ganas de comerme el mundo. El resto de la tarde lo paso diseñando, investigando y escribiendo —a una velocidad que ya casi la podría equiparar a la española—. Para cenar no tengo tiempo para mucha historia así que chorizo español con pan indio. ¿Por qué no? Vuelvo a quedarme trabajando hasta que nos dieron las dos y con letras desnudas me encontró la luna.

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Gerry al frente de una sesión conjunta con los MA Book Design y MA Information Design.

El jueves es mi segundo aniversario de boda. Con Cris, claro. Lo celebraremos el fin de semana en Londres. Cada vez que nos acordamos del viajazo que nos pegamos nos dan ganas de coger el siguiente avión rumbo a América. Hay días que al norte. Hay días que al sur. Hoy, al norte. Con motivo del aniversario me han preparado un taller de itálicas con Victor Gaultney. Un detalle. Es motivador profundizar en la construcción de las itálicas con tanta intensidad como en las redondas y además de la mano de Victor que nos acompaña como si de una visita guiada se tratara —de hecho está haciendo el doctorado en este tema—. Parte del taller es también tutoría sobre nuestros proyectos. Durante mi turno intercambiamos impresiones y saco en claro algunas apreciaciones sobre las primeras itálicas que me van a ser de mucha utilidad. Otras cosas que aprendo hoy es que el horario de los musulmanes para rezar lo dicta la posición del sol y la sombra que proyectamos —me lo cuenta Murad antes de irse a rezar— y un sinfín de datos sobre Japón —que me cuenta Yui— con respecto a su sistema de escritura pero también sobre sus costumbres. Lo más curioso es la manera en qué cuentan los años con base a los reinados. Durante el taller recibo un e-mail diciéndome que mi niño se ha adelantado y que no espera a nadie. Voy a la Apple Store y recojo mi nuevo MacBook. Paso el resto del día configurándolo para dejarlo listo para la batalla. Es tan rápido que me quedo igualmente trabajando hasta las dos, pero trabajando como con prisa.

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Workshop de itálicas por Victor Gaultney.

El viernes continua el workshop con Victor. Si ayer fue más práctico, hoy toca teoría y análisis. Es, sin duda, una de las mejores clases a las que he asistido en toda mi vida. Lo que cuenta y cómo lo cuenta es brillante. Entre las sesiones de la mañana y de la tarde, tenemos clase con Fiona que nos enseña material original de su etapa en Linotype que darían para una exposición —de hecho dio para eso y un libro— que sirven como recorrido para entender parte de la historia de la impresión y del diseño moderno de tipos multi-escritura. Es un lujo tener al alcance de la mano estos objetos y a esta mujer. Mi compañero Murad también lo piensa, pero como tiene que rezar cinco veces al día, y como ya viene siendo costumbre, a mitad de clase se va. Terminada la sesión vespertina de itálicas voy a la biblioteca del departamento y buceo un rato entre tesoros. Antes de irme a casa, Yui me enseña libros y revistas japonesas que me ha traído. No salgo de mi asombro con el diseño de algunas de ellas. Ya en casa, trabajo duro hasta las dos de la noche porque el fin de semana voy a pasármelo tocándome el higo.

Empieza el fin de semana y me voy a Londres. Nada más aterrizar vuelvo a quedarme ojiplático con el estilazo que tiene la gente. En Reading el más moderno soy yo, así que imaginen. Uno de Ejea, chica. Me encuentro con Elena y me lleva a la Small Publishers Fair a ver libritos. Lo gozamos durante un buen rato y a la salida una italiana me dice que si soy italiano, que tengo cara de italiano, que podría ser primo suyo, que más concretamente del sur de Italia, sí, sí, pero seguro vamos. No es la primera vez que me pasa. Será por la nariz. Nos vamos a comer a un Byron y los camareros se piensan que somos franceses. Pues igual no es por la nariz. Lo raro es que uno de los camareros es asturiano y el otro gallego. El caso es que ayer no cené porque estaba muy a tope currando y hoy no he desayunado porque nunca desayuno así que, claro, sin darme cuenta me he zampado una hamburguesa, seis alitas de pollo picantes, mis patatas, las de Elena, una cerveza y un batido de estos que hacen con helado y tal. Al levantarme de la silla no puedo casi ni incorporarme. Vamos a Foyles y nos tiramos allí nuestro par de horas. Elena sí que sabe dónde llevarme. La sección que más me gusta es la de Humor que está repleta de libros con Trump en la portada con cara de «quien ríe el último, ríe mejor». Como siempre que nos vemos, Elena viene con agenda así que nos vamos a la Algerian Coffee Stores a por café en grano para la señorita. Al menos el sitio es bonito y el dependiente, guapo. De allí vamos a Marble Arch a coger el autobús para Stansted, Elena me cuenta la historia de «aquello es como lanzar una salchicha por Oxford Street» y nos despedimos. En Stansted espero a Cris a la que llevo dos meses sin ver porque entre un trabajo y otro no ha podido salir de España en todo este tiempo. Como queremos pasarlo teta, hemos decidido quedarnos en Londres esta vez. Cogemos autobús y metro hasta llegar al barrio de Walworth, hacemos check-in y nos vamos a cenar porque es tarde. Lo único que queda abierto por aquí es un Nando’s así que no nos queda otra que comer pollo y maíz allí. Sorprendentemente, está bueno.

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Cenando en el Nando’s.

El domingo nos vamos al centro y nos pasamos el día recorriendo tiendas con estilo. Una de ellas —más curiosa que estilosa— es el Japan Centre por recomendación de Yui para comprar revistas, libros y galletitas. Por la tarde vamos al tradicional encendido de luces de Oxford Street, este año a cargo de Craig David, que resulta ser una castaña. A esta gente le falta el sentido del espectáculo de los yankis. Cenamos en Inamo Soho, un restaurante Asian fusion algo caro para lo que sirven pero con mesas interactivas para elegir lo que vas a comer y jugar al Pong con tu pareja mientras esperas. Mola. Como los postres parecen flojos pongo Foursquare a funcionar y me dice que cruzando la calle tenemos L’eto Caffe, famoso por sus tartas. Compramos Carrot Cake y otra verde de espinaca y mascarpone. Para morirse. De ricas, digo.

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Eligiendo bebidas en el Inamo.

El lunes es, a efectos prácticos, nuestro segundo y último día juntos. En nuestro afán por ir descubriendo Londres, nos vamos al barrio de Brixton. Nos encanta para quedarnos a vivir aquí. Volveremos un sábado porque pinta divino. Cuando nos hemos empapado de Brixton cogemos el bus para ir al centro. Viajar en bus puede ser un poco más lento pero bastante más nutritivo. Bajamos en Chinatown y nos vamos paseando al British Museum. Por el camino nos encontramos con Forbidden Planet, una tienda en la que podría dejar un lunes a Edu e ir a buscarlo un viernes. Como no es ni nuestra primera ni nuestra segunda vez en el British nos vemos las colecciones que más nos interesan y nos pasamos un buen rato en la librería. Me compro un librito con la historia de la piedra Rosetta. Comemos. No, comemos no que ya es tarde. ¿Merendamos? ¿Cenamos? En fin, lo que sea. Acabamos en un Shake Shack Burger porque en Nueva York me quedé con las ganas y de postre brownie en un garito del Soho. Volvemos a casa en bus, que le hemos cogido gusto.

Es martes, recogemos, check-out, nos despedimos en Paddington con toda la pena del mundo y me marcho a Reading. Me pierdo el Seminar de Paul sobre la evolución de inscriptional lettering a early printing y llego justo para la clase de Mosley sobre los primeros tipos de imprenta romanos. Por los pasillos me encuentro a Gerry que me apunta con un dedo acusador por haberme perdido el principio de la mañana. Pido perdón y le digo que no estaba planeado. Me mira en plan me la pela. Por la tarde tenemos sesión de feedback y le muestro lo que acabé el viernes. Parece que le gusta lo que ve y me hace correcciones interesantes. Me dice que no haga más letras. Voy muy por delante del horario previsto. Asienta lo que tienes, tú que puedes. Así que en casa trabajo un poquico más pero mato la noche viendo el episodio especial de Halloween de Scream.

El miércoles sigue la película de terror pues me levanto con Donald Trump como nuevo Presidente de Estados Unidos. Como el día no puede ir a peor, me voy al Studio. Hoy toca charla de un sociolingüista que se ha traído Gerry para que nuestra mente empiece a ver la tipografía desde diferentes puntos de vista. El señor en cuestión es Tony Capstick que nos cuenta su trabajo en torno a la escritura de los inmigrantes, entre otras cosas. La charla y el posterior debate es alucinante. Me voy al gimnaso y paso el resto de la tarde y de la noche currando con llamadas intermitentes de Cris para contarme su primer día de su segundo año como profesora de la Universidad de Zaragoza.

El jueves comienza el taller de tallado en piedra con Wayne Hart. Pasamos el día dándole que te pego. Es reconfortante trabajar con el cuerpo y sentirte humano. Me lo apunto como posible pasatiempos anti-estrés. Por la tarde terminamos exhaustos pero felices y nos vamos a la Senior Common Room a por una hamburguesa y una cerveza. Nota para mi dietista: cuando no indico lo que como es que tiro de opción vegetariana; que releyendo parece que me pego el día de hamburguesa en hamburguesa y tiro porque me toca.

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Tallando piedra. Enfrente: Natalia.

El viernes estamos todos en el Studio tallando piedra antes incluso de que llegue Wayne. Acabo mi obra magna a media tarde —aunque para obra magna lo de Yui y la perfección japonesa— y aprovecho para irme al gimnasio. Trabajo sólo hasta las once de la noche porque un dolor de cabeza agudo viene a visitarme. Me voy a dormir. Hoy podría haberme ido al cine con algunos de mis compañeros a ver Doctor Strange pero tengo miedo de no enterarme de la película si no viene con subtítulos. Me reservo la sorpresa para la semana que viene y las Fantastic Beasts.

El sábado toca trabajar. Y gimnasio.

Y el domingo copia y pega del sábado pero cambiando gimnasio por burritos.